La primera vez que conocí a un empleado de Google fue hace poco menos de un año, cuando la compañía me invitó a desayunar en sus oficinas de Torre Picasso como potencial cliente. Nos recibieron cuatro empleados jóvenes, políglotas, de diferentes nacionalidades y de trayectorias de lo más variopintas. Lo que todos tenían en común es que estaban encantados de trabajar para Google.
—Imagínate—, me contó uno de ellos. —En las oficinas de Dublín hay una nevera llena de cerveza. Está cerrada toda la semana, pero el viernes después de comer le quitan el candado y tenemos barra libre. Nadie quiere irse a casa.
Hace unas semanas, estuve en la conferencia de una directiva de Google en Madrid. Desde el minuto uno, nos dejó claro que consideraba un privilegio trabajar para la compañía. Alabó su transparencia y su manera de pensar a lo grande. El espacio que deja a los empleados para reinventarse a sí mismos e innovar. La convicción de que la misión de la empresa es que haya información y contenidos en Internet accesibles para todos.
—Google no sólo trabaja en productos que dan dinero, sino en productos que le cambian la vida al usuario, afirmó.
Vaya. Escuchando a unos y a otros dan ganas de salir corriendo hacia Torre Picasso, Dublín o Silicon Valley y pedirle trabajo a quién sea menester. Y por ese motivo, año tras año Google está en los primeros puestos de los rankings de las mejores empresas en las que trabajar. ¿Quién no querría que le contratase una compañía que en su web promete que entre tus futuros compañeros de trabajo encontrarás desde neurocirujanos a luchadores con cocodrilos, que ofrece masajes en horario de trabajo y el almuerzo gratis?
Su carta de presentación incluye frases tan sugerentes como “Google no es una compañía convencional y no tiene intención de serlo”. “En Google, sabemos que todos los empleados tienen algo importante que decir”. “Los Googlers triunfan en pequeños y enfocados grupos y en ambientes de elevada energía, creen en la capacidad de la tecnología para cambiar el mundo, y sienten pasión tanto por sus vidas como por su trabajo”.
Guau. ¿Cómo no van a llegarles millones de currículums al día? Pero en Google no les queda más remedio que ser selectivos. “Buscamos tecnólogos y gestores excepcionales y trabajamos duro para contratar estrellas creativas, trabajadoras y con principios. También le damos importancia al Googliness, ese logro extra y especial que te hace diferente”, dice una empleada de recursos humanos de la compañía.
Sí, lo habéis adivinado: no es fácil entrar en Google. Los procesos de selección son durísimos y se prolongan durante semanas. Una vez dentro, tus primeros días los pasas en Dublín aprendiendo aquello del team building. Y ahí es dónde escuchas por primera vez lo afortunado que eres por haber entrado a formar parte de la familia Google, ese selecto club.
Pero, ¡sorpresa! Resulta que no es oro todo lo que reluce. Como consecuencia del lanzamiento de Google+, la red social con la que Google quiere comerse parte de la tostada de Facebook, se ha armado cierto revuelo en la web con testimonios de ex empleados de la compañía. Por ejemplo, el de Paul Adams, un experto en redes sociales que estuvo involucrado en Google+ y ahora se ha ido a Facebook, que asegura que se marchó de la empresa cuando dejó de ser escuchado.
—Me fui porque la cultura había cambiado dramáticamente en los pocos años que estuve en Google. Se volvió mucho más burocrática y política.
O el del informático Dhanji R. Prasanna, que se define a sí mismo como hacker-at-large, que también habla de la lenta cultura de ingenieros de Google.
—La cadena de valor no está bien preparada para el desarrollo y la innovación rápida, afirma.
