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'Ladrillismo', el puente entre Japón y España (II)
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'Ladrillismo', el puente entre Japón y España (II)

Rubén J. Lapetra   28/07/2008 06:00h

La reciente visita a España del Príncipe Naruhito de Japón y, en concreto, a la región de Castilla La Mancha amenaza con desestabilizar el equilibrio turístico de la comunidad. Más de 400.000 japoneses visitaron nuestro país el pasado año y puede que muchos más -de un país de 120 millones de habitantes- se animen a venir tras el impacto mediático de su alteza real. Naruhito acaba de cumplir 30 años cuando su país se embarcó en una de la peores crisis económicas que han saltado a los libros de historia. Pertenece a una generación de jóvenes que ha vivido una época de carpe diem económico -el de los años 80 en Japón- para entrar después en otra de ajuste intenso de los excesos pasados, especialmente, en el terreno crediticio e inmobiliario.

¿Qué ocurrió en Japón? Seguro que les suena. Burbuja inmobiliaria, burbuja bursátil y orgía monetaria. El sector exportador ha sido desde los años 80 el motor de la economía nipona. Por entonces, tras el acuerdo de Louvre, las repetidas intervenciones en el mercado de divisas, acompañadas por unos tipos de interés bajos, dispararon los precios de varios activos y, entre ellos, los precios del suelo y de las acciones, que se elevaron en torno al 180% entre 1985 y 1989, según datos de Goldman Sachs. Para finales de 1991, los precios de la vivienda comenzaron a caer en la mayoría de ciudades del país. Y el efecto dominó no se hizo esperar por las prácticas empresariales que se realizaban entonces: las empresas tenían fácil acceso a la financiación e instauraron la singular costumbre de diversificar en el ladrillo el capital sobrante de sus inversiones atraídas por el olor a dinero fácil. Vamos, nada que no se haya hecho en España en el boom inmobiliario de 1998 y 2006.

La caída del valor de la propiedad atrapó, primero, a las gigantescas inmobiliarias del país, después a los bancos y en medio, la ciudadanía. ¿Consecuencias? De un periodo de expansión sin igual se pasó a otro de recesión con inflación y, años más tarde, a otro de recesión con deflación. Compañías y banca aprovecharon la coyuntura especulativa en torno al suelo y la bolsa para invertir grandes cantidades de capital que, posteriormente, se fue evaporando conforme la crisis se agravó. Según recoge Goldman Sachs en un estudio de 2004 dirigido por el jefe de renta variable de la firma Peter Oppenheimer, ese deterioro fue debido a la incapacidad gubernamental por actuar ante el problema, así como al inicio. “Una de las lecciones de la crisis japonesa es que la adopción de políticas monetarias restrictivas profundizaron la crisis en el tiempo”, explica.

“El incremento de los créditos bancarios a finales de los años 80 fue acompañado por un inusualmente bajo coste de capital y la incorporación de activos inmobiliarios en el capital de los bancos“, señala. Los préstamos suponían el 90% del PIB de Japón en 1991. En 2008, el volumen de crédito supone casi un 150% del PIB español. Según este estudio, el problema bancario empeoró por el rechazo de las autoridades a permitir que los bancos cayesen o suspendiesen, así como por el uso de colaterales como garantía de los créditos. Como ven, nada que no sepamos que esté sucediendo ahora. La vulnerabilidad del sistema bancario se presenta como la gran amenaza de esta crisis en curso. No se ha hecho nada al respecto. En España, el sistema está aparentemente sano por la restrictiva regulación que no ha permitido exponerse a los instrumentos financieros que han destrozado a los sofisticados bancos de inversión o a aquellos, que sin serlo, jugaron al mismo juego.

Pero hay otra variante de jugar con fuego y es lo que ha sucedido en España. La década de los años 00 marca el escenario de tipos de interés más bajos de la historia. El Mibor, el Euribor español que fue la referencia hasta la adopción del euro, jamás estuvo a los niveles actuales. España vuelve a jugar con tipos reales negativos (la inflación es superior al precio oficial del dinero) durante este verano. Un episodio que esta vez no servirá de estímulo a la inversión por el elevado daño que ha sufrido la economía española tras la fulminante destrucción de empleo que se ha producido desde que comenzó este nefasto 2008. Solbes avisa que la recuperación no llegará hasta el verano de 2009. Vienen 12 meses de contracción económica, recesión y, ¿luego?

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