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@Jesús Sánchez-Quiñones .-A través de este espacio, José Ignacio Bescós, que fuera fundador de Bescos.com; Jesús Sánchez Quiñones de Renta 4 y Ignacio R. Añino de M&G Investments, interpretan y comparten con ustedes, de lunes a miércoles, la Información a la que, por su Privilegiada posición en el mercado, tienen acceso. Este blog pretende ser, para todos los interesados en los mercados financieros, un lugar de encuentro cordial y debate intenso.
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Jesús Sánchez-Quiñones 05/04/2011 06:00h
Con tantas noticias sobre los fuertes ajustes financieros y sociales que se avecinan, se comienza a expresar por parte de ciertos sectores una cierta rebeldía a aceptar los ajustes. Son percibidos como una imposición de los “mercados” sobre el conjunto de la sociedad, sólo hay que ver las viñetas diarias de la prensa al respecto.
La explicación de la necesidad del ajuste, aun siendo sencilla desde un punto de vista numérico y económico, no es fácil de hacer entender. En el subconsciente colectivo todavía permanece la idea de que el Estado siempre paga. Pero el Estado, como cualquier familia o empresa, no puede gastar de forma permanente más de lo que ingresa. Coyunturalmente podrá hacerlo, pidiendo dinero prestado a terceros a través de la emisión de deuda pública. No obstante, cuanto mayor sea la deuda acumulada menos confianza tendrán nuestros prestamistas en nuestra capacidad de devolver las deudas; menos dinero adicional estarán dispuestos a prestarnos y mayor será el tipo de interés que nos exigirán por los nuevos préstamos o por la renovación de los existentes. Cuanto mayor sea el tipo de interés, mayor será el porcentaje de ingresos que el Estado tendrá que destinar al pago de intereses, y por tanto, menor la cantidad destinada a otros gastos, entre ellos los sociales.
A partir de cierto nivel, la deuda se convierte en un cáncer (John Mauldin). Quien lo haya padecido en un ser cercano conocerá lo doloroso y angustioso de la enfermedad y de su tratamiento. Cuanto más crece la deuda (el cáncer) más terrorífico se convierte, consumiendo incluso el cuerpo que lo acoge, en el caso de la deuda a través de la mayor carga de intereses.
El aumento de la edad de jubilación, la reforma de las pensiones que implica una reducción de la pensión media prevista, el copago en la sanidad, el copago en otros servicios o la reducción del número de trabajadores públicos, son medidas que ningún político desearía nunca tomar. Igualmente, nadie en su sano juicio introduciría en su cuerpo drogas que matasen sus propias células. Precisamente en eso consiste la quimioterapia. Cuando el principal objetivo es sobrevivir se es capaz de tomar decisiones y tratamientos que en ningún otro momento se estaría dispuesto a aceptar. Se aceptan los dolorosos y desagradables efectos secundarios de la quimioterapia a cambio de intentar sobrevivir.
Con la situación de las cuentas públicas ocurre algo similar. O se aplica un doloroso “tratamiento”, impensable en cualquier otro momento, o las personas e instituciones que han financiado y siguen financiando a la economía española dejarán de hacerlo. La principal consecuencia sería no poder devolver a su vencimiento las deudas ya contraídas, un parón de la financiación de la economía, una brutal subida de la tasa de paro, incluso superior a la actual, y una brusca caída del nivel de vida de la población.
Lo mismo que una familia cuyos ingresos han caído en un tercio o más, revisa todos sus gastos uno a uno analizando cuál es fundamental y cuál superfluo, el Estado debería hacer lo mismo. La decisión de “por dónde meter la tijera” habría de realizarse partiendo de un “presupuesto base cero”. Es decir, en lugar de partir del presupuesto del año anterior y aumentar y reducir las distintas partidas en un determinado porcentaje, se debería analizar lo esencial o superfluo de cada partida. Muchas de ellas desaparecerían por completo.
Con las medidas adoptadas hasta ahora España ha conseguido reducir su déficit público anual desde el 11% al 9,2%. Todavía hay que recortarlo hasta el 3% en 2013. Implica un ajuste adicional de más de 60.000 millones de euros. La tarea no es sencilla e implicará sacrificios del conjunto de la población. Las cuentas públicas están enfermas y necesitan un tratamiento de choque. No someterse al mismo equivale a hacer sonar la orquesta en la cubierta del Titanic. No soluciona nada, pero mientras suena todo parece más agradable.
11 .- #3 Se olvida Vd. del caso Rumasa, aunque un factor importante es que fué por chulería
10 .- #1 Para mi se trata de adelagazar el estado y las autonomías y separar lo privado de lo que debe ser aportado por el estado y por las autonomías. El resto viene solo.
9 .- Sr. Sanchez Quiñones: Desde "su" entidad Renta 4 asesoran sobre como pagar pocos impuestos a los que más dinero tienen. No me hable de cancer ni escriba demagogias, por favor.
8 .- #2 BIEN ESCRITO.
Abajo el fraude fiscal. No a los que se llevan el dinero a paraisos fiscales. Los bonus a tributar como es debido. Las SICAV
a extinguir.etc... Ya me entienden.
Simplemente que el capital tambien se sacrifique.O es que es inmune al cancer.
7 .- #4 Muy buena definición de cancer.
#1 Antes de quitar los viajes del inserso, que permiten que muchos hoteles sigan abiertos en invierno, produciendo trabajo y cotizaciones, sería mejor quitar la asignación que se les da a los partidos políticos, por ejemplo. Y coincido con usted, que hay que quitar "regalaciones", pero de otro tipo, como sanidad, justicia y educación gratis para todo dios, aunque no haya cotizado ni un día en su vida.
Nos están tomando el pelo, y encima estos periodistas les apoyan para poder seguir escribiendo. Me apuesto lo que queráis, que esos 60.000 millones, se podrían ahorrar suprimiendo los parlamentos provinciales. Eso si, no interesa, porque muchos políticos dejarían de robarnos, es mejor congelar pensiones y quitar derechos a los trabajadores.