iCotizados |
RSS | Hemeroteca | Archivo | Agenda Económica | Mapa Macro | Resultados Empresariales | Inmo 50

Acerca de ...
@Sonia Franco .-Es periodista y aspirante a novelista. Ha trabajado en prensa económica (Expansión, El Economista, Forbes) y ha sido corresponsal en Nueva York antes de recalar en la comunicación corporativa. Viaja siempre que puede, lee todo lo que cae en sus manos en cuatro idiomas y escribe porque no podría no hacerlo. En este blog, pretende compartir con usted su particular forma de ver el mundo en general y la vida empresarial en particular. Sonia es directora de Comunicación de la Asociación Empresarial Eólica.
Post Anteriores
Historias de la crisis o cómo se defienden Atenas y Nueva York
Todos quieren trabajar en Google ¿O no?
España S.A. y ese necesario cambio de cultura
Entre la falta de liderazgo y los líderes que enamoran
Retratos del Rey, ingeniería financiera y la teoría de las ventanas rotas
Ahora sé lo que piensan Pedro J. y Hugo Chávez
¿A quién echarle la culpa de la baja productividad de los españoles?
Sonia Franco 29/10/2010 06:00h
“Sonia, tú que pareces estar muy bien relacionada, a ver si me promocionas a consejero delegado de alguna empresa importante. Después de llevar 14 años en multinacionales, me he dado cuenta de que hay mucho directivo mediocre. Antes idealizaba esos puestos y me decía: "Qué listo habrá que ser para llegar". Ahora me digo: "Cómo se puede ser tan inútil en ese puestazo. Yo a este tío (mi jefe de turno) le doy mil vueltas". Pero la realidad es que él está arriba cobrando el doble o el triple que yo”.
Este mail me lo mandó Gaby, un amable lector, hace unas semanas. Y lo rescaté hace unos días tras ojear un estudio titulado La alta dirección a examen: el 38% han sido suspendidos por sus equipos.
Os cuento. El estudio, de la consultora Otto Walter, se basa en 11.847 respuestas anónimas de casi 600 mandos y profesionales de toda España que juzgan a la alta dirección de sus empresas. El informe refleja que el 51% de los encuestados piensa que la alta dirección de sus compañías “parecía que lo hacía bien” en tiempos de bonanza económica, “pero en el momento actual están decepcionando”. También destaca la falta de visión estratégica (según un 41% de los encuestados), la incoherencia de las decisiones (46%), la falta de decisión y atrevimiento (78%), la poca cercanía de la alta dirección a la base (49%) y la deficiente calidad de dirección de los equipos (51%), entre otras cosas. Uf.
No me cabe duda de que por ahí suelto hay mucho gestor mediocre que, a su vez, se rodea de mediocres que no le hagan sombra que, a su vez, impiden destacar a los mejores de sus equipos. El resultado es que muchas organizaciones se van vaciando de talento, porque las personas que de verdad valen acaban marchándose asfixiadas de tanta mediocridad. Triste, ¿no?
Sin embargo hoy, en vez de hacer sangre, me apetece romper una lanza por nuestra clase empresarial. Cierto es que en plena crisis han salido a la luz errores de bulto y que hay empresas que se van a quedar en el camino, aquí y en Pernambuco. Pero en España también tenemos empresas grandes y saneadas, que lucen bien en el escenario mundial y que hacen bastante más por sacarnos de esta recesión que la clase política.
El estudio de Otto Walter refleja una costumbre muy española (¿o quizá debería decir muy humana?): la de criticar al jefe. Y la alta dirección está en una posición perfecta para ello (como dice un amigo mío, va en el sueldo): toma decisiones a la velocidad de la luz y asume riesgos a la que la mayor parte de los mortales no nos enfrentamos jamás.
Lo más fácil del mundo es acusar a alguien de no tener visión a largo plazo o valentía para tomar decisiones tomando un café con los compañeros y esperando la siguiente orden. Y es perfectamente lícito. Todos lo hacemos. Pero lo que no hacemos siempre es ponernos en su lugar o pensar en lo difícil que es su posición (que también va en el sueldo, claro).
Así que mi pregunta para el amable lector del principio (al que agradezco mucho su e-mail, como a todos los que me proponéis temas) es: ¿Por qué estás tan seguro de que tu jefe es un mediocre? ¿Cómo harías tú las cosas en su lugar? ¿Tienes la respuesta o, simplemente, estás ejerciendo el sano derecho de todo empleado a criticar al jefe?
