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@S. McCoy .-Experto financiero que escribe Valor Añadido. Es un incisivo analista que despertó el interés de nuestros lectores con sus brillantes y didácticos artículos sobre empresas, sectores y tendencias del mercado.
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S. McCoy 26/09/2011 06:00h
Como si le diera pudor incluirla, como si no quisiera echar más leña al fuego tras cuatro días incendiarios para las bolsas, de modo discreto y escondido, Financial Times publicaba en su antepenúltima página del viernes una de las noticias de la semana, constatación empírica de que la preocupación por la situación del sector bancario europeo no es exagerada; de que, por más que haya una mareante guerra de cifras sobre las necesidades de capital de la industria, su problema real es de liquidez; y de que las autoridades están tratando de envolver, bajo la importancia de la solvencia, la urgencia por facilitar una financiación que permita mantener la maquinaria de la banca funcionando, aunque sea de un modo tan ineficiente como en los últimos años.
Battered Banks face record low funding, titulaba su pequeña crónica Tracy Alloway, colaboradora habitual del FT Alphaville. De acuerdo con los datos de Dealogic, y salvo que se produzca un apretón final en estos días, el tercer trimestre de 2011 amenaza con ser el de peor volumen de emisiones de deuda al mercado por parte de las instituciones financieras de la región. El acumulado hasta el pasado jueves era de 20.700 millones de euros, lejos de los 27.900 de julio-septiembre de 1995, mínimo hasta ahora. Cuando uno se para a reflexionar sobre todo lo que ha sucedido en estos 16 años en términos de crisis internacionales, estallidos de burbujas o desaparición de entidades señeras no puede evitar sentir un escalofrío al intuir qué descuentan los inversores para reducir su apetito comprador aun por debajo de esos hitos históricos, Lehman incluido.
Llegados a este punto, ¿qué les queda? Ya sabemos que las fuentes tradicionales de captación de pasivo de la banca son los recursos propios (ampliaciones y capitalización de beneficios), aportaciones minoristas (depósitos o pagarés) y financiación mayorista (mercados e interbancario). Todas ellas se han visto afectadas por la crisis, en unos casos por causas operativas (menos beneficios o descuentos exigidos imposibles), en otros por la fuerte competencia por atraer el ahorro de los particulares (aumento del coste de imposible sostenimiento a medio plazo), en la última por la desconfianza de unas firmas frente a otras y de los inversores hacia todas. De ahí que se empiece a convertir en estructural lo que en su día fue una solución excepcional: el recurso ilimitado a las líneas a bajo coste del Banco Central Europeo, Trichet sálvanos.
No es una respuesta válida. De hecho, su actuación no se puede tomar como hasta ahora a beneficio de inventario, salvador de la desesperada situación actual, sino sometida a un juicio crítico que no es tan benevolente. Alabadas por su aparente determinación para atajar los problemas sectoriales, las medidas del BCE han retrasado el ajuste de las posiciones de activo de las entidades financieras en un momento de imposible refuerzo del patrimonio neto y han creado perversos incentivos para invertir en deuda soberana cuya masiva tenencia ha estallado en la cara a los bancos. Parecía que se trataba de tirar a balón parado, margen regalado, y les han colado un gol que amenaza con hacerles perder la eliminatoria. Ese es el hecho que ha agudizado el problema aunque los más se empeñen en olvidar el origen del mismo, dependientes como son de esa vía en vena para su supervivencia.
Se ha cerrado el grifo. No importa tanto la pérdida esperada cuanto el funding gap. Cualquiera próximo al proceso de colocación de la CAM lo puede afirmar sin ambajes. Un salto cualitativo de enorme importancia. ¿Por qué? Mientras que la primera se puede capear con una gestión de balance más o menos acertada -depende de decisiones contables propias y de la mayor o menor voluntad de mirar a otro lado de los supervisores-, no ocurre lo mismo con el segundo, que hace depender el futuro de las firmas más necesitadas del arbitrio de unos terceros a los que la crisis ha abierto sustancialmente su abanico de oportunidades de inversión. Solo una rentabilidad muy elevada les puede compensar el riesgo de comprar deuda bancaria. Y aún así.
