iCotizados |
RSS | Hemeroteca | Archivo | Agenda Económica | Mapa Macro | Resultados Empresariales | Inmo 50

Acerca de ...
@S. McCoy .-Experto financiero que escribe Valor Añadido. Es un incisivo analista que despertó el interés de nuestros lectores con sus brillantes y didácticos artículos sobre empresas, sectores y tendencias del mercado.
Post Anteriores
Festival de ‘calvos’: los que quedan con el culo al aire
Muerto y ¿enterrado?: el reputado VaR pasa a mejor vida
Así se ocultó el déficit de 2011, ahora en el 8,9%
Siete días críticos: ¡salvad al soldado España!
Tres muertos: semana trágica en las finanzas más salvajes
La agónica muerte por asfixia de las farmacias españolas
S. McCoy 30/11/2011 06:00h
Acabo de terminar la lectura de la versión preliminar de Desnudando a Google, libro que mi amigo Alejandro Suárez Sánchez-Ocaña me ha invitado a reseñar. Ambos compartimos, desde la experiencia personal en su caso y la intuición en el mío, una honda preocupación sobre la ingente cantidad de información que, compañías amables como Google o Facebook, acumulan de cada uno de nosotros a través del uso, voluntario eso sí, de sus distintos servicios y aplicaciones. De hecho, mi relación con Alejandro nace a raíz de un post publicado en Valor Añadido en junio de hace un par de años. Bajo el título de ¡Heil Google! El buscador, ¿es la amenaza totalitaria del siglo XXI?, abordaba la cuestión de manera un tanto naïf en la sospecha de que, si la información es poder, no había firmas más poderosas que el buscador o la red social en el orbe empresarial.
Me van a permitir que les recuerde parte de aquella pieza, en concreto su segundo y tercer párrafos:
“Si la información es poder y el poder capacidad de hacer que las cosas cambien, Google se ha convertido, por mor de su hegemónica posición, en una suerte de Gran Hermano del siglo XXI que todo lo conoce y todo controla. Probablemente, las ramas no nos dejan ver el bosque de lo que está ocurriendo, de la enorme cuota de intimidad que estamos delegando en sus informáticos. Pero, a través de las búsquedas de los usuarios, y de los resultados de sus posicionamientos publicitarios, la firma tecnológica es capaz de conocer perfectamente qué es lo que está o no candente en la sociedad de forma segmentada por regiones y/o países, dónde radica el interés de la ciudadanía, de anticipar tendencias, de promover si quisiera cambios económicos o sociales únicamente en virtud de una modificación en la prelación que se deriva de sus algoritmos e incluso tendría la potestad, de ese mismo modo, de hundir o ensalzar compañías, industrias, países completos a golpe de click.
Alguno puede pensar que se trata de un pensamiento exagerado. Puede que tengan razón. Pero lo cierto es que si nuestra vida cada día es más cibernética e interactiva, a día de hoy nuestra existencia es cada vez más Google, en tanto en cuanto no aparezca un sistema de búsqueda más avanzado o una innovación que limite el poder que ahora mismo atesora la compañía. Un saco de conocimiento inmenso que se ha visto reforzado por intrusiones sucesivas a la intimidad envueltas en forma de servicios de acceso voluntario como es la propia Google Earth, qué lugares interesan, o el Google Latitude que permite replicar patrones de comportamiento de los usuarios que se den de alta. No se trata de ya de qué buscamos, y por tanto de en qué estamos pensando, qué nos apetece, cuál es nuestra preocupación, lo que no deja de ser una revelación de la propia intimidad, sino de qué hacemos, dónde estamos, qué lugar nos gustaría conocer, etcétera. Un salto cualitativo de frontera difusa pero de enorme trascendencia.”
Con el paso del tiempo esta reflexión ha pasado del campo de las intuiciones al de las certezas. En efecto, más allá de otras siniestras posibilidades, la tentación de monetizar tal grado de conocimiento de los usuarios es innegable. ¿De qué sirve una base de datos de ese calibre si no se puede obtener de ella un beneficio? Money makes the world go round, no hace falta recordarlo. Y mientras que Google aún mantiene una buena parte de sus ingresos ligados a la publicidad asociada a las búsquedas online, Facebook necesita imperiosamente capitalizar sus cientos de millones de fans a fin de construir un modelo económico viable. Su impaciencia por conseguirlo ha levantado la liebre.
