Las tarjetas de crédito cumplen 40 años. El dispositivo de pago, herramienta indispensable en nuestros días, celebra su nacimiento en plena revolución electrónica.
Cumplidos los 40, son muchos los que prevén su jubilación anticipada frente a quienes esperan pacientes nuevas evoluciones. Sea como sea, la telefonía móvil pisa fuerte y mientras el 'plástico' parece dispuesto a renovarse para demostrar que aún le quedan fuerzas para tirar de sí misma más tiempo.
La tarjeta como medio de pago fue
creada en 1951 por Franklin National en Long Island (Nueva York). No llegó a nuestro país hasta 1971 y, aunque le costó integrarse, el invento americano consolidó su uso en los ochenta. Remontándonos cuarenta y un año atrás, (en 1970)
Bank Americard -propiedad de
Bank of America- se asoció con el
Banco de Bilbao para introducir el nuevo artefacto en España. Tras recibir la autorización del Consejo Superior Bancario y del Instituto de Moneda Extranjera (donde se aprobó su carácter universal) se puso en marcha la primera tarjeta de crédito que permitía el pago total de fin de mes o el aplazamiento con un porcentaje del 10% del saldo dispuesto.
Con un límite de crédito máximo de 25.000 pesetas, el 'plástico' comenzó a expandirse: a tres meses de su lanzamiento, Banco de Bilbao había emitido 742.000 tarjetas frente a una previsión inicial de 215.000. La mayor dificultad vino con la aceptación en los comercios hasta que, finalmente, 5.200 firmas se adhirieron a la nueva forma de pago, según recuerda Fernando de la Rica, director de medios de pago de particulares y transaccionalidad en España y Portugal, durante el encuentro celebrado a propósito en la sede del BBVA.
Hubo dificultades también en el proceso de pago. En los inicios, como el proceso no estaba automatizado, el comerciante debía llamar al centro autorizador. No obstante, este mecanismo generó 77 puestos de trabajo dedicados a cubrir los tres centros que existían entonces y que más adelante se ampliarían a 15.
Las oficinas, concrentradas en Bilbao, Madrid y Barcelona, a
tendían las altas de tarjetas y la liquidación de las operaciones realizadas. A finales de 1971 se abrieron más centros en Alicante, Almería, Baleares, Cádiz, Castellón, Sevilla, Tenerife o Zaragoza, entre otras.
Pero aún quedaba mucho camino: Era necesario informar en todos los rincones y, aunque no había televisiones en cada hogar, l
os recién llegados receptores eran idóneos para explicar mediante imágenes la nueva forma de pago bajo el lema: "Compre sin dinero".

Cinco años después se instauraron los primeros cajeros automáticos, -creados por John Shepherd-Barron para una oficina de Barclays en 1967
- conocidos como 'Bancos 24 horas' y la 'bacaladera'. Para entonces 3.000 comercios en Madrid ya contaban con este modelo como forma de pago opcional.
Entre 1971 y 1978, el Banco Bilbao emitió 4,4 millones de 'plásticos'. También completó más de 8 millones de transacciones y facturó alrededor de 23.000 millones de pesetas.
Y los ochenta llegaron con la primera Visa Oro de Europa en respuesta a las nuevas demandas de la clientela. Se ampliaba el límite de crédito (hasta 500.000 pesetas) con una cuota anual de 7.000 pesetas para la primera tarjeta. Se creó la asociación bancaria Servired en 1983, para permitir disponer de servicio en los cajeros y fue entonces cuando la 'bacaladera' quedó relegada por los nuevos mecanismos electrónicos.

Apareció también la primera tarjeta de débito (en 1985) que, si bien nació catorce años después de la de crédito, es la forma más extendida hasta la fecha en España, seguida de la tarjeta de marca compartida entre el BBV con Cruz Roja.
Con los noventa, la ya asentada forma de pago afianzó su clientela y mejoró su propio servicio. Nacía así la tarjeta 'Supercompra' para grandes adquisiciones, la tarjeta Business y la de prepago, hasta que a finales de la década, en 1999, Argentaria y el BBV se fusionaron para crear BBVA.
Y en el siglo XXI, los nuevos usos y necesidades empujaron al Grupo a experimentar con nuevos formatos: el teléfono móvil. Se ponen entonces los cimientos del pago a través del celular, pero la novedad, en 2007, carecía de soportes suficientemente sólidos y la aplicación quedó aparcada hasta nueva orden.
"El móvil ahora empieza a ser clave. Nosotros fuimos pioneros en utilizarlo para avisar al cliente con alertas de pago y así luchar contra el fraude, pero todavía está desarrollándose", advierte Juan de la Puerta, director de medios de pago y transnacionalidad de España y Portugal de BBVA. Aún así, continúa, "vendrá la convergencia y el plástico desaparecerá, aunque todavía queda tarjeta para rato: seremos testigos del desarrollo de las de prepago".
Así celebra el Grupo BBVA su visión de futuro. Incorporó la tarjeta de pago y ahora celebra su decisión a través de una campaña que recorrerá las principales ciudades del país. "El plástico revolucionará el comercio de pago", adelantó Cándido Urbano, director de la oficina del Banco de Bilbao en 1970 y pionero en introducir los plásticos entre las carteras de sus clientes. No le faltaba razón. Sin embargo Internet en el teléfono móvil demuestra que estos cuarenta años del 'plástico' han supuesto sólo la antesala de la nueva modalidad de pago: "el cliente elige y lo que desplace o rechace terminará desapareciendo", concluye De la Puerta.