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@José M. de la Viña .-A través de Apuntes de Enerconomía, José M. de la Viña, Dr. Ingeniero Naval, persigue transmitir sus experiencias y reflexiones sobre temas relacionados con la energía y el medio ambiente, sector en el que ha desarrollado gran parte de su carrera profesional. Informar, promover el debate, contribuir modestamente a que los lectores puedan forjarse sus propios puntos de vista y, de esta manera, ser entre todos capaces de construir un futuro mejor.
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José M. de la Viña 08/12/2011 06:00h
En la fila del supermercado el cajero le dijo a una señora mayor que debería traer su propia bolsa de la compra, ya que las bolsas de plástico no eran buenas para el medio ambiente.
La señora pidió disculpas y explicó: "Es que no había esta onda verde en mis tiempos."
El empleado le contestó: "Ese es el problema actual. Su generación no hizo nada para preservar el medio ambiente." Tenía razón. Nuestra generación no tuvo ninguna onda verde.
En aquellos tiempos las botellas de leche, las de gaseosa y cerveza se devolvían a la tienda, la cual las enviaba de nuevo a la planta para ser lavadas y esterilizadas antes de llenarlas de nuevo, de manera que se podían usar los mismos envases una y otra vez. Realmente las reciclaban. Pero no teníamos onda verde entonces.
Subíamos andando, porque no había escaleras mecánicas en cada comercio u oficina y tampoco ascensores en muchos lugares. Caminábamos a la tienda en lugar de utilizar un vehículo de doscientos caballos y dos mil kilos de peso cada vez que necesitábamos recorrer dos calles o apenas unos metros. Pero tenía razón. No teníamos la onda verde en nuestros días.
Lavábamos los pañales de los bebés porque no existían los desechables. Secábamos la ropa en tendederos, no con máquinas consumidoras de energía, la energía solar y eólica hacían su trabajo de manera gratis y eficiente. Los niños usaban los trapos de sus hermanos mayores, no siempre modelitos nuevos. El empleado acierta: antiguamente no había ninguna onda verde.
En aquellos tiempos teníamos una televisión o como mucho radio en casa, no en cada habitación. Y la TV tenía una pantallita del tamaño de un pañuelo, no un pantallazo como un estadio de grande. En la cocina molíamos y batíamos a mano, porque no había máquinas eléctricas que lo hicieran todo por nosotros. Cuando empacábamos algo frágil para enviarlo por correo, usábamos periódicos antiguos arrugados para protegerlo en vez de papel de burbujas o bolitas de poliespán.
No quemábamos gasolina ni contaminábamos el planeta al cortar el césped. Usábamos una podadora que funcionaba a base de músculo. Hacíamos ejercicio trabajando, así que no necesitábamos ir a un gimnasio para correr sobre cintas mecánicas que funcionan con electricidad. Pero está en lo cierto: no había en esos tiempos oscuros una onda verde.
Bebíamos de una fuente cuando teníamos sed, en lugar de usar vasos o botellas de plástico cada vez, para tirarlos a continuación. Recargábamos la misma estilográfica con tinta en lugar de comprarla nueva con cada uso; y cambiábamos las hojas de afeitar en vez de tirar a la basura toda la maquinilla sólo porque la hoja se quedó sin filo. Pero no teníamos una onda verde por entonces.
La gente tomaba el tranvía o un autobús y los chicos iban en bicicleta a la escuela o caminaban, en lugar de usar a mamá con el avasallador 4X4 como un servicio de taxi 24 horas. Teníamos un enchufe en cada habitación, no varias regletas para alimentar una docena de artefactos. Y no necesitábamos un aparato electrónico para recibir señales de satélites que flotan en el espacio para encontrar la dirección del bar más próximo, porque preguntábamos al vecino. Organizábamos tertulias con los amigos en vez de hacer vida social virtual en soledad a base de tecnología contaminante.
¿No es un poco triste que la actual generación se lamente de lo botarates que éramos los viejos por no tener en nuestros tiempos ninguna onda verde?
Firmado: La Onda Verde
Los vientos anónimos de Internet traen a veces cosas interesantes, que es por donde me ha llegado este aserto. A cuyo desconocido autor agradezco su ilustrativo trabajo y el tiempo que me ha ahorrado, a pesar de unos pocos cambios en el estilo y algún que otro inciso circunflejo.