Ya lo siento, querido Gaby, pero no estoy “tan bien relacionada” como para buscarte un puesto de consejero delegado. Así que he indagado sobre tu inquietud en la web, lo que me ha llevado a answers.com. Y esto es lo que recomiendan los internautas –algunos en broma, otros más en serio- para los que quieren llegar a CEOs:
- “Es simple: lanza tu propia compañía y hazte CEO. O vete a la Universidad y conviértete en un hombre de negocios: llegarás a CEO”.
- “Pisa los callos de otros y autopromociónate. No pienses en los sentimientos de los demás y racionaliza que son débiles”.
- “Para que te contraten como CEO, necesitarás una experiencia de al menos 15 años en la gestión de personas y un MBA”.
No creo que me encuentre nunca en la posición de elegir a un consejero delegado. Pero tengo claro que le exigiría tres requisitos muy básicos: la capacidad de pensar, la capacidad de actuar y la capacidad de conseguir que otros actúen.
Aunque, a la luz de los resultados de la encuesta de Otto Walter, quizá habría que añadir algo más: la habilidad de convencer a la plantilla de que las cosas se están haciendo bien. Si tantos empleados dentro de las empresas cuestionan a la alta dirección, ¿quién necesita enemigos?
5 .- Esto es como todo en la vida. Hay jefes excelentes, regulares y malos, igual que hay subordinados con idénticas virtudes. En mi etapa de asalariado tuve la suerte de tener jefes muy preparados que conocían a fondo el negocio que tenían que gestionar y siempre estaban dispuestos a escuchar nuevas aportaciones. Yo les hice ganar mucho más dinero de lo que ellos esperaban de mi y siempre fui recompensado por ello. Nunca tuve un problema con ninguno de mis superiores, nos entendíamos perfectamente. Bien es cierto que cuando trabajas en una empresa, la que sea, hay que saber muy bien donde te metes, saber lo que esperan de ti y trabajar duro para conseguir los objetivos y si además otorgas un plus, no te preocupes que de allí no te saca nadie a no ser que ocurra un desastre inesperado.
4 .- Patsky, a lo que me refiero con el vaciado de talento es que a menudo a las personas que piensan de manera distinta, que son las que pueden promover la innovación de las empresas, no se las permnite destacar. Y tienen dos opciones: apagarse, como dices tú, o marcharse, con lo que se pierden activos importantes. No crees?
Bertie, me has dado una idea para otro post con tu tipología de jefes. ¡A ver qué me sale!
Mil gracias a todos por vuestros comentarios,
Sonia
3 .- Yo he tenido jefes buenos, y jefes malos. Un breve resumen de las características de cada uno, a mi modo de ver:
El bueno: Conoce el negocio. Tiene buena formación técnica [y a menudo, humanística]. Tiene tacto en sus relaciones humanas, y sabe valorar las situaciones. Llamémoslo intuición. Es honesto: no lo dice todo, pero tampoco deja que sus empleados se engañen.
El malo: No tiene ni idea [o muy general] de la actividad de la empresa; le da igual una tecnológica que una fábrica de chorizos. Habrá hecho un máster, pero parece que toma las decisiones con una ouija. Muy amigo de los sofismos y los libritos para ejecutivos del tipo '7 hábitos de la gente efectiva' etc. Especialista en operaciones de imagen y en 'vender aire'.
2 .- En España necesitamos reciclar tambien a la dirección empresarial, en muchos casos éstos lo que más valoran es que estés calentando la silla, que seas el último en marcharte, tu tiempo presencial, cuando en otros paises europeos el que se queda después de las 5 es que no sabe organizarse.
Se imponen criterios por el artículo 33, existe burocracia interdepartamental, amigismos .. les falta formación para organizar los departamentos, sacar la máxima rentabilidad de la plantilla sin necesidad de extenuar, son incapaces de motivar, no saben comunicar y al final se entra en un circulo vicioso.
Y no digamos la falta de empatía que tienen a la hora de flexibilizar la jornada laboral para conciliar la vida familiar, la frase es "son lentejas".Grandes comunicadores.
Yo apoyo y admiro a los emprendedores, a los empresarios que lo arriesgan todo más que por una empresa por un proyecto pero cuando este se consolida se pierde la esencia, los mandos se vuelven vanidosos, ambiciosos aunque si solo fuera eso...no saben implicar al trabajador, no saben transmitir que todos desde la señora de la limpieza hasta el consejero delegado es parte de un engranaje sin el cual la empresa no funciona.
1 .- Me hace gracia eso de la fuga de talentos. ¿Fuga... a dónde? Si el 70% los jefes son malos, la probabilidad de salir de la sartén para caer en las brasas es muy alta. Además, no hay tanta demanda de Google o Apple [esta última con un jefe brillante, pero negrero].
Yo creo que los periodistas aplican frases y criterios americanos a realidades diferentes. En España el talento no se fuga, se apaga.
Yosi Truzman
FACTOR TRUZMAN