iCotizados |
RSS | Hemeroteca | Archivo | Agenda Económica | Mapa Macro | Resultados Empresariales | Inmo 50

Acerca de ...
@S. McCoy .-Experto financiero que escribe Valor Añadido. Es un incisivo analista que despertó el interés de nuestros lectores con sus brillantes y didácticos artículos sobre empresas, sectores y tendencias del mercado.
Post Anteriores
Así actuará en España el BCE: ahogo primero, auxilio después
Festival de ‘calvos’: los que quedan con el culo al aire
Muerto y ¿enterrado?: el reputado VaR pasa a mejor vida
Así se ocultó el déficit de 2011, ahora en el 8,9%
Siete días críticos: ¡salvad al soldado España!
Tres muertos: semana trágica en las finanzas más salvajes
“Si los ataques del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas pretendían causar un daño a los Estados Unidos, sin duda alguna lo consiguieron. Pero por motivos que al líder de Al Qaeda, Osama bin Laden, ni siquiera se le habían pasado por la cabeza. No fue él sino la desmesurada respuesta de George W. Bush la que comprometió los principios básicos de nuestro país, lapidó su economía y debilitó su seguridad”. Así arranca el Nobel de Economía Joseph Stiglitz su última columna en Project Syndicate en la que insiste en la tesis por él defendida ardorosamente a lo largo de los tres últimos años: sin el alarde bélico del republicano, otro gallo cantaría en el corral de la primera potencia del planeta (Project Syndicate, The Price of 9/11, 01/09/2011). O no, como veremos al final de este post. El análisis, que haría brotar lágrimas en los ojos del pacifismo más recalcitrante, es aventurado conceptualmente por reduccionista y peca de imprecisión cuantitativa. Mi recomendación: quédense con el fondo y no con su discutible forma.
El artículo es, en cualquier caso, sugerente e invita a la reflexión. No solo por la pluma de quien lo escribe -que en tiempos del McCarthysmo hubiera estado bajo sospecha por insinuaciones mucho menores a las que hace en la pieza, basta con ver los comentarios de sus lectores-, sino también por el impresionable –que no impresionante- análisis numérico con el que el autor pretende refrendar su posición. En esencia, afirma, mientras que el “desembarco” en Afganistán podía estar justificado, la entrada en Iraq respondió a unos intereses no suficientemente explicados que han elevado el coste para las arcas estadounidenses de los conflictos bélicos en los que USA está presente hasta una horquilla situada entre los 3 y 5 billones, millones de millones, de dólares, ¡viva la precisión! A ello hay que añadir otros 600.000 a 900.000 millones, ¡viva!, suma del gasto sanitario por secuelas físicas y/o síquicas, de las pensiones de los ex combatientes y del daño social no mesurable de la elevada ratio de suicidios y rupturas matrimoniales, la parte más sentimental del documento. ¿Dónde quedan los 60.000 millones de los que Bush habló en un principio?, se pregunta.
Supongamos que estuviera justificada la intervención, sigue. OK. El problema es que América -parte por el todo que encanta a los estadounidenses para autodefinirse- simplemente no se lo podía permitir y recurrió a la palabra maldita desde el estallido de la crisis en el verano de 2007: crédito para inversiones en “defensa” en un momento de caída de los ingresos fiscales por las exenciones a los más acaudalados. Receta para el caos. ¿Resultado?, continúa. Salto desde un superávit presupuestario del 2% a la delicada situación de déficit y desempleo existente en la actualidad, cuya responsabilidad es directamente imputable a lo que Stiglitz implícitamente considera como “veleidades”. Directas por el desembolso acometido (aún hoy el presupuesto para esta materia de Estados Unidos equivale al del resto del mundo agregado, afirma; ¿China incluida? Ummm), como indirectas, caso del aumento del precio del crudo derivado de la acción en Oriente Medio o de las burbujas que surgieron al calor de la expansión monetaria pública y, por ende, privada.
