Últimamente he escuchado a más de un líder empresarial aquello de que “lo que nuestra compañía necesita es un cambio de cultura”. Y suele ir aparejado a aquello otro de “pero es que los empleados se resisten al cambio”. Y uno no puede evitar sentir que hay algo mal planteado en ambas afirmaciones.
La llegada de nuevas tecnologías, las transformaciones digitales, la crisis económica, las amenazas sobre el status quo de los trabajadores… vivimos tiempos convulsos y, de repente, las antiguas estructuras de nuestras organizaciones pasan a estar obsoletas. Entonces, llega un estupendo consultor y susurra al oído del consejero delegado: esta cultura no te vale para el futuro; no tienes más remedio que cambiarla.
Él, que es un tío estupendo al que no se le pone nada por delante, mira sonriente al consultor y le dice: mañana empezamos. Y así es. Reúne a primera hora al comité de dirección y se lo deja muy claro. Tenéis un par de meses para cambiar la cultura de la empresa. El director financiero pregunta, tímidamente: Perdona, ¿qué es lo que tenemos que hacer? A lo que el CEO responde: la gente tiene que ser menos funcionarial y tomar decisiones más rápido; deben ser más creativos, no esperar a que les demos las órdenes; usar menos el teléfono y más el e-mail. ¿Alguna pregunta? No, claro.
Los directivos salen de la reunión rascándose la cabeza. Llegan a sus respectivos departamentos e imparten las nuevas órdenes. Dos meses después, el consultor y su equipo aterrizan en la empresa para medir los resultados. Pero algo no ha debido ir bien: lo único que ha cambiado es que los empleados han dejado de usar el teléfono… ¡Sorpresa!
Lo que no sabía el CEO y el consultor no se molestó en contarle es que una cultura corporativa, ese intangible conjunto de comportamientos, valores y creencias que convierte a una empresa en lo que es y que determina sus acciones y resultados, no se cambia de la noche a la mañana. Ni se puede cambiar por arte del ordeno y mando de la cúpula. Ni se logra con grandes palabras que nadie entiende. Un cambio de cultura ha de empezar por modificar los comportamientos, por explicar a todos por qué se quiere variar el modo de hacer las cosas, por involucrar a toda la plantilla en semejante gesta, por convencer de que ese es el mejor modo de hacer las cosas.
Imaginemos que España es una empresa y que el CEO de turno -¿ZP? ¿Rubalcaba? ¿Rajoy?- contrata a un consultor tras decidir que, sin un vuelco cultural, no tenemos salida de este lío en el que nos hemos metido. El diagnóstico es simple: España necesita un cambio de modelo productivo y más espíritu emprendedor. El CEO se lo compra (a precio de oro, claro). Es un concepto moderno y seguro que queda de lujo en titulares. Lo que no tiene muy claro es cómo se hace. Pero eso ya lo pensará más tarde.
Primer escollo: tiene que convencer a las empresas de que deben salir de lo malo conocido –el ladrillo, el turismo- y meterse en ese harinoso plano en el que están la innovación, la tecnología, las siglas mágicas de la I+D+i… Éstas le escuchan, sí, pero tienen preguntas: ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Por qué? El CEO las elude.
Durante los tres primeros días, la prensa logra titulares: Éste va a dejar de ser un país (empresa, en nuestro ejemplo) de funcionarios en el que los niños aspiran a ser concursantes de Gran Hermano para convertirse en el nuevo Silicon Valley, la meca del emprendimiento. Pero, al cuarto día, los tertulianos lo tienen claro: mientras no se tomen medidas para que los funcionarios dejen de ser los habitantes de la Tierra Prometida y Belén Esteban se caiga por sí sola del podio nacional las cosas no van a cambiar.
El cambio es posible. Ha habido empresas que han logrado transformaciones espectaculares modificando los comportamientos necesarios para que la cultura evolucionase. Incluso países (me viene a la cabeza el caso de Irlanda, pero tal y como están las cosas, casi mejor paso de puntillas por encima…). Pero también ha habido otras muchas compañías que se han caído con todo el equipo por echarle la culpa de todos sus males a la cultura de una compañía, han intentado acabar con ella para empezar de nuevo, han fracasado y lo han achacado a la resistencia al cambio de los empleados.
Si esto es así (y no lo digo yo, si no muchos estupendos consultores), ¿por qué no usar esa cultura, tan imbricada en las personas, para promover los cambios necesarios en vez de cargárnosla y empezar de nuevo? Si nuestro consultor vuelve a España S.A. con el nuevo mandato de hacer un diagnóstico sobre hasta qué punto los españoles están preparados para el cambio de cultura empresarial, probablemente se lleve unas cuantas sorpresas agradables. Porque los españoles tenemos cualidades muy buenas y muy aprovechables.
