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@Vicente Varó .-Vicente Varó es el community manager de Unience, la red social de inversores reales. Casado y padre de una niña, este periodista especializado en finanzas ha trabajado en Expansión, Financial Times y elEconomista. Licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra, ha realizado el Programa Superior de Gestión de Carteras del Instituto de Empresa. Colabora como asesor en el Comité de Comunicación de EFPA España. Vicente hace pública la evolución diaria y la composición de su cartera real de acciones en Unience.
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@Vicente Varó - 12/04/2010 06:00h
A veces en el fútbol, un penalty no pitado a falta de cinco minutos a favor de un equipo se lleva toda la atención, mientras que un gol “legal” anulado al otro equipo en la primera parte pasa desapercibido, como pasó el jueves en el Atlético-Valencia. En los mercados suele ocurrir algo similar.
Todo el mundo se fija desde hace un año en la fuerte recuperación de las bolsas, y alerta de los peligros de las acciones, de si sus valoraciones están demasiado ajustadas. En cambio, muy pocos reparan en la otra cara de la moneda: la excesiva tranquilidad y complacencia que se da en la inversión en renta fija.
La diferencia relativa entre el dinero que entra en fondos de bonos frente a la que entra en productos de acciones en Estados Unidos se encuentra en el nivel más alto de las últimas tres décadas, según los datos recogidos en este análisis de Fidelity.
En los niveles en los que se encuentra esta relación sólo se ha visto una vez en la historia reciente de los mercados financieros, y fue al revés: es decir, primacía total de las acciones frente a los bonos. ¿Saben cuándo fue? A finales de los 90. Imagino que no es necesario recordar qué ocurrió en los años siguientes.
Las corrientes de dinero hacia la renta fija, que siguen marcando récords en el principio de 2010, parecen demostrar que los inversores han olvidado los riesgos que tiene este activo. El mercado se está acostumbrando a que se trata del refugio más seguro ante las incertidumbres de otros activos, cuando la realidad es que ahora tiene una doble amenaza: la inflación y la deflación.
Se ha generado la sensación de que nos quedaremos en este escenario, de bajo crecimiento y precios estables, durante mucho tiempo, y que por lo tanto no hay grandes amenazas a la vista. Y es cierto que la actitud de los bancos centrales refuerza estas tesis, con esa que han propagado de que los tipos estarán bajos el tiempo que haga falta.
Cuidado con esa sensación de control de la situación. Los puntos de giro suelen llegar por sorpresa, cuando nadie se lo espera y por donde nadie lo vislumbra. Bastará con un fuerte aumento de los precios durante un par de trimestres seguidos para que se desate una oleada de nervios y lo que parecía tranquilo hoy sea un manicomio mañana. O con una suspensión de pagos no prevista…
Puede que ocurra, puede que no, pero más vale estar prevenidos y desconfiar de la aparente seguridad que se respira en el ambiente de los bonos. Ya sabéis que cuanto más confía el pavo en su dueño, más cerca está el día en que le cortará la cabeza y le meterá en el horno.
Por cierto, si eso ocurre, no querrá decir que las bolsas se vayan a disparar necesariamente de nuevo, pero sí lo harán mejor que la deuda. Como decía el viernes patrimonioyfinanzas, estamos en tiempos de poner la atención en preservar el capital.
Yosi Truzman
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