credibilidad, expectativas, cuentas públicas
@Jesús Sánchez Quiñones - 09/02/2010 06:00h
Numerosos comentaristas se asombran por el ataque a los activos españoles durante la semana pasada. Su principal argumentación para calificar de irracional la caída sufrida por los activos españoles reside en la mejor situación de partida de las cuentas públicas españolas comparadas con las de otras economías occidentales como Italia o Francia. España ha finalizado 2009 con un nivel de Deuda Pública sobre el PIB de apenas el 54%, muy lejos del 114% de Italia o del 74% de Francia.
Es innegable que la situación de partida de las cuentas públicas españolas es mucho más favorable que la otros miembros del euro que están padeciendo menos que nosotros. Sin embargo, los mercados, aunque no siempre sean racionales en el corto plazo, descuentan expectativas de futuro, y no sólo el presente.
En situaciones normales de mercado, tras la presentación de resultados de una empresa cotizada su cotización oscilará en función de si esos resultados son mejores o peores que las expectativas que los inversores tenían sobre los mismos. A modo de ejemplo, Nokia presentó hace dos semanas sus resultados correspondientes a 2009: las ventas habían bajado un 19% y el beneficio se redujo un 77% frente al año anterior. Aunque un observador podría decir que los resultados fueron objetivamente malos, la acción de Nokia llegó a subir un 14% el día de la presentación de los mismos. La clave estuvo en las expectativas que la propia compañía dio para el ejercicio 2010, muy superiores a las esperadas por los inversores. A efectos de la cotización de una empresa, el concepto “buenos o malos resultados” hay que establecerlo en comparación con las expectativas creadas. Las expectativas futuras ya están descontadas en el precio actual del activo. Cierto es que en ocasiones, como el viernes pasado con la presentación de los resultados del Banco Santander, el mercado hace caso omiso de las cifras de la empresa en cuestión, castigando a todo el mercado en general sin excesiva discriminación.
Los mercados financieros, al descontar expectativas, son muy sensibles respecto a la credibilidad de los emisores. Esto afecta también a los Estados que emiten Deuda. En el caso de España tiene especial relevancia, al mantener los inversores extranjeros más del 50% de la Deuda Pública viva. Un emisor que recurrentemente cumple las previsiones de futuro comunicadas al mercado, tendrá una credibilidad consolidada. Así, incluso en momentos complicados de mercado como los actuales, los inversores serán propensos a creer las expectativas comunicadas por el emisor. Afortunadamente encontramos muchos ejemplos de empresas cotizadas españolas con este perfil de credibilidad ganada a lo largo de los años. Por el contrario, aquellos emisores que repetidamente han facilitado al mercado una guía de su evolución futura, para luego incumplirla, carecen de credibilidad, y por tanto los inversores no se creerán las nuevas estimaciones de la compañía.
En un mercado abierto y globalizado, las autoridades españoles deben ser conscientes de que cualquier inversor puede elegir entre comprar Deuda Pública española o de cualquier otro país. Al igual que en el caso de las acciones, los inversores no sólo evaluarán la situación de partida de nuestras cuentas públicas, comparativamente mejores que las de muchos otros, sino también la previsible evolución de futuro.
La credibilidad cuesta mucho tiempo ganarla pero se puede perder en muy poco tiempo. Del cumplimiento de las expectativas creadas por las autoridades depende la evolución del diferencial de tipos de interés exigido a nuestra Deuda Pública. El mercado espera una concreción del recorte del déficit en 5.000 millones de euros que deberá ser anunciado antes de fin de mes y de los recortes adicionales de 27.000 millones de euros entre 2011 y 2013 antes de mayo. Serán dos exámenes con juicio severo por parte de los inversores. No desperdiciemos esta oportunidad de recuperar parte de la credibilidad perdida.
Jesús Sánchez-Quiñones, director general de Renta 4
Opiniones de los lectores (1)
1.
estrategias y tendencias09/02/2010, 08:12 h.
La credibilidad se recupera CAMBIANDO LAS PERSONAS.
La credibilidad se recupera haciendo un ajuste muy duro: reduciendo el déficit, tocando todo, salarios, gastos corrientes, autonomías y ayuntamientos...
La credibilidad se recupera cuando la corrección de los excesos se produce haciendo daño. Sino duelen las medidas de ajuste, no son suficientes. Y todavía no nos duelen.
La credibilidad se recupera reduciendo el exagerado ESTADO DEL BIENESTAR.
Y si no se recupera la credibilidad, nos vamos al hoyo.
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