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Acerca de ...
@Leopoldo Abadía .-Leopoldo Abadía es un chaval de 75 años, 12 hijos y 40 nietos y ex profesor del IESE, que asegura no saber nada de economía pero que ha puesto en claro la mejor explicación en castellano sobre la crisis subprime.
A partir de ahí, para su sorpresa, miles de personas de todo el mundo consultan diariamente su blog. Desde su atalaya de San Quirico, aporta una voz independiente sobre la complicada realidad económica y social actual. Sin más pretensiones.
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@Leopoldo Abadía 24/02/2012 06:00h
Woody Allen y Antonio Gramsci no tienen mucho en común. De Woody sabemos muchas cosas por los periódicos. De Gramsci, menos. El pobre pasó años en la cárcel, en muy malas condiciones, con muy mal trato y con la salud muy deteriorada.
Según Wikipedia, era filósofo, teórico marxista, político y periodista,
Leo que el fiscal, en su juicio, dijo que “debemos impedir que este cerebro funcione durante 20 años”.
El que dijo esto no se lució y demostró que, en el mundo, hasta los cenutrios (según el Diccionario, “hombres lerdos, zoquetes, estúpidos”) pueden ocupar puestos de responsabilidad. (Digo “ocupar puestos” y no “desempeñar responsabilidades”).
Pero, a pesar de eso, el cerebro de Gramsci siguió funcionando.
También el cerebro de Woody, en condiciones físicas muy diferentes, ha funcionado.
Me encuentro con dos frases que me gustan:
Una de es de Woody Allen: “El 90 % del éxito se basa simplemente en insistir.”
Otra es de Antonio Gramsci: “Al pesimismo de la inteligencia hay que oponer, a veces, el optimismo de la voluntad”.
Ayer di una conferencia a 400 chavales, majos, que estuvieron con cara de atención todo el rato, aunque estoy casi seguro de que los tuits volaban por el ambiente, porque esto es algo que estos críos hacen de maravilla: decir al mundo lo que opinan de ti (que puede ser bueno y puede ser muy malo) mientras, con cara muy atenta, parece que te animan: “siga, siga, que lo está haciendo muy bien”.
El coloquio, muy agradable. Los chavales, diciendo cosas sensatas. (Como todos los públicos con los que me he encontrado, lo que me hace pensar que hay dos Españas: la de los sensatos, que constituyen una mayoría aplastante y la de los insensatos, minoría no menos aplastante, pero que con sus tonterías y sus sinvergonzonadas pueden fastidiar -y de hecho fastidian mucho- a la sociedad.)
Las preguntas, de lo más variado:
Voy saliendo de las preguntas como puedo y, con frecuencia, digo que no tengo ni idea, que, a veces, es la respuesta más honrada que puedes dar.
Pero insisto en lo de Allen y Gramsci: insisto en que hay que insistir, que no hay que permitir el pesimismo de la inteligencia, sino el optimismo de la voluntad. (Pensar que esto lo dijo Gramsci, en el estado en que le habían dejado, tiene su mérito).
Tenemos que instaurar la legislatura del optimismo. Esto es responsabilidad del gobierno, de la oposición, de la patronal, de los sindicatos, de los bancos y, sobre todo sobre todo…de cada uno de los normales, que somos muchos. (A mí me parece que yo soy normal. Por eso me incluyo. Si no lo soy, por uno menos no va a pasar nada malo.)
Ya sé lo de que “siempre pagamos los mismos”. Ya lo sé. Pero si me quedo en eso, seguiré siendo toda la vida “de los mismos”. Y hay que ser “de los otros”, pero en bien.
Insisto una y mil veces en que este período es un tiempo influenciado, impregnado, manchado, sucio, de falta de decencia. Un tiempo que exige soluciones técnicas, porque hay problemas técnicos. Un tiempo en el que discutiremos todo lo que haga falta, y un poco más, sobre si el BCE tiene que echar dinero o vigilar la inflación, en el que discutiremos si habrá eurobonos (¡cuánto me gustan!) o hispanobonos (¡cuantísimo me gustan!), si habrá techo de gastos para todos (me entusiasma), si habrá…si habrá…si habrá.
Pero una cosa que no podemos hacer los que somos mayores (o sea, desde los 16 años a los 110) es engañarnos y pensar que con una solución técnica se arreglan todos los problemas. No se arregla ninguno, porque la situación de la sociedad es mala, no por razones técnicas, sino porque muchos de los individuos que formamos esa sociedad nos hemos creído que todo el monte es orégano, que podemos hacer lo que queramos y que ya está.
Y, señores, no está. Por eso esta época es larga y dura y dolorosa. Y cuando digo que la tenemos que convertir en apasionante, quiero decir que los primeros que tenemos que ser apasionantes somos nosotros. Ser apasionante quiere decir saber distinguir lo que está bien de lo que está mal (porque hay cosas que están bien y cosas que están mal) y, una vez sabido, hay que vivirlo. Y se vive con unidad de vida, o sea: siendo leal a tu mujer/marido y siendo leal a la empresa, trabajando mucho (insistiendo, dirían Allen y Gramsci) para que tu familia sea fenomenal, para que la empresa en la que trabajas sea fenomenal y para que el parque al que sacas a pasear a tu perro sea fenomenal, lo cual quiere decir que tendrás que recoger lo que el perro vaya dejando.
Porque si no, nuestra sociedad es un conjunto de chalaos, en el que somos muy buenos en casa -hasta cierto punto- y unos cretinos en el trabajo, y pensamos que en el trabajo vale todo y que business is business. Y así nos va. Y venga a protestar de la situación, de los sindicatos, del gobierno y de la oposición, sin darnos cuenta de que lo que tendríamos que hacer es poner un espejo grande en la Puerta del Sol en Madrid, otro en la plaza de Cataluña en Barcelona y otro en la plaza de España de Zaragoza (aquí sería más difícil por las obras del tranvía), mirarnos todos en el espejo correspondiente y hacer una manifestación contra nosotros mismos.