Y luego están los empleados de los niveles más bajos. Algunos se quejan de que están demasiado preparados para dedicarse a poner palabritas clave para que pujen los anunciantes, que trabajan infinidad de horas, que de teletrabajo nada de nada…
Las empresas como Google tienen muchas ventajas (aparte de los nada despreciables sueldos), especialmente para las personas creativas que buscan que se reconozca su talento, se fomente su capacidad de innovación y que quieren que sus ideas tengan recorrido. Y desventajas, si uno no está dispuesto a bregarse en una compañía tan competitiva, que aglutina tanto talento, y en la que se exigen niveles tan elevados de excelencia. Pero, a medida que pasa el tiempo y se van haciendo más grandes, es inevitable que pierdan parte de ese aire estupendo, guay y glamuroso de las empresas pequeñas e innovadoras. Es ley de vida.
Ahora bien, si estás pensando en mandar tu currículum a Google, piénsatelo antes en los siguientes casos:
-No eres un poco workaholic ni disfrutas en los entornos ultracompetitivos.
-No te gustan las culturas empresariales en las que mandan los ingenieros techies.
-No estás dispuesto a reinventarte a ti mismo constantemente para parecer el más innovador.
-No eres una “estrella” “diferente”.
-Prefieres tomarte la cerveza en el bar antes que en la oficina.
-No tienes Googliness.
Precisamente, tengo un amigo que sospecha que no fue aceptado en Google después de pasar todas las pruebas porque le faltaba ese toque tan especial.
— ¿Y qué es exactamente el Googliness?, le pregunté, intrigada.
—No estoy seguro, pero creo que soy demasiado escéptico para Google. Hice demasiadas preguntas y no me mostré excesivamente entusiasta cuando me hablaron de la cultura y sus beneficios. Creo que no me vieron como un buen embajador para la empresa.
Y ahora resulta que Facebook ha desbancado a Google como la mejor empresa para trabajar. Y nada menos que porque la red social por excelencia estudia las ventajas y el ambiente laboral de otras compañías para mejorarlos… Así que ahora la pregunta es: Y tú, ¿cómo andas de Facebookiness?
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LA OPINIÓN DE LOS LECTORES
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COMENTARIOS
10MysoreBound 31/07/2011 | 08:04
#8 La palabra en cuestión era 'encadenada'. No tengo elección. En casa uso lo que quiero.
9Voltates 29/07/2011 | 19:54
Este blog debería llamarse "Clueless" y debería firmarlo Alicia Silverstone. Para los castizos, debería llamarse "En Babia" firmado por "María Antonieta" que vive rodeada de lujos y privilegios y no se entera de lo que está pasando más allá del muro que rodea a su castillo.Este blog es de pésima calidad. No profundiza en la realidad empresarial, en la revolución de nuevos trabajos que están apareciendo en la sociedad. Lo escribe una señora que seguramente consiguió todos sus trabajos a dedo dada su cuna y sus amigos. Hacedle caso a esta señora y no estudéis ingeniería que los ingenieros son unos "tequis" y unos memos, estudiad albañilería y preparad ya la cartilla del paro.
8Capablancka, J.T. 29/07/2011 | 18:03
#7 ¿Al IE8? Pues creo que ahí está la razón.
Yo uso el Mozilla Firefox [y sólo es la versión 5]. Creo que ya tienen la 8 en beta. Y me gusta mucho más que el IE [que hace años que dejé]. Te aconsejo que lo pruebes. O el Chrome que es el de Google.
7MysoreBound 29/07/2011 | 13:49
#3 Puede ser que estoy encadenada al IE8 que es una m$erda pinchada en un palo.
6MysoreBound 29/07/2011 | 13:46
#5 ¡Ahí, ahí!
Y mientras tanto, yo en el Reino Unido tengo un MD [Managing Director] que me envía código regularmente para ilustrar sus teorías. Menuda diferencia.
Es periodista y aspirante a novelista. Ha trabajado en prensa económica (Expansión, El Economista, Forbes) y ha sido corresponsal en Nueva York antes de recalar en la comunicación corporativa. Viaja siempre que puede, lee todo lo que cae en sus manos en cuatro idiomas y escribe porque no podría no hacerlo. En este blog, pretende compartir con usted su particular forma de ver el mundo en general y la vida empresarial en particular. Sonia es directora de Comunicación de la Asociación Empresarial Eólica.