Pocos quisieran ser brokers en estos días. Ayer se esperaba una sesión de infarto y no solo no decepcionó, sino que superó las expectativas. Por un lado,
Mario Draghi se quiso estrenar como presidente del Banco Central Europeo a lo grande
bajando los tipos de interés y, por otro, las presiones de Europa sobre Grecia surtieron efecto y el primer ministro heleno,
Yorgos Papandreu, hizo una carambola para
evitar el temido referéndum sobre las medidas de ajuste exigidas para recibir el segundo tramo de rescate.
Y por si la semana no hubiera venido lo suficientemente cargada de referencias, con una cumbre clave del G20 en la que el resto de las mayores economías del mundo
están apretando cada vez más fuerte a los europeos para que soluciones una crisis que comienza a contagiar más allá de las fronteras del Viejo Continente, la guinda viene en forma de dato de desempleo en Estados Unidos.
Para los mercados, el paro norteamericano es una de las citas más importantes del mes y en esta ocasión las expectativas son elevadas después de conocer que el sector privado creó 11.000 puestos de trabajo. De hecho, el dato fue tan bueno que contrarresto el efecto que las palabras del presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, hubieran tenido en condiciones normales en el mercado al rebajar en un punto porcentual su previsión de crecimiento para la economía de EEUU.
En cualquier caso, si hay algo que domina los mercados desde el pasado verano es la alta volatilidad que se va a seguir manteniendo. Ayer el Ibex logró recuperar los 8.700 puntos y vuelve a enfrentarse a la resistencia clave que tiene en los 8.800 después de perderlos el
martes por el pánico desatado ante el recrudecimiento de la crisis de deuda y el anuncio de una consulta pública en Grecia.