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@Ángel Villarino .-(Guadalajara, 1980) es un periodista afincado en Pekín que trabaja desde hace cuatro años como corresponsal en Asia para varios medios de comunicación europeos y latinoamericanos. Sus constantes viajes le mantienen en contacto con la convulsa realidad de un continente que está experimentando la transformación económica y social más rápida de todos los tiempos. Con vocación panorámica, pero atento al detalle, este blog rastrea en primera persona tendencias e historias poco conocidas en España, desde los rascacielos de Hong Kong a los arrabales de Manila.
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Ángel Villarino 19/12/2011 06:00h

Como si fuese un gigante con problemas de olor corporal, Pekín utiliza desodorantes acordes a su medida. Se trata de un centenar de ‘sprays’ cargados sobre camionetas y conectados a motores de gasolina que proyectan a varios metros de distancia sustancias capaces de contener y neutralizar los olores. Es una de las muchas medidas cosméticas que las autoridades de la capital china han puesto en práctica para hacer frente a la insalubridad de sus rebosantes depósitos de basura.
Los cerca de 20 millones de habitantes de Pekín generan cerca de 20.000 toneladas diarias de desperdicios, de las cuales un tercio no tiene espacio en los vertederos. Se incinera un 2% del total, mientras que el resto se va acumulando en los alrededores: tanto en depósitos legales como en terrenos abandonados, descampados que a menudo se encuentran en mitad de un área urbanizada y donde se descarga cualquier cosa sin ningún control previo. De estas montañas de basura desaparece todo lo aprovechable. El resto, lo que nadie quiere, se pudre y oxida al aire libre.
No sólo ocurre en Pekín. Dos tercios de las 668 principales ciudades chinas están rodeadas por desperdicios que ponen en riesgo la salud de sus habitantes. En total, se calcula que ocupan más de 500 millones de metros cuadrados, un 30% del “vertedero planetario”. “La población urbana está creciendo extremadamente deprisa y, además, cada ciudadano cada vez consume más y más. Por eso la cantidad total de basura generada aumenta mucho más que el espacio instalado para tratarla”, explica Li Bo, el director de la asociación medioambiental Amigos de la Naturaleza.
Se trata de uno de los efectos secundarios del desarrollo acelerado. De hecho, cuando las aperturas económicas comenzaron a finales de los setenta el pueblo chino generaba diez veces menos desperdicios que hoy y los vertederos estaban más controlados. Hoy, las basuras se multiplican a un ritmo parecido al que crece la economía: un 10% anual. Las autoridades llevan años combatiendo la emergencia, pero las soluciones se topan a menudo con la oposición de los vecinos, que no aceptan que se instalen incineradores o depósitos subterráneos cerca de sus casas, algo parecido a lo que ocurre en otros países, como Italia.
Algunas de las murallas de desperdicios que rodean las principales ciudades chinas tienen nombre propio. Al cinturón de la capital se le denomina desde hace algún tiempo el “séptimo anillo”, gracias al trabajo de Wang Jiuliang, un joven fotógrafo que ha visitado más de 500 vertederos ilegales desde octubre de 2008, marcando con símbolos amarillos su localización en Google Maps. El resultado es impactante: al alejar la lupa en el visor, la pantalla dibuja una circunvalación que rodea la capital justo entre el centro urbano y el extrarradio.
El tráfico de la capital china está organizado alrededor de autopistas concéntricas, llamadas “anillos”, que toman como referencia el rectángulo de la Ciudad Prohibida. El “séptimo anillo”, el de la basura, se sitúa en realidad entre el quinto y el sexto: por allí no circulan coches, sino toneladas de pestilentes desperdicios. “Los pekineses somos muy conscientes de que existe el séptimo anillo. Los que más se preocupan son quienes están obligados a quedarse cerca. Algunos viven con máscaras, apenas abren las ventanas y se mantienen alerta por si el anillo empieza a emanar algún olor extraño que pudiera envenenarlos”, añade Li.
Entre las medidas que maneja el Gobierno para poner solución a la emergencia se incluye el cubrimiento de los principales vertederos, especialmente durante la época de lluvias, que es cuando se revuelven los desperdicios y se levantan las peores pestilencias. En los últimos tiempos también se ha hablado de crear entre 200 y 300 centrales eléctricas alimentadas por la incineración de desechos. Mientras tanto, seguirá habiendo atasco de desperdicios en la circunvalación de la basura.
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2 .- Sé que lo que voy a decir es un poco "cada uno con su tema", pero viendo este tipo de noticias uno piensa cosas raras. Primero, lo que pasa en China con la basura pasa en todas partes. Segundo, pocos controlan qué se hace de verdad con los residuos, ni las condiciones de salubridad de las personas que viven cerca, ni cómo quedarán esas zonas años después [infiltraciones en capas freáticas, generación de gases, metales pesados, etc.]. Y luego pienso, ¿tanto rollo con los residuos nucleares que están gestionados mil veces mejor? No sé, muchos piensan que es muy malo vivir al lado de una nuclear, pero yo lo prefiero a vivir al lado de un vertedero chino...
1 .- buena solución esa de quemar la basura... y muy saludable. Estos chinos acabaran con ellos mismos