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Un artículo especial, con una dedicatoria también especial
Valor Añadido, >

Un artículo especial, con una dedicatoria también especial

S. McCoy  12/02/2010

Permítanme que hoy me salga por la tangente. Voy a hablar de temas personales que tienen poco que ver con el contenido habitual de Valor Añadido. Enseguida les explico el por qué. Seguro que lo entienden. Eso sí, a partir de este punto quien continúe leyendo este post lo hace at its own risk. Ya está advertido. Para cruzar esta frontera hay que quitarse el gorro económico y renunciar expresamente al derecho al pataleo. Dicho esto, todo viene de un encuentro casual que viví el pasado 26 de noviembre. Acababa de dar una conferencia en Castellón y se me acercó una pareja de esas que ya ves de lejos que, si te cogen por banda y te descuidas, ya no te sueltan. Ella me saludó un tanto azorada y me espetó: “Señor Artero, no sabe el bien que nos ha hecho con sus artículos”. Marido sonriente, bien tieso a su lado. Sorpresa por mi parte. No sabía que causaran tan entusiasta repercusión anímica los ladrillos que diariamente vierto a la web, la verdad. 

Sigo. He de confesar que recibo con pudor los halagos y con humildad las críticas y ésta no fue una excepción. McCoy pasará y soy plenamente consciente de ello. Pies en el suelo y cabeza fría pues. Respuesta de idiota profesional, envuelta en ropajes de falsa modestia: “Pues cuanto me alegro. La verdad es que mi opinión sobre los mercados sólo es una más y tampoco…”. Me cortó en seco: “No es por eso”; y, a continuación añadió, “me estoy refiriendo al artículo que en su día escribiera sobre el matrimonio allá por el mes de marzo. Mire, para mi marido y para mí fue como una revelación, un salto cualitativo enorme. De hecho lo imprimimos y desde entonces lo tenemos encima de la mesita de noche para que nos recuerde a diario los elementos esenciales de toda relación”. Glups. Tierra trágame y no me escupas más. Sería imposible tratar de explicarles mi sensación en aquel momento. ¿Confusión, azoramiento, responsabilidad? Me quedé de piedra.

Fue cuando descubrí, en su dimensión más humana, la belleza del Cuarto Poder, entendido como la capacidad que tenemos los medios de hacer que las cosas cambien a mejor, un concepto en crisis sobre el que ya he escrito alguna vez en el pasado. Desde aquel día, y han pasado ya casi tres meses, no he dejado de darle vueltas a este tema. Por eso me prometí a mi mismo rescatar esta historia año tras año, como el Cuento de Navidad o mi pieza sobre la financiación de la Iglesia Católica. Pobre de aquél al que le importe el juicio de los hombres y no el de su conciencia atea o el de su Dios creyente. Apañado va. Y pensé que el mejor momento para hacerlo sería, como entonces, justo después de ese paréntesis anual de renovación y reflexión que son para mí y para mi mujer los ejercicios espirituales para matrimonios que da el padre Ferrán, legionario que demuestra que la obra divina está muy por encima de las miserias de algunos hombres.

¿Quién era ella? Aunque se muera de la vergüenza lo tengo que decir. Lo siento. No se imagina el sentido del que dotó, con un par de sus frases, gran parte de mi tarea diaria contenida en este blog. Mi agradecimiento más sincero a Charo Balaguer, profesora de finanzas especializada en temas de Responsabilidad Social Corporativa de la Universitat Jaume I de Castellón. No sé que ha sido de su vida desde entonces, ni si su admiración se ha tornado en frustración. Imagino que no dado el cariñoso mensaje que me mandó estas Navidades. Pero, en cualquier caso, le dedico especialmente este post, los Cinco Trucos para la Felicidad en el Matrimonio, con todo el afecto del que soy capaz. Bueno, a ella y a mi mujer, Sonia, que lo es todo para mí: la dueña de mis secretos, el sueño de mi descanso, el oasis en mi desierto, madre de mis cinco hijos. Vivimos siempre juntos y moriremos juntos y allá donde vayamos seguirán nuestros asuntos, ¿verdad peque? Si con la pieza de hoy puedo ayudar a a que la vida en pareja de alguien sea mejor, bienvenido sea el oprobio, el rechazo o la crítica de los de siempre.

