“Es líder quién tiene más capacidad de enamorar”. ¡Vaya! Entre tanto titular deprimente sobre la falta de liderazgo en Europa, rescato éste del suplemento Directivos en verano, de Expansión. La frase es bonita, inspiradora y un tanto manida: no creo que me equivoque si digo que dos de cada tres grandes gurús del management la han utilizado alguna o muchas veces en diferentes contextos. No obstante, sigo leyendo al ver quién es el autor en esta ocasión: Juan Arena, presidente de la Fundación Seres y ex presidente de Bankinter.
La primera vez que entrevisté a Arena, a principios de los noventa, yo no era más que un pipiolo que intentaba hacerse un hueco como periodista financiera. Pero él, a diferencia de otros muchos, me hizo sentir inteligente e importante. Y no sólo eso: logró convencerme de que la banca podía ser un negocio apasionante, divertido y hasta, en cierto modo, filantrópico (tenéis que entender que yo era muy joven…), a la vez que me convertía en una de sus fans.
Arena me pareció todo un líder e hizo que me interesase por el concepto de liderazgo. Hoy pienso que los mejores líderes/jefes/directivos son aquellos que están dispuestos tanto a enseñar como a aprender; que convierten su trabajo en una misión con significado real; que crean un clima no sólo de respeto, sino también de credibilidad y confianza; que se consideran uno más del equipo y no necesariamente la pieza más importante; que saben gestionar la creatividad individual; que son listos, elegantes, humildes y discretos. En definitiva, enamoran.
Ahora bien, cuando Europa se nos hunde y nadie parece capacitado para evitar el naufragio, ¿son todas estas características igual de importantes?, me pregunto tras volver a la realidad, reflejada en los titulares que rodean la entrevista de Arena. ¿Dónde está Churchill? ¿O De Gaulle? ¿Incluso Thatcher? ¿Dónde están aquellos líderes que se atrevieron a tomar decisiones difíciles en momentos incluso más críticos para Europa sin quedarse paralizados por la posibilidad de perder las próximas elecciones? ¿De qué nos sirve que un líder nos enamore si no es capaz de sacarnos del atolladero cuando más lo necesitamos?
Las situaciones de crisis reflejan de qué madera están hechas las personas. Está muy bien hacer gala de un estilo de liderazgo integrador y comprometido, pero cuando llega el momento también es necesario coger el toro por los cuernos y tomar decisiones impopulares sin consensuarlas. Y no se trata de fichar a un primer ejecutivo buenrollista en tiempos de bonanza y cambiarlo por uno mandón, gruñón y malencarado en cuanto vengan mal dadas. No. Se trata de que un verdadero líder debe saber adaptarse a las circunstancias.
En Europa no sobra el liderazgo. En España e Italia salta a la vista. En Alemania y Francia no tanto, pero Merkel y Sarkozy pierden credibilidad a diario. Y los europeos –unos más que otros- reclamamos a gritos soluciones que den respuesta a los desafíos económicos que han surgido en el continente en los últimos cuatro años. La UE debe actuar ya y hacerlo unida. De lo contrario, el euro no sobrevivirá ni a Berlusconi, ni a Zapatero, ni a Papandreu… ¿Es eso tan difícil de entender? ¿O es que, simplemente, nuestros supuestos líderes no lo son en realidad?
Cuando estoy a punto de acabar este post, mi chico me manda el link a un vídeo bastante más inspirador que la entrevista de Juan Arena. Se trata de Daniel-Cohn Bendit, el político francoalemán que preside el grupo de los verdes en el Parlamento Europeo, poniendo los puntos sobre las íes ante sus excelentísimas señorías. Su mensaje: "señores, dejémonos de hipocresías". No es a la banca europea a quién hay que salvar, sino a los millones de desempleados. No se le pueden pedir a Grecia sacrificios que los propios países que los ordenan serían incapaces de hacer. No se le debe exigir al país que recorte sus ya bajos sueldos sin que recorte el disparatado gasto en defensa que engorda las arcas de Francia y Alemania. No es posible que nadie salve a Europa si Europa no hace nada por salvarse a sí misma.
Y yo añado:
Queridos líderes europeos: no es necesario que nos enamoréis. Sólo os pedimos que nos lideréis, aunque sea un poquito. Porque algunos, aunque cada vez con más dificultades, seguimos creyendo en eso que llamamos la Unión Europea.
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Es periodista y aspirante a novelista. Ha trabajado en prensa económica (Expansión, El Economista, Forbes) y ha sido corresponsal en Nueva York antes de recalar en la comunicación corporativa. Viaja siempre que puede, lee todo lo que cae en sus manos en cuatro idiomas y escribe porque no podría no hacerlo. En este blog, pretende compartir con usted su particular forma de ver el mundo en general y la vida empresarial en particular. Sonia es directora de Comunicación de la Asociación Empresarial Eólica.