Una historia con moraleja
El futuro vendrá de la mano de las políticas del lado de la demanda y no aumentando la oferta energética. Implantando la ciencia de la escasez y el ahorro energético, en vez de incrementar sin fin y sin control el derroche contaminante, mientras seguimos desterrando la racionalidad. ¿Cómo se puede hacer esto?
Mediante el fomento del ahorro y la eficiencia, en vez de basar todo en acuerdos como Kyoto, los cuales muchos no tienen intención de acatar. Que traspasan trabajo y empleo desde los “pardillos” que lo pretenden cumplir al resto de inconscientes pasados de rosca emergente. Habría, pues, que cambiar la dirección de los esfuerzos con imaginación. Empezando por nosotros mismos, de manera unilateral, mediante el atemperamiento.
Penando o desincentivando aquellas actividades que proporcionen un beneficio ínfimo o utilidad casi nula comparado con el desproporcionado uso de materiales contaminantes y de basura producida. A base de incrementar el trabajo, a menudo manual, como se ha hecho toda la vida. En definitiva, reemplazando contaminación, gasto energético superfluo y, por lo tanto, divisas, por imaginación, sabiduría, tradiciones ancestrales renovadas y, como consecuencia, empleo.
Un penoso ejemplo
Causa sonrojo contemplar las montañas de envases y residuos generados por cualquier establecimiento de la justamente denominada comida basura. Que son tirados tras apenas cinco minutos de uso, sin entrar a analizar como las costumbres engullidoras importadas influyen en la salud y la cada vez más preocupante obesidad infantil. Tanto alimento producido con recursos excesivos, como la ingesta compulsiva de carne de vacuno. En vez de otros alimentos más sencillos, placenteros y, ¿por qué no?, ecológicos. Como los que componen la sana y milenaria dieta mediterránea.
Actividad englutidora, denominada comida rápida, teóricamente barata y eficiente, se supone. Porque no computa el coste para la naturaleza de tanto envase y envoltorio dilapidado, ni paga por la contaminación y la basura producida. Tampoco descuenta los recursos finitos de los que ya nadie podrá disfrutar, que se abandonan tras unos pocos minutos de grasiento “placer” fugaz.
Si en vez de producir tanto producto efímero o servicio insalubre se fabricasen o manipulasen mediante trabajo artesano, como se ha hecho toda la vida, cambiaríamos gasto energético, divisas y contaminación por salarios. A la vez romperíamos la uniformidad cada vez mayor de esta sociedad de aborregados consumidores zombies.
¿Cómo se consigue eso? Obligando a que contaminar no salga gratis ni sean los ciudadanos los que tengan que cargar con sus penas a prorrata, y los estados su coste como con los bancos zopencos, mientras se privatizan los beneficios de actividades económicas que no computan todos los gastos y no revierten los males producidos.
A vueltas con el dumping
Los argumentos para intentar solucionar ambos problemas son reincidentes: que cada producto o servicio pague de una manera justa por la contaminación producida y los recursos finitos empleados. Que cuando no se puedan imputar los costes, una política fiscal adecuada y progresiva desincentive productos o servicios superfluos o aquellos otros cuyo beneficio sea desproporcionadamente reducido, o perjudicial, con respecto a los recursos que necesita movilizar.
Se trata de instaurar la obligación de trazar y registrar la energía y la contaminación producida por cada producto y servicio, desde sus orígenes, independientemente de donde se hayan producido. Y de informar obligatoriamente al ciudadano. De manera que aquel que no se atenga a las normas demandadas por consumidores conscientes y educados, nosotros algún día, no pueda vender sus productos, al menos en Europa, o se vea obligado a pagar un precio justo a la sociedad mediante impuestos que graven su ineficiencia natural.
Se conseguirá incluyendo el gasto energético, la contaminación y el deterioro producido en la naturaleza en la incompleta definición de competitividad actual. De manera que el valor añadido sea algo más que contar dinero. Penalizando a todo aquel que realice el tantas veces aludido dumping humano y medioambiental. Fomentando, por fin, prácticas sostenibles.
