Emprendedores, crisis sistémica
@Marc Vidal - 18/11/2009 06:00h
Siguen publicándose enredos y fábulas sobre el estado económico de medio planeta. Ayer le tocó a Japón. La economía japonesa ya salió de la recesión en el segundo trimestre de este año tras cinco trimestres en negativo. Lo encadena con un tercer trimestre en el que creció un 1,2%, cinco décimas de punto más de lo que habían “previsto” los analistas y los operadores financieros. Hasta aquí nada nuevo, simplemente la incorporación de otro país al mensaje oficial de mejora global. Pero cuesta creer que, con un consumo privado, eje cuántico del modelo japonés y una caída del gasto público ahogado por el déficit generado con tanto paquete de estímulo, la economía nipona no vuelva a caer en recesión durante 2010.
Vivimos en una especie de tránsito lisérgico, un chute contable que basa sus resultados en la inyección indigesta de dinero inexistente. Pero el bajón llegará. Por ejemplo, el desempleo japonés sigue aumentando de un modo inédito en aquel país mientras encajan una deflación profunda que alcanza niveles olímpicos. Los precios están cayendo un 2,6% interanual, algo que no sucedía desde 1950 y que muestra muy claramente que esa economía sigue en franca adaptación. Por eso deducimos que tanta mejora no puede ser real. Para Alicias ya teníamos la del país de las maravillas.
Lo de Japón sirve como modelo, pero el problema es global. Seguimos a la espera de una gran reforma del sistema financiero mundial. Si no se articulan los mecanismos adecuados se corre el riesgo cada vez mayor de un ajuste dramático. La mayoría de países occidentales se vieron obligados a utilizar todos los mecanismos presupuestarios este último año ante el peligro que suponía la parada técnica de la economía y la quiebra sistémica de muchos de ellos, pero es difícil saber si tanto estímulo al final lo que ha podido provocar es otra burbuja de repercusiones imprevistas.
Es muy probable que los gobiernos sigan inventando planes nuevos cuyo objetivo sea transmitir confianza en el consumo y en el crédito. Siempre será más fácil y menos traumático para esos estadistas de segunda que dirigen el mundo, no tomar decisiones complejas y apostar por dinámicas de estímulo económico que simulen buenas tasas estadísticas. Los titulares mantendrán esa realidad inducida mientras el ciudadano seguirá perdiendo su propio terreno. Ninguno de esos estímulos económicos llegará al sector empresarial privado. No lo hizo antes y no lo hará ahora. Todo ese crecimiento que se evidencia en las grandes cifras no llega a las capas productivas.
La clase media sigue cediendo terreno a su propia libertad a cambio de que otros aporten la solución, contraprestación de que los responsables de este desaguisado nos digan ahora como nos van a sacar del atolladero. Somos la clase media menguante y lo somos en gran medida porque nos da la gana. Es posible que no nos demos cuenta de que los primeros responsables de mucho de los males que vivimos somos nosotros mismos. La velocidad y la fortaleza con la que salgamos de ese tránsito complejo y difícil dependerá en gran medida de la voluntad y la libertad que tenga la gente para afrontar este reto.
Veamos lo que pasa en nuestro país como ejemplo extremo. Aquí rondamos los cinco millones de demandantes de empleo, 1,2 millones de familias sin ningún miembro trabajando, medio millón de trabajadores entre el ERE y la pared, un millón de jóvenes que se la trae al pairo trabajar, estudiar o pasear y un millón de personas mayores de 50 años en paro y que, con toda seguridad, ya jamás encontrarán trabajo. A cambio, los sindicatos anuncian movilizaciones de cine mudo y el gobierno confiesa que prepara más “paquetes de estímulo”. Esa es la trampa. La mayoría de la gente continúa esperando que el Estado los identifique como ciudadanos débiles, les reduzca su criterio individual, les conceda una plaza en la incubadora social, les muestre las ayudas posibles, les concede soporte y les recorta libertades. Al depender de más ayudas, el ciudadano cada vez tiene menos opciones de autogestión.
Tanta ayuda no puede ser buena, tanto estímulo, ya sea en Japón, EEUU, España o Sri Lanka no aportan los condicionantes necesarios para que de todo este lodazal salga algo positivo. La clase media sigue reduciendo su peso. El estado providencia y el político mecánico han convertido a la sociedad, en términos generales, en un grupo homogéneo que vive a la expectativa, esperando que alguien les solucione “todos” sus problemas. Mal asunto porque detrás de esa tela se esconde algo peor. Un buen número de instituciones financieras, empresas y Estados son cadáveres con buena cara, un rostro maquillado a base de liquidez inyectada sin límite. El peso de todo eso caerá sobre los mismos de siempre sino hacemos nada.