Por poner algunos ejemplos, en general somos muy creativos (como demuestra nuestra gran capacidad para la improvisación), algo fundamental en una cultura emprendedora. El problema es que en nuestras empresas abundan los modelos autoritarios que coartan esa creatividad. Somos gente apasionada. Si nuestros CEOs contasen más con nosotros, nos comunicasen con más claridad lo que quieren, y nos diesen más cancha y confianza, a lo mejor lograban sacar de nosotros una mayor motivación y que desviásemos una parte de esa pasión con que seguimos el fútbol hacia nuestro trabajo. Y amamos el equipo (al menos, a la Roja). Con unas buenas estructuras que favorezcan la cooperación ¿quién dice que no podamos ser los reyes del trabajo en equipo?
Pero necesitamos guías. Líderes que se lo crean, den ejemplo y pongan a nuestro alcance los mecanismos que impulsen el cambio. Directivos/políticos que tiren del carro, marquen el camino y no permitan que fallen las fuerzas a mitad de camino. Medidas motivadoras. Y la suficiente transparencia y comunicación en el proceso para estar seguros de que todos remamos hacia el mismo sitio, que es el correcto. ¿Qué nos resistimos al cambio? Seguro. Al fin y al cabo, entramos en terreno desconocido. ¿Qué cada vez tenemos más claro que ese cambio es necesario? También. Aquí dónde estamos el agua nos llega al cuello. ¿Qué tenemos dudas de que haya líderes dispuestos a guiarnos? Muchas. Muchísimas.
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LA OPINIÓN DE LOS LECTORES
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COMENTARIOS
8Voltates 22/07/2011 | 21:23
El cambio de cultura de este país debería empezar desde arriba, desde las clases "dirigentes" del país. Necesitamos del ejemplo de aquellos que estudiaron en Nueva York, que vienen de familias bien, de aquéllos que tienen la vida resuelta y trabajan para sentirse bien, realizarse. Aquellos que tienen el poder de influencia porque tienen la oportunidad de tener un blog en un periódico digital, se han ganado ese puesto de responsabilidad trabajando duro y con algún enchufe pequeñito de los que casi no se ve... El cambio vendría si estos acomodados renunciaran a sus privilegios, y se convirtieran en gente batalladora de verdad.
7un esceptico 22/07/2011 | 20:30
Estupendo articulo, pero creo que "los curritos" estas dispuestos, preparados en un gran porcentaje y se les motiva, facil y pronto. Pero no crees que se deberia poner a la "clase dirigente" y me refiero A LOS POLITICOS, ha que de una vez "SE PONGAN LAS PILAS", porque el empresariado "grandes empresas" se ha reunido y han puesto algunos puntos importantes sobre la mesa. MIENTRAS LOS POLITICOS, estan pensando ¿que votos tenemos? cuentos le podemos quitar al otro, etc. etc. VERGUENZA DE PARTIDOS Y DE POLITICOS. La crisi es para los trabajadores y las empresas. Ellos solo saben lamentarse, PERO ARRIMAR EL HOMBRO Y SER RESPONSABLE, NOOOOOOOOOOOOOOO.
5jovenempresario 22/07/2011 | 12:37
#1 Interesante analogía, en España, rompemos las ventanas del edificio que es nuestro país, y los cristales nos hacen daño en los pies, pero seguimos, nadie hace nada por detenerlo...
http://jfpv.wordpress.com/
4Alekhine 22/07/2011 | 10:40
Cualquier cambio en la forma de hacer empresa solo es posible si hay uno o varios "lideres" que la tengan muy clara, la promuevan, la institucionalicen y la persigan.
Si esto no existe, lo que diga un "consultor" o varios, será tirar el dinero a la basura [como es usual].
Existen algunas empresas en España que sí tienen una "cultura corporativa" real, porque si tienen un lider indiscutible y aceptado por todo el "organigrama". Menciono algunos ejemplos: Juan Roig [Mercadona], Amancio Ortega [Inditex], Isidoro Alvarez [Corte Inglés], Emilio Botín [Santander].
Es periodista y aspirante a novelista. Ha trabajado en prensa económica (Expansión, El Economista, Forbes) y ha sido corresponsal en Nueva York antes de recalar en la comunicación corporativa. Viaja siempre que puede, lee todo lo que cae en sus manos en cuatro idiomas y escribe porque no podría no hacerlo. En este blog, pretende compartir con usted su particular forma de ver el mundo en general y la vida empresarial en particular. Sonia es directora de Comunicación de la Asociación Empresarial Eólica.