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@Jesús Sánchez-Quiñones .-A través de este espacio, José Ignacio Bescós, que fuera fundador de Bescos.com; Jesús Sánchez Quiñones de Renta 4 y Ignacio R. Añino de M&G Investments, interpretan y comparten con ustedes, de lunes a miércoles, la Información a la que, por su Privilegiada posición en el mercado, tienen acceso. Este blog pretende ser, para todos los interesados en los mercados financieros, un lugar de encuentro cordial y debate intenso.

Jesús Sánchez-Quiñones  07/09/2010  06:00h

Los datos conocidos en las últimas semanas han inyectado un cierto optimismo a los mercados: el Banco Central Europeo aumenta la previsión de crecimiento de 2010; las cifras de creación de empleo en EEUU sorprenden al alza; las entidades financieras españolas colocan más de 9.000 millones en el mercado de bonos tras la publicación de resultados de los “test de estrés”; se reduce el riesgo soberano; los Estados, entre ellos España, colocan Deuda Pública a tipos cercanos a los de principio de año; pese a la ralentización del crecimiento en la segunda parte del año, se aleja el peligro de una nueva recesión (la temida W).

Siendo todos estos indicadores de corto plazo positivos, es recomendable realizar un análisis de más largo plazo y tener muy presente el nuevo escenario al que nos enfrentamos. De no ser así, los árboles, indicadores de corto plazo, no nos dejarían ver el bosque, problemas de medio y largo plazo que habrá que afrontar más pronto que tarde.

El crecimiento económico de los principales países occidentales sería casi inexistente sin el enorme volumen de estímulos fiscales (más gasto público) y monetarios (bajadas de tipos de interés e inyecciones de liquidez). Dichos estímulos, necesarios en un primer momento, situarán los niveles de Deuda Pública en los próximos años en niveles difícilmente manejables y son inmantenibles de forma permanente.

La retirada de los estímulos fiscales, la reducción de los elevados Déficit Públicos y la normalización de la política monetaria con tipos más elevados, serán una constante en los próximos ejercicios. La necesidad de reconducir los niveles alcanzados de Déficit Público y Deuda Pública, implicarán un recorte en el gasto público y en muchos casos un aumento de la presión fiscal, dificultando el crecimiento económico. Como consecuencia, las tasas de crecimiento de las economías occidentales (EEUU y sobre todo Europa), necesariamente serán débiles durante un elevado periodo de tiempo.

EEUU ha disfrutado de dos décadas consecutivas de un elevado crecimiento basado principalmente en un elevado endeudamiento de sus consumidores. Tras el estallido de la crisis financiera en 2007, los consumidores se encuentran en una fase de desapalancamiento, reduciendo sus deudas hacia niveles más sostenibles, en un escenario de fuerte caída de la valoración de sus activos financieros, de sus planes de pensiones y de sus activos inmobiliarios, con una creación de empleo que no consigue reducir la tasa de paro. En esta coyuntura es difícil esperar en el corto plazo que el consumo privado (dos tercios del PIB americano) vuelva a ser el motor de la economía.

La recesión sufrida en Europa, Japón y EEUU contrasta con el comportamiento de las economías emergentes de Asia y Latinoamérica, que disfrutan de un considerable crecimiento y unas saneadas cuentas públicas (38% de Deuda Pública sobre el PIB de media comparado con el 98% de los países desarrollados).

Al margen de los datos coyunturales, la recuperación económica en el mejor de los casos será lenta, implicará sacrificios y reformas impensables hace un par de años.

En este escenario, las empresas se enfrentan a mercados occidentales con muy bajo crecimiento, a consumidores cada vez más sensibles al precio y a un entorno enormemente competitivo. La única forma de crecer en estos mercados será robando cuota de mercado  a la competencia. Teniendo en cuenta que un elevado número de empresas ya ha realizado el ajuste de sus balances y disponen de niveles de “flujos de caja recurrentes” apreciables, sin duda asistiremos a un nuevo periodo de elevado número de operaciones de fusiones y adquisiciones. Algunas de las operaciones corporativas de este verano así lo ponen de manifiesto: OPA de BHP Billinton sobre Potash; Sanofi sobre Genzyme; lucha de HP y Dell por controlar 3PAR: compra de Burger King por 3G.

En conclusión, el previsible bajo crecimiento de occidente en los próximos años contrasta con el dinamismo de los países emergentes de Asia y Latinoamérica. En este escenario asistiremos a numerosas operaciones de fusiones y adquisiciones, bien para ganar cuota de mercado en los mercados maduros, o bien para adquirir una posición destacada en los mercados emergentes, tal y como ha puesto de manifiesto la operación de Telefónica sobre Vivo. 

Pese a la falta de expectativas de crecimiento de la economía, las valoraciones de muchas empresas cotizadas susceptibles de ser compradas posibilitan la consecución de importes plusvalías asumiendo un riesgo razonable desde las cotizaciones actuales. Como siempre, lo importante es la selección.

Jesús Sánchez-Quiñones es director general de Renta 4

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