P.S.
8. Pero que no se nos olvide lo importante: la solución está en las personas individuales, en este, aquel, en el otro y el otro y el otro (aquí me pongo yo también), madurando, insistiendo, trabajando mucho, yéndonos al extranjero si hay trabajo allí, olvidándonos de la fuga de cerebros, porque los cerebros van allí donde se les recibe bien. Ya volverán un día. Y, además, lo que descubran por allí se lo contarán a sus amigos de aquí y nos enriqueceremos todos con su fuga, que no es fuga, sino irse al barrio de al lado de nuestra aldea global.
17 .- Bien; Abadía: efectivamente, "cada cual" debe cumplir. bien, con su obligación... cumplir bien... pero sin pasarse, ¿eh?, que luego los no cumplidores se burlan de quiénes cumplen...
En esta sociedad sucede, demasiado a menudo, que las Autoridades no ajustan las cuentas a quiénes no cumplen bien... incluso son las propias Autoridades las que favorecen el incumplimiento, con disculpas tan peregrinas como la "reinserción" del delincuente, o son las propias Autoridades las que no cumplen, directamente, con su obligación...
Lógicamente, quiénes tiran del carro con esfuerzo y honradez acaban bajando los brazos, y poniendo palos a las ruedas del carro, porque aquí, "o cumplimos todos o no cumple nadie". Y ésta es una posición propia de racionales: los animales son incapaces de valorar la voluntad del competidor o del compañero: cuando "colaboran", lo hacen instintivamente.
La indignidad de los gestores públicos es gigantesca, descomunal...
En estas circunstancias no se puede pedir colaboración a los buenos: ¡de ninguna manera!, ni siquiera bajo la disculpa de practicar la "solidaridad" o la "caridad".
Aquí, o cumplimos todos, o no cumple nadie, y salga el sol por dónde quiera.
16 .- La ilusión y la esperanza son lo último que se pierde, pero la realidad que nos espera es sufrimiento, ajustes, deterioro brutal del nivel y calidad de vida, hijos que terminan sus estudios y no encuentran ni siquiera un trabajo con salario miserable, autonomos y pequeños empresarios endeudados hasta las cejas, viendo como la banca recibe miles de millones en ayudas, pero para ellos credito 0, y así año tras año y por mucho tiempo, con un paro que no bajará de los cinco millones y pico de parados en muchos años, con pobreza y miseria real en nuestras ciudades en la que ya se encuentran uno de cada cinco españoles, con la juventud mejor preparada emigrando a otros paises. Pero como no hay mal que cien años dure esta situación "mejorará" en terminos globales en 15-20 años y un día nos despertaremos en un país gris, triste, con una clase media empobrecida y en vías de extinción, una clase trabajadora que hace lo que sea por sobrevivir y acepta las condiciones de trabajo que sean para simplemente poder comer y eso si una banca saneada y orgullosa y una clase alta más enriquecida y con más privilegios.
15 .- #14 No creo yo que del texto escrito por D. Leopoldo pueda inferirse tal cosa.
Salvo que vd. haya entendido lo contrario de lo que él ha expuesto.
A cada uno lo suyo. A los máximos responsables de la situación general podrán ponerlos en la picota o en adobo, como vd. prefiera, pero eso es independiente de que cada uno hagamos nuestra parte lo mejor posible.
Si vd. cree que es mejor deprimirnos, esperar a que baje no se quien y nos salve, o que el parado va a encontrar antes trabajo si en lugar de hacer todo lo que pueda y lo mejor posible, dedica su tiempo a llorar o a despotricar, por muy humano que esto sea, que le voy a decir.
Y aquí, por muy mal que ZP haya desgobernado, por nocivos o inútiles que hayan sido y sean una parte de nuestros políticos, venimos padeciendo el mismo mal desde hace muchos años antes que ZP llegara, unos mucho, otros poco y otros nada, abandono de principios éticos [ no precisamente religiosos] y falta de esfuerzo.
Más nos valdrá que empecemos todos, no unos sí y otros no,a responsabilizarnos de nuestra parcelita individual, no rendirnos y tirar hacia adelante en beneficio propio y también en el común.
14 .- Sí, lo de siempre; somos nosotros, cada uno de nosotros, los que debemos tirar del carro, trabajar más, etc. Háblele en estos términos a un parado que haya dejado de percibir el subsidio de desempleo. Seguramente, en lugar de una felicitación, recibirá un leñazo.
Don Leopoldo, cuando escriba estas reflexiones, piense en TODO el mundo. No sólo en los que aún tenemos trabajo y dignidad, como es su caso y el mío.
13 .- Buenas tardes D. Leopoldo. Hoy la homilía le ha salido redonda, de la cruz a la raya; por cierto, lo de "la cruz" puede valer al caso por eso de la ética y el trabajo personal, lo de "la raya" no tanto, salvo que se hubiera pasado de la idem, cosa nunca leída de vd., pero la frase hecha es así.
Especialmente, considero mandamiento nuclear de su decálogo el nº 8. Afirmo sin dar resquicio a la duda que alguien ha hecho tan mal aquí las cosas, que nos ha dejado en un purgatorio, pero una sola persona no nos ha hundido si no hubiera habido la necesaria colaboración por nuestra parte, que ha sido algo más que votar a favor en contra. Muchos deberíamos mirarnos las manos y hacia dentro. O lo hacemos o aún podemos descender a los infiernos.
Y sí, mientras haya ganas de luchar habrá esperanza de vencer.
Un saludo.