Concluye: “Al Qaeda no ha sido vencida pero ya no supone una amenaza en los términos que se pudieron colegir de los atentados del 11 de septiembre. No obstante el precio pagado para llegar a este punto, en Estados Unidos y fuera de él, ha sido enorme y en su gran mayoría… evitable. Su legado permanecerá con nosotros demasiado tiempo. Pensar antes de actuar suele dar mejores frutos”. No es el único en esta corriente de pensamiento. De modo similar Greg Jaffe en el Washington Post afirma sobre la belicosidad norteamericana que “desde esa fecha, la guerra ha dejado de ser una aberración y la paz la norma en USA” (Washington Post, A decade after the 9/11 attacks, America lives in an era of endless war, 04/09/2011). O Rick Newman en U.S. News cuando subraya “hemos gastado una década viviendo de prestado solo para mantener nuestra ilusión de hegemonía” (US News, How America has underperformed since 9/11, 07/09/2011).
Sin embargo, siendo una apuesta sobre seguro para cautivar a su particular club de fans se trata de una visión excesivamente reduccionista, ajena por completo a las dinámicas que han cambiado el mundo en esta última década, léase la aparición de China como fábrica de Occidente, con el consiguiente impacto sobre la economía real estadounidense que se pone de manifiesto de manera especialmente virulenta con el estallido de la crisis (su peso en el PIB mundial se reduce del 23% al 19% en la década), o, en el ámbito estrictamente financiero, las lagunas de supervisión y regulación que condujeron al colapso a algunas de las entidades señeras del país y a su posterior rescate. Interesantes en el campo discrepante las reflexiones sobre la exclusiva culpabilidad de las políticas monetarias y de tipo de cambio adoptadas tras los atentados defendidas por Jeremy Warner en el Telegraph (The Telegraph, 9/11: How Bin Laden caused our banking meltdown and financial crisis, 08/09/2011).
Having said that, es imposible negarle la mayor. La ambición es dosis moderadas es positiva ya que estimula la voluntad y orienta la libertad. Pero consumida en exceso, provoca situaciones como las descritas por Stiglitz. El sueño imperialista se ha quedado en el imperio de los sueños. De las pesadillas, más bien. El despertar de Estados Unidos será sudoroso. No se imaginan hasta qué extremo.
Buen fin de semana a todos.
49 .- -
¡Caña al impertinente e incómodo Stiglitz, que vá por libre!
-
48 .- Cuando cualquier iluminado asciende al Poder, lo menos malo sería que no haga nada.
Ya se llame Bush [mal copión de Bush senior, sobre todo por la falta de asesoramiento de doña Bárbara Bush] se llame Zapatero, tanto da. Pertenecen a ese extraño y especial club de los capaces con hundir el país que dirigen, casi sin proponérselo. Sus mentiras, señuelos, sus visiones dejan a cualquier país destrozado.
47 .- Los Imperios se han perdido casi siempre por dos clases de guerras, las preventivas, y las defensivas, Roma que empezó a ser un Imperio después de la segunda guerra púnica, se engrandeció tanto, que por temor a sus vecinos siempre estaba en sus conflictos fronterizos, a final por herencia y por no poder abacar todo el Imperio tuvo que seccionarse en dos. España por conservar con lo heredado por Carlos I, estuvo guerreando para sostener el imperio con sus vecinos, cerca de 200 años, al final ambos imperios agotados fisica y economicamente se fueron al traste. USa, en un principio utilizó las guerras, defensivas, depués en los ultimos tiempos desde la Guerra de Corea, pasando por la de Vietnan, y las guerras contra el terrorismo islamico, le estan pasando como a los dos imperios antes citados, acabará moralmente y economicamente yendose al garate. Y no entro en la justeza o no de las guerras.
46 .- No puedo entender la frecuencia con la que a partir de un artículo sobre Roma -es un decir- los foreros acaban hablando de Cartago; y alguno hasta de Mesopotamia. ¡Muy bueno lo de la influencia de los del 15M!. Los psiquiatras deben estar hasta los topes de trabajo. ¡Ah!, y basta ya de hablar de cifras de trillones de dólares sin que nadie los haya contado ni tenga la menor idea de la cifra.
45 .- #44 Eso és. Usted lo ha expliacdo mucho mejor. En algún momento tendrán que ponerse a hablar, dice el sentido común, ¿no?.
José M. de la Viña
APUNTES DE ENERCONOMÍA