Con la noción de productividad en vigor toda hamburguesería es más eficiente que un bar de tapas. Pero no su placer. Sin embargo, ¿podría competir un establecimiento de comida basura con ningún restaurante español si tuviese que pagar el engullidor, que no comensal, por las emisiones producidas o se hubiesen descontado las flatulencias vacunas y los abundantes materiales esquilmados?
El eco sordo de Durban
Aquí finaliza una utopía más. El futuro se construye con tales arreos sobrios. Europa necesita reinventarse si quiere salir del agujero que la está destruyendo y diluir la nube de contaminación, ética, moral y física, que la cubre (de la cual hablaremos otro día). Esta podría ser una modesta manera de comenzar a hacerlo. Para volver a mostrar el camino de la racionalidad al resto de la humanidad, como siempre ha hecho, hasta que el absurdo más entrópico se instaló en este planeta, hace ya un cuarto de milenio.
A Durban no le llegarán ecos tan molestos, que con orejeras ecológicas y ecologistas se levita plácidamente.
6 .-
Un debate planteado sobre los extremos de una situacion, está condenado al debate de antemano.Y esto pasa con el debate ecologista.Talibanes contra talibanes.Estos nuevos listos ignoran la ancestral sabiduria: "in medio, virtus", osea, en el medio, está el acierto.Yo viví el entorno aqui citado, no tengo ningún complejo de ello,pero tampoco tengo nostalgia del mismo ni quiero volver a él.Sibn embargo, cuando regreso al mismo,frecuentemente, si me da grima ver latas de cerveza y otras codas en la cuneta de la carretera, bolsas de plastico enredadas en las copas de los pinos,pañuelos de celulosa por doquier y las baldosas de las calles llenas de manchas de chicle.Fundamentalmente, es un problema de educación ciudadana...que no "para la ciudadania".Y en este apartado, realm,ente no existe nada mas que desidia.Es más comodo medrar en organizaciones ecologistas o empresariales, que dedicarse a educar a los ciudadanos.
5 .- La sociedad de nuestros abuelos que describe es la de la pobreza, que, por cierto, suele ser muy ecologica.
La gente hacia esas cosas porque no tenian alternativa y la energia mas ecologica es la humana, vamos, que el personal se deslomaba a trabajar.
Imaginese en una casa con familia de 5 niños, todos parejos, y todos los dias tener que lavar pañales, tender y volver a lavar todos los dias. Preguntele a nuestras abuelas por el rollo de la onda verde.
Yo de pequeño pasaba los veranos en la casa de mis abuelos en la Alpujarra, no habia servicio de limpieza, toda la basura se echaba a un corral donde habia gallinas, todos los dias se barria la parte de la calle de la casa y se recogian los excrementos de las mulas que iban a la vega y todo se echaba al corral; no habia agua corrienete, habia que ir a por ella a la fuenete del pueblo, no habia baños, ni calentadores de agua y el consumo era minimo.
No habia alcantarillado, ni frigorifico, ni detergentes, ni luz en las calles, un solo medico para todo el pueblo pero sin centro de salud, ni ambulancias ni enfermeria, etc.
El rollo ecologico esta bien pero usted no duraria ni un minuto en aquella vida tan dura.
4 .- Estoy de acuerdo, pero este artículo no deja de ser una reflexión que los lectores del mismo probablemente hayamos hecho ya hace tiempo. Porque por desgracia, este artículo lo habremos leído 4 gatos, casi todos ya con tendencias eco-sostenibles.
Lo q
3 .-
Lo que causa sonrojo realmente es leer sus articulos.
A partir del final del " anonimo" de internet, con mas razon que un santo, no dice usted mas que una amalgama de lugares comunes e ideas inconexas.
Y se lo dice alguien que detesta la comida rapida y lo que la rodea y que va andando o en bici siempre que puede.
Por eso me da especial rabia que autodenominados " expertos" gigan tantas chorradas y vaciedades y hurten un debate serio.
Otro truño de u geta, y van ...
...
...
2 .- Ignoraba que las hamburgueserías están exentas de la tasa de basuras y que las materias primas que emplean les salen gratis. Es un escándalo......... Ups! y muy gracioso que Kioto, ahora que acaba y sea evidente su inutilidad para el medio ambiente y su carísimo precio, en empleo y eficacia, para economías como la nuestra, no sirva. YO ME DESCOJONO
Victor Alvargonzález
TELÓN DE FONDO