La opción hasta ahora ha sido, en buena medida, contemporizar, en la creencia tan española, y parece que europea también, de que no hay mal que el tiempo no cure. Ha faltado determinación a la hora de afrontar los problemas del sector financiero. No solo por lo que a la transparencia inmobiliaria o soberana se refiere, talón de aquiles del conjunto de la industria. Los procesos de concentración no han cambiado la estructura de unos balances que se sabe suicidas. Añadan la guinda de la acelerada implantación de Basilea III y sus procesos de recapitalización o la creación de nuevas figuras impositivas ad hoc contra la banca y el cóctel para el desastre queda servido. No hay quien coloque un euro. Pero no se equivoquen, el problema es de sobre dimensión de activo. Veremos antes de final de año mega operaciones de limpia crediticia y de otras partidas. Al tiempo. Nunca es tarde si la dicha es buena...
Buena semana a todos.
21 .- AMBAGES
La palabra ambajes no está registrada en el Diccionario. Las que se muestran a continuación tienen una escritura cercana.
ambages
20 .- Si hay algo peor que los bancos, son los gobiernos:
Hace unos meses les ponían el dineros para rescatar a cajas y bancos y ahora dicen que tienen que pagar un impuesto por los beneficios.
Un poquito de orden señores del gobierno que parece que que no tienen ni puñetera idea de lo que hacen, a ver si se ponen de acuerdo que eso de poner y luego quitar es de desmemoriados.
Veamos ahora todas las miradas están en los ricos que quieren meterles otra vez la mano en el bolsillo a los que decidierón ahorrar ganar dinero y rendir con su economía, eso sí.. a los golfos y malgastadores que no tienen nada porque lo malgastarón o se lo gastarón en juergas y p.tas, a esos no que son los que no tienen nada esos son los que tienen que recibir la asistencia del estado.
19 .- Como, por fin, parece que ya nos vamos enterando que el grave problema son los banqueros y los políticos no estría mal analizar y hacer un seguimiento de la solución aplicada por ISLANDIA.
No es de recibo que quienes generaron el problema A SABIENDAS sigan forrándose con estirar la agonía del sistema ponzi bancario y la creación de la deuda y el dinero de la NADA.
Que no estamos rescatando a Grecia, ni a Portugal ni a ningún estado, solo nos están sacando el dinero a los estados y por ende a los ciudadanos para dárselo a los bancos, una vez más intermediarios, para en el transvase quedarse con la ENORME diferencia de intereses [de 1,5 a 3,75 mínimo].
Es vergonzoso que haya RATOs que cobran cifras de escándalo gestionando bancos en ruina que ellos mismos han dirigido, con la complacencia de FMI, BCE,... que ellos mismos han dirigido.
18 .- vaya sr artero, yo creía que la crisis era por el déficit público, a no, que ahora es de la banca, a no q en realidad es del dólar.
Pq no empezamos a limpiar de mafiosos las instituciones internacionales, los gobiernos, las instituciones públicas, los mediso de comunicación de manipulación de masas.... claro q entonces no quedaría mucha gente.
17 .- [cont. 3]
Estamos, por tanto, ante un cambio ideológico que prueba que la capitulación o rendición cíclica ya es historia; y que, en España, se une al asalto ordenado por los empresones contra el maquis y la quintacilumna pro-inflacionista y anti-eurista.
Con buen criterio, protegemos el futuro de la deflación enfermiza en que desembocaría la ansiedad inflacionista de los condenados a muerte de la burbuja. Acabarán teniendo su inflación, sí, pero después de la travesía del desierto del ajuste "a pelo" de precios relativos y de la absorción de buena parte del endeudamiento, o sea, dentro de muchos años.
No va a haber ningún alza generaliza de precios [inflación], entre otras cosas porque no sabemos cómo hacerlo [fíjense el ofertón monetario que hay, ¡y los precios solo se mueven décimas!].
Y no va a haber ninguna reducción generalizada de deudas [quita]. Dígaseme qué procedimientos jurídicos hay para ello.
Estamos en una inflexión.
Estamos hartos de los inmomutilados. Hay que soltar lastre.
G X L