Imaginen un restaurante con casi 100 platos en su carta menú elaborados con una amplia variedad de ingredientes. De todos los ingredientes utilizados cinco o seis de ellos pueden ser extremadamente tóxicos por encima de determinadas cantidades empleadas. El dueño del restaurante, los cocineros y los clientes saben a ciencia cierta que en algunos platos se ha empleado una cantidad de ingredientes tóxicos muy dañina para la salud.
Pese a que sólo un pequeño porcentaje de platos del menú pueden ser altamente perjudiciales para la salud, ¿comería usted en dicho restaurante sin que alguien le dijera con anterioridad que se han retirado los platos “tóxicos”? Salvo algún temerario amante del riesgo o jugador de la ruleta rusa, la respuesta es obvia: NO.
Además de realizar un completo análisis sobre la repercusión de la exposición al sector constructor y promotor del conjunto del sistema financiero, desmontando algunas ideas preconcebidas y erróneas sobre el particular, el discurso aporta datos interesantes sobre la heterogeneidad de las posiciones de entidades individuales frente al riesgo inmobiliario y constructor.
A modo de ejemplo:
- el porcentaje de exposición al sector constructor y de promoción inmobiliaria sobre el total del crédito concedido al sector privado oscila en las distintas entidades financieras entre el 6% y el 50%
- la ratio de préstamos dudosos del sector constructor y promotor varía entre el 2,3% y el 28% de unas entidades a otras
- alguna entidad financiara con exposición al sector en torno al 25% soporta una mora del 23%.
En la actual situación de incertidumbre sobre algunas entidades del sistema financiero, estos datos ponen de manifiesto la heterogeneidad entre las distintas entidades. Algunas están sensiblemente peor que otras en cuanto a daño sufrido y por la crisis inmobiliaria y su riesgo potencial. La medias aritméticas sirven para dar una visión global del sector, pero no son útiles para conocer la situación entidad a entidad.
Si sustituimos los ingredientes de los platos cocinados del restaurante del primer párrafo por los distintos créditos que tienen en sus balances las distintas entidades, y los clientes del restaurante por inversores que podrían financiar a las entidades financieras españolas, llegamos a la misma conclusión lógica que los clientes del restaurantes.
Lo mismo que los clientes del restaurantes dejarán de comer allí hasta que no se conozcan los ingredientes tóxicos, los inversores no confiarán en las entidades financieras en su conjunto hasta que no conozcan cuales son las que realmente tienen problemas y éstos se solventen.
De hecho para eso se creó el
FROB (Fondo de Reordenación Ordenada Bancaria), aunque su utilización se esté demorando más de la cuenta. Mientras esto no suceda, lo mismo que el restaurante ofrece muchos platos de su menú que no tienen ningún ingrediente tóxico pero que nadie los consume, las entidades sanas tendrán menos financiación y más cara por desconocerse si realmente tienen ingredientes tóxicos en su balance y en qué cuantía.
La ausencia de una reestructuración rápida y decidida de las entidades que lo necesiten está perjudicando a la totalidad del sector financiero. Cuanto antes se realice la reestructuración sectorial y el fortalecimiento de los balances de aquellas entidades en problemas, antes volverá la confianza al sector y con más facilidad volverá a fluir el crédito a la economía real.
Lo mismo que ninguna persona sensata comería en el restaurante del primer párrafo hasta conocer cuales son los platos tóxicos y los platos exentos de riesgo, los inversores y las propias entidades financieras no invertirán ni financiarán a entidades financieras que pudieran resultar tóxicas.
Urge acometer la reestructuración de las entidades con problemas. El conjunto de la economía lo agradecerá.