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@Agustín Marco .-Con más de quince años de experiencia profesional, Agustín Marco recoge en A corazón Abierto las múltiples lecciones aprendidas en el proceloso mundo de la búsqueda de la información diferencial y el análisis crítico de la realidad financiera y empresarial española. Un espacio para la reflexión independiente, valiente y provocadora que acudirá a su cita con los lectores todos los sábados.
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Agustín Marco 24/12/2011 06:00h
El pasado 13 de diciembre, Antonio Brufau asistía con prisas al concierto navideño que el coro de Repsol daba en la sede del Paseo de la Castellana a eso de las 11.00 horas. Se tenía que ir a Viena (Austria), pero antes quería escuchar a esos empleados con traje oscuro y corbata naranja pastel que se habían ejercitado a lo largo del año para brindarle música de viento en un momento delicado. Tenía que decidir si abría la caja fuerte para apagar un fuego de consecuencias desconocidas provocado por su mayor accionista. Todo ello recordaba a lo sucedido en otra gran entidad años atrás.
En 1990, Alfonso Escámez, el presidente de Banco Central (hoy incluido en Banco Santander), también buscó una solución de urgencia para comprar la participación del 12% que los Albertos y sus esposas –Alicia y Esther Koplowitz-, en pleno proceso de separación matrimonial y societario, tenían en la entidad a través de Construcciones y Contratas, una constructora heredada por las hermanas y cuya gestión habían cedido a unos enamoradizos maridos hasta que fueron pillados in fraganti.
Mientras Interviú desvelaba con fotos comprometedoras los líos de faldas de los primos (esa Marta Chávarri...), Escámez encontró varios caballeros blancos para adquirir dicho paquete por 59.194 millones de pesetas de la época (casi 400 millones de euros en la actualidad) para que los ex cónyuges se repartieran el pastel.
El veterano banquero arregló el enredo de esos chicos hijos de ministros del franquismo y de esas chicas ricas de nacimiento. Consiguió que las francesas ELF, Bouygues y UAP, la estadounidense Prudential y el japonés Yamaichi absorbieran la posición del mayor accionista del Central. El problema es que estos caballeros se volvieron negros y se repartieron empresas como Cepsa, Dragados y el negocio de seguros, operaciones que llevaron a la entidad a rozar la quiebra de la que tuvo que ser rescatado por el Hispano hasta su posterior fusión con el Santander.
Salvando las distancias del tiempo, la operación de salvación de Sacyr Vallehermoso protagonizada por Repsol tiene sus similitudes. Ejecutada para dotar de “una mayor estabilidad a la estructura accionarial de la compañía”, lo cierto es que lo que Antonio Brufau ha hecho, con la aquiescencia de un consejo de independientes contratados a dedo, ha sido utilizar la caja de todos para evitar la ruina de unos pocos, de unos millonarios que erraron el tiro –Juan Abelló y Demetrio Carceller- cuando en su día se abrazaron a un jefe de obra con cartera de Murcia -Luis del Rivero- con ansias de poder.
No es que Repsol no tenga razón al explicar que una ejecución de la banca a Sacyr hubiera tenido pésimas consecuencias para la cotización de Repsol, por la posterior venta desordenada de las acciones pignoradas, pero así es el capitalismo. A veces se gana y a veces se pierde, salvo cuando eres un apellido ilustre de la piel de toro. Porque fue el propio Brufau el que abrió las puertas del consejo a Del Rivero, Abelló, Carceller, Loureda y Manrique, los mismos que no tuvieron ningún reparo en pedir un préstamo de 5.175 millones de euros, el 80% del coste total de una aventura financiada con dos créditos puentes de 2.500 del cauto Emilio Botín para pisar moqueta.