Existe una esperanza. Un nuevo tejido de emprendedores vinculados a la nueva economía que es capaz de funcionar sin elementos nacionalizados, que no precisa de subvenciones o ayudas que coarten, que se adapta a las situaciones difíciles y que apuesta por la gestión imaginativa. Esa nueva raza de los expulsados del sistema que prefiere pasarlas crudas en su propio proyecto que humillados en el de otro.
De esta crisis de sistema saldrán cosas buenas. Tarde o temprano la clase política purgará sus pecados, es cuestión de tiempo, la clase financiera va a ver como se le estrecha el pasillo, la aristocracia sindical quedará en evidencia, las patronales demostrarán su inmovilismo y, por fin, una nueva clase emprendedora y capaz se pondrá a apostar por si misma, básicamente porque no tendrá otro remedio. Esperemos que las trabas y los obstáculos de las clases dominantes no sean demasiado robustas. Es normal que a los que controlan les molesten esas hectáreas de libertad que pueden conquistar los emprendedores. Les preocupa ese territorio imperfecto e irregular que supone la economía digital en red. De esta crisis, tras la quema, aparecerán cosas buenas. Así lo deseo.
Opiniones de los lectores (25)
25.
jibaro20/11/2009, 20:31 h.
#20 - De acuerdo contigo Luigi... esto se va al carajo. Lo siento de verdad por mis hijos y nietos, pues las pasarán canutas. El momento es crucial, es un cambio de paradigma, de época, de todo. Una de las cosas que más temo, es que este sistema llamado capitalista, apele a la destrucción en masa, tal como ha hecho en anteriores ocasiones cuando se ha visto en la encrucijada, para así tratar de salvar el pellejo reconstruyendo un mundo para que dure unos años y luego volver a lo mismo. No se si peco de pesimista, pero la verdad lo que captan mis sentidos en todos los ordenes no me motiva hacia el optimismo. Un saludo.
24.
talleyrand20/11/2009, 18:32 h.
Efectivamente, sin una nueva clase emprendedora y con imaginacion, no saldremos de esta. El problema es si la hay y donde. En España no se ven. Ya perdimos el XIX, parte del XX y el XXI no pinta muy bién. Ya saben, si hacer pisitos y atraer a multinacionales + sol y playa es el modelo vayámonos olvidando de la salida. No green shots ni leches.
Tenemos un crisis de superproducción realmente aunque hayamos comprado los productos con dinero que no existía [crédito bancario]. Se trata de generar nuevas necesidades de consumo y nuevas actividades de empleo.
Me imagino que algo así a menor escala ya ha sucedido otras veces, por desarrollo tecnológico o por derribo de fronteras. Ahora es global y la salida también.
Tengo colegas por media Europa que me dicen que las cosas no van nada boyantes. Sólo que allí no construian 800.000 viviendas y dejaban entrar 1 millon de inmigrantes anuales. Y claro eso se nota.
23.
andreug20/11/2009, 17:56 h.
Lo que viene no es una espiral deflacionista sino, como decía Warren Buffet, una vorágine inflacionista.
Igual que en un tsunami las aguas del mar primero se retiran de la costa antes de que llegue la gran ola, creo que ahora estamos viendo una deflación porque la gente tiene miedo a gastar y los bancos dedican todo el dinero a tapar agujeros. Pero cuando todo el dinero nuevo que se está creando llegue a la economía... llegará esa gran ola inflacionista.
22.
kutusov20/11/2009, 16:59 h.
Como ya he manifestado varias veces, yo no me meto en otro negocio ni borracho mientras no cambien docenas de temas fundamentales para hacerlos. Ejemplos. Que la justicia castigue al que no paga, bajada de impuestos, imposible contratar a alguien sin que se convierta en tu garrapata particular, precios de los locales y naves absurdos, sindicatos que joden al empresario, ayuntamientos rapaces, etc, etc...
Yo ya lo he hecho, perdí mucha pasta y no volveré a hacerlo hasta que todo esto cambie, es decir, nunca.
http://menudoscabrones.blogspot.com
21.
roro3320/11/2009, 16:19 h.
Bastaría con que emprender no estuviese penalizado fiscalmente... ya habríamos avanzado mucho!
Los parásitos inproductivos [políticos, funcionarios, etc...] deberían dejar de chupar porque muerto el huésped, muere el parásito.
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