En la encarnizada batalla que mantienen por el cetro mundial, el primero es medio, necesidad a satisfacer, el segundo es fin, lugar de encuentro. Esta diferenciación entre los servicios básicos de Google y Facebook es lo que determina que en un caso la intrusión publicitaria se considere legítima y hasta útil y, en el otro, una violación de la intimidad, de ese espacio personal de relación que tolera mal las intromisiones. El rechazo tácito de los usuarios de la red social a los mensajes comerciales convencionales, sobre cuya validez legal no hay duda alguna, se ha convertido en denuncia legal cuando aquella ha tratado de ir más allá, al utilizar las preferencias, ideas y relaciones de sus usuarios para dirigirles publicidad “targetizada” que, aparentemente, no han autorizado, y, seguro, no les beneficia económicamente. El zapato “me gusta”, versionado en forma de +1 por Google tanto en Google+ como en Gmail, se ha encontrado con la horma de la Ley de Protección de Datos.
Fruto de tal vulneración es la decisión de la Unión Europea de preparar una directiva que ahonde sobre la privacidad de la información recogida por los “proveedores de servicios (…) Los usuarios tienen que saber qué datos se recogen y procesan y con qué objetivos”. Una declaración la de la comisaria Viviane Reding que engarza precisamente con las tesis del comienzo de este post: la necesidad de controlar el poder de este tipo de organizaciones, se apelliden como se apelliden. Coincidiendo con la noticia, Facebook ha anunciado que pretende salir a bolsa en cualquier momento de 2012. Desde luego, su modelo de negocio en Europa se verá resentido por estas noticias. ¿Hasta qué punto? Nunca se sabe. Al final, y aunque parezca lo contrario, la Red Social es Goliat y la camarilla política comunitaria, David. No les quepa la menor duda, al menos, si nos atenemos a los precedentes judiciales del buscador, mucho ruido y pocas nueces para la relevancia de sus acciones.
Mientras, sigan navegando alegremente. Estos Gran Hermanos velan por usted…
32 .- Pues la agencia de publicidad en la que trabajo coloca publicidad en Facebook que dá gusto. Eso sí, no ha llegado al nivel de Tuenti, pero a nivel de inversión tienen que ganar MUCHO dinero. por lo menos para mantener una granja de servidores del tamaño de Irlanda sin problemas, y tomarse un café de vez en cuando.
31 .-
Lo interesante de este asunto es ¿quién es más amado por el público?
La moraleja es que somos educados para el borreguismo, el gregarismo, el seguidismo, la dependencia emocional, el tirar del carro, las galeras, la esclavitud, el dejar tu vida y tu hacienda en manos de los líderes y los dirigentes, que tienen bula papal para cagarla y que encima los indemnicen, que para eso escriben ellos las leyes.
Si pagamos impuestos y somos ciudadanos de pleno derecho, ¿por qué no disponemos de bases de datos en Internet donde consultar cómo se gestiona el dinero público? Qué facturas y contratos firman Matas, Camps o Munar, a quién se recalifican terrenos en Aramón o Marbella, a quién y en qué condiciones de acceso contrata Baltar, a quién le prestan pasta las Cajas para hacer qué... íbamos a ver que somos simples p*tas a quienes los "encargaos" chulean.
A la gente no le importa vivir en Matrix, a la gente le gusta Matrix, la gente no quiere saber qué hay detrás de Matrix, la gente quiere su dosis de Barça-Madrid...
30 .- Yo quité mi género y fecha de nacimiento de mi perfil cuando empezaron a salirme anuncios que decían "pero a los Xytantos, todavía soltera?????" :-D
29 .- #28 Estoy de acuerdo con Vd. en la necesidad de que haya seguridad en las comunicaciones informáticas. Pero una cosa es el correo electrónico y otra las redes sociales.
Lo que no me preocupa es que alguien vea lo que pongo en facebook o que fb analice mis gustos y me ponga publicidad "tentadora". De hecho ya lo hace [torpemente, porque interpreta que vivo en España, por ser el país del servidor que uso].
28 .- #26
En general el problema no es la publicidad personalizada, sino el análisis de esos datos sin tu consentimiento. Por ejemplo, Google de tu historial de navegación puede sacar cosas muy jugosas. Como yo prefiero pagar a tener publicidad y conservar, algo mi anonimato, puedo siempre usar diversas técnicas para evitar esos problemas de personalización que tan poco me gustan.
Luo, lo que plantea Artero en su artículo es algo que hace muchos años que tenemos claros los que sabemos que desde el momento que un paquete ip sale de tu ordenador, sino tiene criptografía extremo a extremo, lo puede ver cualquiera. Y cuando digo cualquiera, es cualquiera que tenga un PC conectado a la boca de switch y levante un tcpdump.
Yosi Truzman
FACTOR TRUZMAN
Ignacio de la Torre
EL OBSERVATORIO DEL IE