Pero todo salió mal. La bolsa bajó, las pérdidas latentes eran más profundas que el petróleo que busca Repsol en el mar, y los amiguetes se convirtieron en enemigos cuando Brufau advirtió que Del Rivero quería algo más que los dividendos. El de Mollerusa tuvo que argüir una estrategia que le salió redonda. Acordó con Abelló y Carceller que no se preocuparan de su palmada siempre y cuando 'asesinaran' a lo emperador romano al ingeniero de Murcia. A cambio les prometió que encontraría un comprador para al menos el 10% de Repsol. Ellos cumplieron con el apoyo del empobrecido Manuel Manrique –la CNMV debería decir cuánto adeuda por sus acciones-, pero Brufau no terminó de convencer ni a los de Qatar, ni a los brasileños ni a los chinos.
Con el precipicio a 48 horas, se activó el Plan B. Consejo extraordinario y petición de informes urgentes a tres bancos –JP Morgan, Goldman Sachs y UBS- para justificar el uso de la caja de todos los accionistas, que confían en Repsol por su ambicioso plan de inversiones de 32.000 millones, para salvar a dos tipos que se pasaron de listos Unas valoraciones a bancos de prestigio por si acaso algún gestor tipo Fidelity o Blackrock de Cincinati, Boston, Edimburgo o Huesca decide demandar a la compañía por una maniobra difícil de defender en cualquier escuela de negocio. ¿Por qué les compras a estos tipos y no a mi?, se preguntará cualquier gran gestora o cualquier pequeño accionista que también esté pillado. ¿Dónde han quedado las buenas prácticas del gobierno corporativo?
Como la gestión operativa de la compañía, la jugada de Brufau es de chapeau, como bien se expuso en este medio, porque se blinda hasta que se canse con financiación de la empresa. Mata a ese duende toca narices de Del Rivero, siega los pies de Pemex y vuelve a callar la boca a La Caixa, que a veces baila su música y otras ronroneaba a sus espaldas.
Pero de ahí a dar por concluido el conflicto que el contribuyó a abrir, hay un largo tramo. Habrá que esperar a ver qué hace con ese 10%, a conocer si la caja catalana –tiene el 13%- venderá como desea el próximo año para compensar la caída de su negocio ordinario y a saber a quién le coloca Sacyr el 10% restante que tampoco puede pagar ni en tres años ni en treinta. Si se suma el otro 10% volátil de Pemex, resulta que más del 40% del capital anda suelto. Eso no es precisamente estabilidad.
3 .- Al juntaletras se le olvida un pequeño detalle: REPSOL es una petrolera, no un banco. Déjese de gestionar como banco, de buscar el beneficio en el negocio financiero, y póngase a invertir en buscar, producir, refinar y vender crudo, negocio en el que por cierto somos muy mediocres. Con razón se le van los empleados como se le van...
2 .- Se podrá vestir como se quiera, no olvidemos que REPSOL es un grandísimo anunciante, pero cualquiera que entienda que compare el REPSOL de 2012 con el REPSOL de 2004 y luego que haga operación similar con otras compañías petroleras. Gestión gris, estrategia gris, resultados grises,...
1 .- Es comprensible la situación del Sr. Brufau, pero más le vale encontrar rápidamente un comprador de ese paquete y que la operación sea rentable para los accionistas actuales, porque en caso contrario debería actuar de oficio la CNMV en defensa de los accionistas minoritarios. La operación, a la espera de ver si consiguen encontrar a alguien que pague al menos lo mismo, es un auténtico fraude para los accionistas de Repsol. Que hubiera quebrado Sacyr en nada tiene que preocupar a los gestores de Repsol, puesto que eso no resta valor ninguno a la compañía, por mucho que cree una tensión puntual en su precio, que no en su valor intrínseco. Más al contrario, esta operación sí que resta valor al título y mucho, porque deja patente que los actuales gestores de la empresa no son de fiar y anteponen intereses suyos espúreos a los de la generalidad de los dueños de la compañía. Pero claro, con esta operación no sólo salvan a Sacyr, sino también a La Caixa, a Bankia, a Santander y otros tantos que un día decidieron prestar dinero ajeno a unos señores amigos suyos para comprar una de las principales empresas de este país. Así nos va... Felices Fiestas a todos!
Yosi Truzman
FACTOR TRUZMAN