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@S. McCoy .-Experto financiero que escribe Valor Añadido. Es un incisivo analista que despertó el interés de nuestros lectores con sus brillantes y didácticos artículos sobre empresas, sectores y tendencias del mercado.
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S. McCoy 19/01/2012 06:00h
En las últimas semanas han cerrado algunos bancos de inversión internacionales sus mesas de intermediación de renta variable, contado y derivados, con el consiguiente despido de vendedores, analistas y demás personal. El último, antes de ayer, Deutsche Bank Securities que figura en mi Curriculum Vitae de 2000 a 2003. Muchos buenos amigos con los que compartí madrugones, morning meetings, llamadas frenéticas, comidas sobre los papeles, tiempos gloriosos y épocas decadentes, se han visto de la noche a la mañana en la calle. Una pena. En nuestro país la industria está llena de grandes tipos, muy lejos del estereotipo que nos ha querido vender el cine americano. Compañeros amables, profesionales magníficos y mejores personas que han vivido en sus carnes la Crónica de una Muerte Anunciada y se enfrentan a una lenta recolocación. Y es que el sector, como intentaremos explicar a lo largo de esta pieza, va a tardar tiempo en ofrecer nuevas oportunidades. D.E.P.
Son muchos los factores que han incidido en esa lenta agonía. Algunos son comunes al desempeño en cualquier parte del planeta; otros específicos de nuestro país. La aportación de valor del intermediario al cliente se ha ido reduciendo desde el inicio de la crisis, pero no solo a causa de ella. La información genérica se ha convertido en una commodity, gracias a las nuevas tecnologías, mientras que la específica se ha visto degradada a nivel decisorio por la extraordinaria correlación entre los distintos mercados, y de los valores con sus selectivos, en estos últimos años. La búsqueda del Santo Grial del alpha, cuando tu entorno no distingue peras de manzanas y juega más al índice que a acciones concretas, ha devenido en un imposible al que poco ha ayudado, además, el descrédito del sesgo en las recomendaciones. La figura de aquel que discrimina, propone, convence y ejecuta, desde el mostrador de la venta o la trastienda del análisis, se ha visto condenada por la sospecha y la tozudez de unas performances terribles, cuestionando su papel.
A los ponderables propios de la tarea de brokerage se une una estructura de ingresos insostenible. Si, como hemos comentado en numerosas ocasiones, cualquier industria sobrevive gracias a la adecuada combinación de rotación por margen, el desapego de muchos inversores hacia las bolsas se ha traducido en una caída sustancial de los volúmenes de negociación. Un fenómeno que, no se les oculta, ha afectado de manera significativa a la marca España, cuya mera mención ha provocado durante muchos meses la huida de fondos hacia otros destinos. Ni el extranjero quiere invertir en nuestro país ni el español quiere comprar fuera, con sus patrimonios en caída libre y la influencia de una aversión al riesgo generalizada. Dicha contracción se ha materializado de forma paralela a una bajada sistemática de comisiones, propiciada por la aparición de nuevos actores tecnológicos y por la necesidad de las gestoras y otros clientes finalistas de bajar su estructura de costes. La alternativa del retorno asociado a grandes coberturas se ha agotado en su reiteración.
A ello se unen unos costes, en muchos casos, desmesurados para tales niveles de actividad, por más que se han ido ajustando las estructuras en años sucesivos a la nueva realidad. Sueldos elevados, arrastrados -como es habitual en banca de inversión- de épocas de enorme inflación salarial; facturas abultadas de los numerosos proveedores de servicios necesarios para llevar a cabo su desempeño; obligatoriedad de un middle y back office no solo para reportar las operaciones a los clientes sino para cumplir con los requisitos impuestos por supervisores y reguladores y así sucesivamente. El esquema matricial de reparto de comisiones implantado por las grandes gestoras a nivel local e internacional obligó a los directivos de los brokers a mantener un mínimo operativo amplio, cuya rentabilidad no estaba asegurada y dependía de la discrecionalidad del cliente a la hora de percibir el servicio e incluirle entre sus proveedores. No estar en esas listas equivalía a la ruina, no intentar estar también. Mal asunto.
