UPyD, Rosa Díez, Alvaro Anchuelo, educación, economía
@S. McCoy - 08/02/2010
No soy sospechoso de simpatizar demasiado con Rosa Díez ni con el partido por ella fundado, UPyD. De hecho discrepo en algunos puntos esenciales de su ideario, como el que hace referencia a la preeminencia de la voluntad democrática, manifestado a través de iniciativas legislativas parlamentarias, frente al derecho natural, que es aquél que asegura la continuidad y armonía social (punto 55, página 23 de su ponencia política, cuyo enlace les adjunto). Sin embargo, como lo cortés no quita lo valiente, he de reconocer en ella dos grandes virtudes, una de las cuales me afecta personalmente. ¿Cuáles son?
En primer lugar, su oportunismo, en el sentido menos peyorativo del término. Igual que Esperanza Aguirre logró transformar su imagen de tonta de los Gobiernos de Aznar a Dama de Hierro de la política madrileña, Rosa ha conseguido ser alternativa a los dos grandes partidos pese a un pasado pleno de derrotas electorales. Y lo ha hecho adueñándose de aquellos conceptos que deberían ser columna vertebral de cualquier interesado en la unidad y el futuro de España. Además, me gusta en segundo término su renuncia a la endogamia que caracteriza a la gran mayoría de las formaciones nacionales, permitiendo incluso que un modesto servidor acuda, en su condición de observador independiente de la realidad, a algún acto de UPyD sin cortapisa alguna al discurso a realizar o la temática a tratar. Y les garantizo que no le regalé, ni mucho menos, los oídos con mi intervención.
Aprovechando su reciente visita a El Confidencial, que ha coincidido con unos datos de la encuesta de CIS realmente buenos para UPyD, me he parado a bucear en el programa económico de su equipo, recogido en la ponencia a la que antes he hecho referencia y que nace del Primer Congreso Nacional, celebrado en Madrid entre el 20 y el 22 de noviembre del año pasado. Un documento en el que busco respuesta a las siete grandes Reformas a las que hacía referencia en mi encuentro con los lectores del viernes -a saber: de la Administración Pública, del Mercado Interior, Laboral, Educativa, Tributaria, Financiera y de la Seguridad Social- con objeto de ver las propuestas que realiza. En un momento como el actual, cualquier tercera fuerza que quiera consolidarse en tal posición ha de abordar estas cuestiones con la suficiente solvencia y ausencia de demagogia.
Lo primero que se percibe, a primera vista, es una honda preocupación por la cuarta de ellas, la de la educación, que aparece de modo transversal a lo largo de sus 71 páginas y a la que dedica un apartado específico de sus conclusiones, el Título Tercero. Una sección que, más allá de la anécdota de la defensa de una educación de la ciudadanía “constitucional” o el rechazo a la presencia de signos religiosos en las aulas (punto 127, página 50), es un compendio tal de sentido común que debería ser puesto en el frontispicio de cualquier renovación del sistema, tanto escolar como universitario, que se quisiera abordar. Se nota dónde tiene sus caladeros de militancia. Auditorías de calidad internas y externas, aumento del nivel de exigencia, limitación de permanencia, autoridad del profesorado, modificación de los requisitos de acceso al mismo, lucha contra el acoso e integración frente a multiculturalidad, entre otros, en el colegio; Bolonia con condiciones, homologación académica, eliminación del exceso de capacidad, movilidad de alumnos y profesores, pruebas de acceso y separación de docencia e investigación, por poner sólo unos ejemplos, en la facultad. Les recomiendo encarecidamente la lectura de sus 11 páginas, de la 47 a la 57.
Algo más etéreo es el contenido del Título IV, que versa sobre el cambio de modelo económico. Menos concreción y una larga serie de lugares comunes en el trabajo coordinado por el colaborador quincenal de Cotizalia con su Hablando Claro, Alvaro Anchuelo. No es un reproche; es tal la profusión de temas y los matices asociados a los mismos que, probablemente, sea imposible un mayor grado de precisión en un papel de este tipo que no es, ni pretende ser, programa electoral. Aún así, sobre los principios de competencia, eficiencia, equidad (equiparación salarial entre sexos y fomento de las ayudas a la infancia) y sostenibilidad medioambiental “para transmitir un planeta habitable a las generaciones futuras”, UPyD realiza las siguientes propuestas, que recojo en sus titulares (el orden es el del documento). Con ellas, que quedan sometidas a su juicio certero, les dejo por hoy. Buena semana a todos.
Más en http://twitter.com/albertoartero y en la cuenta de Alberto Artero en Facebook.
Opiniones de los lectores (147)
147.
sunny08/02/2010, 22:57 h.
Este comentario ha sido eliminado por el moderador.
146.
jonhy08/02/2010, 22:55 h.
Del programa económico de UPyD saco dos conclusiones:
1. Es el único partido que ataca directamente al Estado de las autonomías, y eso podría generar grandes ahorros al estado español.
2. El resto son "brindis al sol" sin mucha consistencia.
Al menos hay un motivo serio para votar a esta formación política.
145.
jonhy08/02/2010, 22:49 h.
Del programa político de UPyD saco dos conclusiones:
144.
alberto9708/02/2010, 22:39 h.
Y ahora comparemos con las simplezas de la supuesta alternativa política al PSOE:
http://www.pp.es/nuestras-ideas/economia_51.html
http://www.pp.es/file_upload/ideas/pdf/20100118131346_528845332.pdfhttp://www.pp.es/nuestras-ideas/economia_51.html
143.
pero grullo08/02/2010, 21:46 h.
Rosa Diez es una hipócrita. Todavía me acuerdo de como se hacía la coleguilla en los mítines del PSOE para la UE, con el amigo ZP y toda ésta élite que maneja el poder.
Rosa Diez está aprovechando el nicho ecológico de los desencantados del bipartidismo tradicional, pero es más de lo mismo.
Solo votaré a un partido que exija unas cortes constituyentes que cambien el actual modelo de estado. Si no, voto en blanco.
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