@José I. Bescós - 01/03/2010 06:00h
Malos tiempos para la lírica, sí. Y para la épica. Y para la dramática. El triunfo de la novela sobre otros géneros primero, de la ficción cinematográfica después, y de la televisiva más tarde, ha acabado por dotar al lector/espectador de anticuerpos contra la suspensión del descreimiento. Ahora la esperanza del aprendiz a literato está, no en la ficción, sino en la facción, en la selección y dramatización de lo real, de los facts, en la creación de personajes, escenarios y nexos causales a partir de materiales percibidos como verídicos. El novelista de antaño se recicla en guionista de Gran Hermano, seleccionando las tomas y su orden para hacer de un pobre hombre un villano y de un patán un héroe. O en analista financiero.
Y es que los mercados posmodernos, como las tribus neolíticas, necesitan de historias que sacien la humana sed de certidumbre, que hagan de la casualidad, causalidad, y de una causalidad posible, una causalidad inevitable. Ayer, cantos mágicos, mixturas de hierbas y el espíritu de los búfalos encerrados en un dibujo en la roca. Hoy, conference calls con jefes de estrategia, beneficios operativos y modelos estadísticos de arbitraje. Y un cuento, un cuento enfrentado a otros cuentos, buscando la conquista del lector. Es ésta una lucha fundamental, pues quien consiga imponer su narrativa recibirá su recompensa cuando deshaga sus posiciones.
En estos momentos, sobre La cenicienta brasileña o El bernankillo valiente, el cuento de moda es el de Los tres cerditos soberanos. Ya saben, aquella historia del puerquito dubaití que se construyó una altísima casa de paja en el desierto y vino el lobo y sopló y sopló... Sí, ésa, la de los PIGS que se hicieron un euro de madera y ha venido el lobo y las paredes están temblando.
El impulso narrativo del cuento es bastante más sólido que las moradas porcinas. Hasta ahora está fundamentado en el estallido de burbujas inmobiliarias periféricas en un entorno de forzoso desapalancamiento y en el efecto del trasvase de riesgo desde los balances bancarios a las cuentas soberanas. Sin embargo, la correcta gradación climática que necesita cualquier cuento ya está pidiendo la preparación de un nuevo episodio. Así, tal vez después de la madera haya que pasar por una docena de materiales intermedios, como afirma Rogoff, pero en algún momento el lobo tendrá que enfrentarse al reto del ladrillo.
¿Dónde está ese tercer cerdito, la gran presa? Desde que se empezó a relatar la historia, antes de que el lobo hiciese su aparición, ya se nos recomendó que mirásemos hacia el este. Y ahora que el ávido lector necesita de una nueva dosis de suspense, las voces que avisan de que la fortaleza japonesa no es inexpugnable empiezan a hablar más alto y más claro.
Naturalmente, no se cuestiona (por ahora) la solvencia de un país cuyos ciudadanos atesoran $15.000 millones en ahorros, suficiente (por ahora) para financiar la inmensa mayoría de la enorme deuda pública japonesa. Lo que sí se apunta es a los efectos que sobre una economía que lleva dos décadas en recesión (permítanme los puristas la licencia generalizadora) y, sobre todo, sobre su divisa, sobre si puede tener un shock crediticio, un incremento repentino de los tipos a largo plazo derivado de un contagio del mal griego, transmitido por las agencias de rating en un entorno político inflamable.
Esas voces agoreras presentan un escenario suficientemente plausible, literariamente hablando, como para persuadir al lector/inversor entregado de que en la cotización del yen es donde se verán las orejas del lobo soplador a no mucho tardar.
A menos, claro, que alguien nos venga con un cuento alternativo que nos entretenga / asuste más que éste.
Buena semana a todos y tengan cuidado ahí fuera.
Opiniones de los lectores (2)
2.
nevski01/03/2010, 21:22 h.
Los pelos de punta. Pasear por el borde del abismo a oscuras a de jado de ser divertido [...y rentable]. Si los analistas financieros, los que nada temen, tienen tanto miedo,al menos habrá que proveer la despensa por si acaso.
De todos modos, el analista era ya bastante novelista en la vieja Ruta 6. Saludos.
1.
aguilaencina01/03/2010, 11:48 h.
Aquí hay tanto delincuente en despachos de madera y cuero que no tiene remedio. Son lobos disfrazados de corderos.
Esos traidores antipatriotas abrirán la puerta al Lobo para que se zampe al corderito español [por favor, no cerdo].
Final de la historia.
PD.recesiones como la japonesa quisiera yo para España.
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