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@José M. de la Viña .-A través de Apuntes de Enerconomía, José M. de la Viña, Dr. Ingeniero Naval, persigue transmitir sus experiencias y reflexiones sobre temas relacionados con la energía y el medio ambiente, sector en el que ha desarrollado gran parte de su carrera profesional. Informar, promover el debate, contribuir modestamente a que los lectores puedan forjarse sus propios puntos de vista y, de esta manera, ser entre todos capaces de construir un futuro mejor.
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José M. de la Viña 15/12/2011 06:00h
La historia se repite, cuatro siglos después. Hoy recomiendo un libro riguroso a la vez que entretenido. Cosas ambas compatibles siempre y cuando el juntador de palabras tenga la capacidad de compaginarlas, virtud nada habitual por estos pagos poco historicistas, pero puritanos y eruditos, que apenas han asimilado nada de la tradición de Cervantes y su genio escribidor.
Se trata de la biografía del duque de Lerma a cargo de Alfredo Alvar Ezquerra. Libro que debería ser de lectura obligada en los colegios. Además de manual de cabecera para congéneres posmodernos igualmente corruptos: políticos torticeros, ladrilleros en desgracia, banqueros pululantes de indultos, incompetencia y codicia o aldeanos mamporreros ascendidos socialmente con brusquedad, sin cursillo ético ni estético que disimule zafiedad, en esta vapuleada democracia amordazada de sensibilidad artística y pulcritud ética.
Pero, sobre todo, goce reservado para aquellos lectores, apasionados por la historia más mezquina y vibrante, que quieran disfrutar un buen rato con retazos de la fabulosa, pero a menudo dramática, historia de España. Que les permita mantener bien alta la guardia en la desvencijada y corrupta desventura actual.
Francisco Gómez de Sandoval y Rojas (1553-1625) fue el valido del rey Felipe III, postrero cardenal para poder salvar el pellejo, ladrillero conventual y palaciego, entre otras muchas corruptelas de Estado, de total actualidad con la que está cayendo.
El subtítulo del libro es didáctico y ejemplar: “Corrupción y desmoralización en la España del siglo XVII”. ¿Alguna diferencia con el devenir actual salvo el romano dígito?
El duque de Lerma hizo del poder su industria, del clientelismo su arma, del robo su profesión, de la rapiña su himno, de la corrupción su ser, de la mentira su lema, del exceso su emblema, de su extraordinaria inteligencia su perdición. Se aprovechó de un rey débil que sobrevivía bajo la atenta mirada severa de su padre desde la tumba, el rey Prudente (sic) Felipe II.
El, que junto con unos cuantos congéneres de clase y casta más, se aprovecharon todo lo que pudieron, mientras empobrecían al resto de España, horadaban su historia futura, poniendo los cimientos de la demolición a sus fastos imperiales de dominación, por los siglos de los siglos.
Algo no muy diferente en su esencia al clientelismo corrupto que la sigue azotando. Sin afinidad ideológica alguna entre chorizos más que la derivada de la perversión, la codicia, el ansia de poder y de enriquecimiento ilícito. Lo cual nos va a dejar listos y apañados para una buena temporada. Que serán dos si no se empiezan a tomar, inmediatamente, medidas enérgicas contra el virus letal, que nos está corroyendo y arruinando, una vez más.
Por una vez no sé por dónde empezar. El libro no tiene desperdicio alguno y por eso sugiero que se lo lean entero si no quieren quedarse con las ganas y perderse un placer literario intenso a la vez que ameno.
Tan solo comentar, a modo de moraleja glosada, que el duque de Lerma sufría de remordimientos. Aliviaba su congoja a la manera habitual en la época: enterrando dinero inútilmente, mediante fundaciones de conventos o donaciones a iglesias o capillas, con el fin de aliviar la conciencia, para poder seguir robando.
Visiten la fastuosa y señorial villa ducal de Lerma y su palacio, hoy espléndido parador, y lo comprobarán. ¡Cuánto remordimiento empedrado hay en España! Al menos produce ingresos en forma de turismo y alegra la vista entre tanta arquitectura estelar cara, vulgar y anodina que en el futuro solo producirá basura, desolación, pobreza y ruinas que nadie querrá rememorar, y menos visitar, a diferencia de las pasadas.
No hemos inventado nada. Como el mismo autor recalca en los comienzos de su libro, que trata sobre la teoría de la corrupción, una excelente introducción al tema igualmente de actualidad en los albores del siglo XXI, sus remordimientos los diluían a la manera contemporánea: igual que muchos entierran hoy parte del dinero depredado, a través de ONG´s y fundaciones con objetivos loables, como aquellos.
Con realidades pecuniarias en el presente a menudo paternalistas, neocoloniales o contraproducentes para aquellos a los que pretenden aliviar o socorrer. Si no lo es a cambio de malversación, consciente a veces, incluso con reminiscencias presuntamente ducales, y tufillos fecales, como las elevadas pestilencias actuales. ¡Nada ha cambiado en estos cuatro siglos de pesadumbre, picaresca y dolor!
El duque de Lerma fue el paradigma de una época. Y, en esta, sigue pendiente el título de carroñero mayor de cierto acogotado reino sumido en taifas centrífugas, pueblerinas y despilfarradoras. ¿Candidatos a tan baja merced?
Me pasa a menudo. Agoto el espacio a causa del exceso de ripios y maledicencias. Así que, el que quiera asimilar algo a la vez que disfruta con la lectura, si a pesar de los e-books y la prensa digital y canalla quedan todavía antiguallas intelectuales como el que esto suscribe, ya tiene con qué pasar un buen rato estas Navidades, contribuir a apuntalar la decadente industria editorial, y material que le ayude a reflexionar acerca de nuestras cuitas presentes y el calvario venidero.
¡Nada nuevo bajo el Sol!
14 .- #9 Siguiendo con mi comentario a su comentario, creo que el establecer la capital en un punto no fué en nada un atraso. Un atraso [y más en esa época] era una corte itinerante como la de los reyes católicos, cuya sede estuvo en Barcelona, Granada, Burgos, Zaragoza... entre otras ciudades según los reyes iban a tratar asuntos a cada uno de sus reinos.
13 .- #9 Hombre, creo que sus afirmaciones son en exceso categóricas....
Madrid aparece como capital de España a la vez que vuelve a ser una entidad más o menos homogenea.... La elección se hace según los critérios de la época, buscando un punto más o menos equidistante a todos los reinos y más o menos en una encrucijada entre la s dos mesetas, con un acceso "fácil" desde Cataluña y Valencia.
Además Madrid no era una "villa común Manchega" ya que en ella residían habitualmente los reyes de Castilla desde el siglo XIII y había sido sede de Cortes varias veces en el XIV.... Era algo más... ¿no?
Que conste que no soy de Madrid, y siempre me he preguntado porque la capitalidad no volvió a Toledo como en tiempo de los visigodos, pero... quizas como dicen sea tema de especulación con el suelo pero pienso que tiene que haber algo más. No creo que entonces fueran más tontos que ahora....
12 .- #9
bueno, no es el único ejemplo de capital creada "ex novo".
Incluso algunas tan recientes como ankara o brasilia.
11 .- no creo que gente como garzón o urdangarín tengan necesidad de vestirse de rojo.
10 .- Los cambios de la capital suelen deberse a motivos de especulación de solares. Los que sabian que la corte se iba a trasladar de Valladolid a Madrid se forraron. Supongo que en Brasilia otro tanto y no digamos Bruselas con la EU.
Leopoldo Abadía
DESDE SAN QUIRICO