déficit, PIB, entidades, endeudamiento
@Jesús Sánchez Quiñones - 16/02/2010 06:00h
Frecuentemente cuando se habla de las cuentas públicas de un Estado parece que los principios sobre los que se basan son difíciles de entender por el común de los mortales. Nada más lejos de la realidad. A la sostenibilidad de las cuentas públicas de un Estado se le pueden aplicar los mismos principios y criterios que a las cuentas de una empresa o de una familia. Por analogía, el análisis que es válido para las finanzas de una familia, es válido para una empresa y para un Estado.
Cualquier familia o empresa entiende que si sus cobros son inferiores a sus pagos, deberá pedir prestada la diferencia para cuadrar su déficit de caja. Del mismo modo, cualquier empresa es consciente que no es sostenible mantener de forma permanente un esquema en el que sus pagos (por gastos o inversiones) sean superiores a sus cobros (por ingresos o aportaciones de capital). De otro modo, según vaya aumentando año tras año su deuda, sus financiadores, previsiblemente entidades financieras, irán incrementando el tipo de interés que le soliciten por los préstamos otorgados.
En un escenario de reducción de los ingresos por la actual crisis económica, al incrementar la cantidad destina al pago de intereses, la empresa necesariamente deberá elegir entre dos opciones:
Si adicionalmente la financiación que ha recibido la empresa tiene vencimientos a corto plazo, la compañía, aun siendo muy solvente y con abundante patrimonio, puede encontrarse con un problema de iliquidez que le imposibilite hacer frente a sus pagos. Si en un determinado momento sus prestamistas deciden no incrementar el importe de los préstamos concedidos, la empresa deberá realizar un ajuste en sus gastos e inversiones para poder hacer frente a sus pagos. Cuanto más tiempo transcurra con la dinámica de aumento del endeudamiento mayor será el ajuste que tendrá que realizar. En esta situación, la propagación entre los acreedores de la percepción subjetiva de un posible problema futuro en la solvencia de la empresa puede ser letal para la compañía. Los acreedores, o no proporcionaran más créditos, o le incrementarán sensiblemente el tipo de interés haciendo más doloroso el necesario ajuste cuando finalmente se quiera afrontar.
Cualquier familia o empresa entiende que las deudas antes o después hay que pagarlas. También comprenden que nadie puede incrementar año tras año su nivel de endeudamiento. Llegará un momento en el sus acreedores dejarán de ampliarle la cantidad financiada y el necesario ajuste tendrá lugar. Estas premisas tan fácilmente entendibles en el caso de una economía familiar o de una empresa, deberían ser igual de comprensibles al hablar de la sostenibilidad de las cuentas públicas de un Estado.
Como Grecia acaba de comprobar, la pérdida de confianza entre los inversores puede autoalimentarse de forma súbita. El primer efecto es un fuerte incremento de los tipos de interés exigidos a Grecia, y por tanto un aumento considerable del pago de intereses. En una coyuntura de reducción de los ingresos fiscales por la crisis económica, Grecia tendrá que pedir más dinero prestado vía mayores emisiones de deuda, o reducir sensiblemente sus gastos e inversiones.
Si elige la primera opción los inversores cada vez solicitarán tipos de interés más elevados, hasta que llegue un momento en el que dejen de financiar al país por la inviabilidad de Grecia de hacer frente a sus compromisos. Si por el contrario, si elige la opción de reducir su déficit recortando drásticamente sus gastos, posiblemente suponga una situación muy dolorosa para la economía griega en el corto plazo. No obstante, cuanto antes afronte el problema menor será la intensidad del ajuste requerido. El anunciado rescate de Grecia sólo será oxígeno y no medicina curativa si no se acompaña de un plan plurianual que modifique la política de aumento del déficit año tras año.
Los mercados pueden ser a veces irracionales o exagerar las tendencias. Sin embargo, al menos en esta ocasión están poniendo sobre la mesa un problema de sostenibilidad de las cuentas públicas a largo plazo que hasta ahora nadie parecía ser consciente del mismo. Países como Irlanda, con peores cifras macroeconómicas que España, han entendido el mensaje de los mercados. Tras anunciar, y poner en práctica, un ambicioso plan de ajuste hace, se ha mantenido ajeno a las últimas turbulencias financieras, sin que los inversores hayan incrementado la percepción de riesgo sobre la deuda irlandesa. A la empresa endeudada no le queda más remedio que satisfacer las exigencias de los acreedores que la financian. A los países endeudados no les queda más remedio que satisfacer las exigencias de los inversores compradores de su deuda. Si no, dejarán de comprarla.
Opiniones de los lectores (1)
1.
M Sarachaga16/02/2010, 09:09 h.
Creo que el problema es algo más profundo que eso.
http://www.diarioliberal.com/DL_sarachaga.htm
Un saludo
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