El problema es que las dinámicas asociadas al desempeño, que inciden sobre su fragilidad, no tienen visos de cambiar a corto y medio plazo. No parece, como en otras ocasiones, que el timing de la banca sea errado y decisiones como éstas coincidan con un cambio de tendencia que les obligue meses más tarde a recuperar posiciones de forma acelerada. Se reforzará la tendencia, que se viene consolidando en estos últimos años, de dos grupos claramente diferenciados: bancos de inversión internacionales que concentran sus efectivos en Londres, Nueva York, Hong Kong o Singapur y se encargan de dar servicio a grandes cuentas, por un lado, y pequeños intermediarios locales independientes, por otro, que persiguen cubrir las necesidades de algunos clientes nacionales y extranjeros. Y poco más. Todos los que se encuentren a medio camino tienen sus días contados. El modelo ha muerto, insisto, Requiescant in pacem.
50 .- #49 Insisto
Le vendo a su hijo un piso en Madrid capital por 300.000 €, y se lo financio al 5% de interés cobrándole "solo" el 30% del total de la su renta y la de su pareja.
Por supuesto, si me impaga me quedo el piso, o me paga Ud el capital pendiente de amortizar.
Cuando firmamos?
49 .- #46 Se supone que uno hace cuentas para ver la viabilidad de la propuesta…
Y que mejor que tomar como referencia los ingresos de las personas más cercanas a ti ya seas tú, tu propia familia o los amigos más cercanos con los que puedes hablar de estos temas sin sonrojarte…
Se da el caso que de varias personas tomando como modelo los ingresos “declarados” en los últimos diez años, el que más y el que menos se pudo haber comprado con esa fórmula del 30 por ciento casas valoradas entre 150.000 y 250.000 € de precio de compra en la fecha de inicio si hubiese tomado la decisión de comprarla.
Altibajos de ingresos tenemos todos, dándose el caso de que en esos diez años, algunos han cambiado hasta tres veces de empleo.
Comprendo que los ingresos de las personas allegadas a mí son altos [entre 60.000 y 100.000 € anuales entre ambos conyugues] por lo que a los mileuristas les parece un disparate la propuesta. Yo también fui mileurista en mi inicio profesional, pero quien quiere puede….
48 .- #37 Claro que sí, Farero. Pero el pueblo alemán aguas abajo, que suele ser muy pragmático, también sabe que es mejor vender y cobrar tarde y mal que no vender y papearse el Wagen mit Kartoffeln ...
Cordiales saludos
47 .- #40 Me temo que no, Matrix. Si no es titular del derecho, el banco no puede transmitirlo a terceros. Ni antes del 5º año ni después. Para eso tendría que comprárselo al arrendatario y entonces las cuentas se descuadran ...
Un saludo muy cordial.
46 .- #44 El mayor fleco, mi querido Sasso es que salvo que lo instrumente una banca pública con bolsillos insondables, no funciona.
En un esquema sencillo, yo [impositor] le entrego 100 al banco para que me devuelva un año después 103 [100 de principal y 3 de intereses]. El banco le presta los 100 a Matrix para que se compre una casa con el compromiso de que Matrix le devuelva 104 transcurrido un año. Matrix paga los 104, el banco se queda con 1 [su ganancia] y me entrega a mí los otros 103.
El esquema funciona mientras las obligaciones se cumplan en sus plazos y por sus importes.
Si resulta que Matrix no está obligado a devolver 104 sino un 30% de lo que gane, y 6 meses después su salario baja a la mitad, él no paga al banco y el banco no me paga a mí. Que el banco vaya a pedir a los accionistas la diferencia no es solución.
Si yo no tengo seguridad de que al año obtendré 103, no hay depósito. Y si un accionista sabe que le puede tocar poner pasta, no comprará acciones.
Ergo Matrix seguirá viviendo de alquiler ...