No me enrollo más. Con las cinco ideas fuerza de hace un año, adornadas por la letra de la canción de Nacho Cano Vivimos siempre juntos que para nosotros es más que simple música y texto, les dejo. Buen fin de semana a todos.

  1. Mi mujer sigue siendo mi mejor amiga; lo era antes de casarme con ella y lo sigue siendo una década después. Es un sentimiento recíproco. Nunca he tenido la necesidad de contarle algo a otra persona antes que a ella. Es verdad que el amor conyugal va más allá de la mera amistad pero gran parte de los matrimonios se hunden por la falta de comunicación, incluido el aspecto sexual. No hay que olvidar que la confesión, hablar, es previa a la comunión, actuar. Es el primer test que hay que realizar. Las cosas se complican si el afecto se limita a los momentos de pasión.
  2. Siempre hemos pensado que el secreto del amor perdurable radica en ensalzar lo bueno de la pareja y aceptar lo malo. Exactamente lo contrario a lo que ocurre en muchos matrimonios, especialmente conforme va pasando el tiempo. No está mal pararse a reflexionar sobre las virtudes y defectos del cónyuge, una vez transcurrido el periodo de EMT, enajenación mental transitoria. Sabiendo el terreno que se pisa, es más difícil caer en una zanja. Y, de partida, el hombre y la mujer, caso que nos ocupa, son esencialmente distintos en sus motivaciones, afectivas unas y racionales otros, y en las formas en las que se manifiestan. Cosas de la naturaleza. Llenamos el caldero de risas y salero, con trajes de caricias rellenamos el ropero.
  3. Una de las máximas que nos impusimos desde prácticamente el inicio de la relación es no irnos a la cama disgustados el uno con el otro. Se trata de un campo de batalla demasiado pequeño como para salir bien parado: la victoria es ínfima y, sin embargo, la derrota demasiado dolorosa. Saber pedir perdón con independencia de que la razón esté o no de tu parte es clave. El amor se sublima en la donación pero se alimenta con la renuncia. Y el perdón es una puerta de entrada inmensa a la reconciliación. Lo contrario termina conduciendo a la falta de respeto, algo que hay que cortar de raíz ya que sólo va a más y nunca a menos, resultado muchas veces de una frustración no comentada a tiempo. Subimos la montaña de riñas y batallas, vencimos al orgullo sopesando las palabras. Pasamos por los puentes de celos y de historias, prohibimos a la mente confundirse con memorias.
  4. Las grandes cimas se conquistan paso a paso. Lo mismo ocurre con el amor matrimonial. Es un jardín que hay que regar todos los días. Los atracones son pan para hoy y hambre para mañana. Se trata de cuidar los pequeños detalles que no han de derivar en mercantilizar la relación. Cuidado con esto. No son muchas veces cosas las que hacen falta sino gestos, caricias, abrazos, compañía; sensación de sentirse querido, de ser la prioridad. Que en el trade off familia-trabajo la primera tenga la sensación de que vence, aunque sea por la mínima, por poner un ejemplo de aplicación colectiva que servidor también ha de poner en práctica más a menudo, abducido, como está, por esta columna diaria. Nadamos por las olas de la inercia y la rutina con ayuda del amor. 
  5. Por encima del afecto a nuestros hijos (hicimos el aliño de sueños y de niños, pintamos en el cielo la bandera del cariño), en nuestro matrimonio prima el amor que sentimos recíprocamente como pareja. Al final los hijos han llegado para irse de nuestro lado, antes o después. Es ley de vida. Les dedicamos nuestros mejores años para que ellos a su vez, llegado el momento, dediquen lo mejor de su vida a sus propios chicos. Nuestros cinco vástagos -Nacho 8, Javier 7, Borja 5, María 2 y Pablo 9 meses- son siempre lo segundo en nuestro árbol de decisión, a mucha distancia de lo que conviene a la estabilidad de nuestra unión. Esa vorágine en la que ha entrado el mundo moderno en el que no hay espacio para los cónyuges por la plétora de actividades de la progenie es absurda. Hay que tener presente que todo lo que no se cuida, se pierde, salvo los propios hijos que, aun llenos de atenciones, terminarán por partir en busca de su propio destino. Nos hemos casado con nuestro marido/mujer, no con los frutos de ese matrimonio que no pueden convertirse en refugio de la propia infelicidad. No te sueltes la mano, que el viaje es infinito y yo cuido que el viento no despeine tu flequillo. Y llegará el momento en que las almas se confundan en un mismo corazón. Ojalá...

Más en http://twitter.com/albertoartero y en la cuenta de Alberto Artero en Facebook.

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 109 Comentarios

109 .- El SR.McCoy pasarà pero el Sr.Alberto Artero permanecerà como permanece quien no como profesor sino como maestro me dijo un dia de sol esplendido que la vida era sufrimiento y que tenia que elejir entre dos caminos uno era el del absurdo, un camino que no tiene ningun final concreto y en el que hay que evitar el sufrimiento porque no tiene ningun sentido y lo bueno puede ser malo y lo malo bueno.Todo esto frente al otro camino, el del misterio con una meta clara y meridiana, camino dificil con lo Trancendente como una luz constante en la vida.
Es lo Transcendente, lo que nos sobrepasa lo que le ha echo escribir este articulo , Sr. Artero.
Nada mas hay que ver los comentarios abajo espuestos para ver en que camino estan y a que altura de ellos.
Muchisimas gracias desde lo mas profundo de mi alma.

roesco

13/02/2010, 19:12 h.

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108 .- Muchas gracias Sr. McCoy

roesco

13/02/2010, 18:47 h.

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107 .- Sr. Mc.Coy, no sé escribir como Ud, pero es lo que pienso de mi matrimonio y el próximo mes haremos 34 años de casados.Mi marido es mi mejor amigo y sus otros puntos los he tenido de cabecera desde el principio de mi matrimonio.Y a la mitad del mismo añadí este:¿porqué te molesta ahora lo que te enamoró de él?Si te enamoró entonces ahora también.Y así estamos felices, muy justitos pues nuestras jubilaciones son de autónomos, pero felices.Los hijos, que nos han salido estupendos, fuera trabajando y viviendo sus vidas y viniendo a casa con sus parejas cada mes o mes y medio haciéndoles las comidas que les gustaban y viendo como se van con un regusto de tristeza y de alegría,juntos, por verles encaminados en la vida.Doy infinitas gracias a Dios por ello, que nos ayudó siempre, aunque haya habido momentos difíciles.

maitica

13/02/2010, 18:30 h.

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106 .- Me parece un post muy bonito. Así de sencillo lo digo. La dimensión humana de las personas, con independencia de sus creencias religiosas u orígenes, son lo más importante.
Gracias.

lluvihe

13/02/2010, 13:54 h.

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105 .- Mc. Coy, qué alegría ver que hay personajes públicos inteligentes como Ud. que se preocupan de dar su pequeño testimonio. Todo el día oyendo hablar de las barbaridades personales de los que nos rodean, hace mucho bien escuchar a alguien con ilusiones e inquietudes similares a las mías. Yo pequeño empresario [15 empleados], 33 años, cuatro hijos de 7, 5, 4 y 2.
Gracias

davidcoruna

13/02/2010, 12:38 h.

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