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@J.I. Bescós .-A través de este espacio, José Ignacio Bescós, que fuera fundador de Bescos.com; Jesús Sánchez Quiñones de Renta 4 y Ignacio R. Añino de M&G Investments, interpretan y comparten con ustedes, de lunes a miércoles, la Información a la que, por su Privilegiada posición en el mercado, tienen acceso. Este blog pretende ser, para todos los interesados en los mercados financieros, un lugar de encuentro cordial y debate intenso.
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@J.I. Bescós 31/03/2011 06:00h
Más allá de mi papel de regular escribiente, soy sobre todo lector regular y antiguo de El Confidencial. A estas páginas se han asomado alguna de las mejores plumas del país. Aunque dado mi generoso contorno casi la llenaría, no voy a meterme en camisa de once varas. Déjenme sólo decir que echo mucho de menos a las plumas que ya no se asoman, pero que encuentro consuelo en las que se siguen asomando, que no son cualquier cosa. Sin dramas, sin a quién quieres más, a papá o a mamá, que ya tenemos suficiente con lo que tenemos.
Una de los columnistas a los que sigo con interés es José Antonio Zarzalejos, a veces compartiendo sus argumentos, otras no, pero siempre admirando estilo y talante. En su última columna, Zarzalejos se hace cruces sobre la poca difusión en España de “Inside Job”, documental en el que se rastrean los orígenes de la crisis en la desregulación financiera de los años anteriores. Se pregunta a qué se debe la sordina y no tiene respuestas. Permítanme aventurar una: el personal está hasta las narices.
En un mundo ideal, una crisis semejante habría tenido un efecto catártico en el ciudadano de a pie que no participó en los burbujeos, un efecto de purificación de sus bajas pasiones financieras tras presenciar el castigo a las de los que sí se beneficiaron. Para que tal catarsis se hubiera producido, el ciudadano no tendría que haber reclamado el castigo, sino condolerse de los castigados, en un necesario ejercicio de caridad. Pero, quizá, quien pudo imponer castigos no estaba por la labor. Son décadas de depreciación del capital intelectual y moral de las estructuras políticas y administrativas. Quienes debieron enfrentar a los culpables a su culpa ni quisieron (a menudo beneficiarios de los peligrosos inventos de los financieros creativos) ni pudieron (amedrentados por la oscura liturgia de la nueva iglesia de la economía matemática).
Por su parte, los responsables del desaguisado son incapaces de percibir su propia culpa. Hay golpecitos de pecho estratégicos, pero nada más. La Fukushima financiera se trata como un problema estrictamente técnico, de mala calibración de los modelos. Y no es una cuestión de mala fe. Banqueros, economistas y reguladores están convencidos de la necesidad de pasar por encima de cualquier consideración de riesgo moral y de libertad de mercado, igual que antaño lo estuvieron de la insensata hipótesis de las expectativas racionales y de la concepción del mercado como mecanismo económico de relojería (si no, ¿cómo es que los mismos bancos que titulizaban hipotecas subprime fueron víctimas de su caída al mantener grandes posiciones de esos instrumentos en sus balances?)
Hace unos días tenía la oportunidad de escuchar al responsable en el Banco de Inglaterra del programa de compra de activos (equivalente al quantitative easing de la Fed). Enfrente tenía a una de las grandes autoridades en modelización de las fricciones financieras. Cuando el regulador se jactaba de haber forzado a los inversores a abrazar activos de riesgo al reducir los tipos de interés reales, en una manipulación de precios destinada a penalizar precisamente a quien demostró mayor virtud durante los años previos a la crisis (quien ahorró) para beneficiar al pecador (quien se pasó pidiendo prestado), el insigne profesor asentía. Y ninguno de los estudiantes de economía de universidad de relumbrón que los escuchaba puso un pero. Habría resultado ridículo o, aún peor, blasfemo. No hay ética en la microeconomía, sólo maximización de funciones de utilidad, engendros matemáticos convenientes pero aterradoramente simplistas sobre los que se construye el sistema, en lo que es un problema de base antropológica de primera magnitud.
Impermeables los economistas y oportunistas los políticos, el ciudadano, con mayor sentido común que aquéllos, intuye que sólo una reparación moral evitará un nuevo “accidente” en el futuro. Entretiene la espera escuchando con estupor los planes de quienes fueron, en teoría, elegidos para defender sus intereses, y leyendo cada vez con más desgana las jeremiadas de agitadores apocalípticos que excitan las bajas pasiones (¡venganza, venganza!) del lector. Sí, también hay alguno de estos en El Confidencial.
Y llega un momento en que el ciudadano se cansa. Deja de escuchar, de leer y de ver documentales que le cuentan lo que ya sabe, y se debate entre dejarse llevar, subirse al carro de los pecadores o liarse a patadas con el mobiliario.
¿Algún filósofo de la economía en la sala? ¿Algún filósofo moral? ¿Algún antropólogo? Hablen más alto, que hay demasiado ruido y no se les oye. Y no queda mucho tiempo.
Buena semana a todos, y tengan cuidado ahí fuera.
11 .-
¿Qué se puede esperar de un mundo en el que se cede ciegamente su gobierno a grupos que acaban dirigiendo todo, pero TODO, de una manera en la que además de sustraerse a cualquier tipo de selección para sus integrantes [miento, se seleccionan por cabestrismo...], se blindan ante la mínima posibilidad de someterles a control, autootorgándose una Autoridad que no les corresponde...?
La respuesta es clara porque la estamos viendo: esa bazofia solo puede crear inmundicia. Mientras se siga permitiendo, la descomposición seguirá actuando...
10 .- El documental aporta constataciones de lo que algunos sospechaban: Que los mismos que causaron la crisis son los que ahora intentan arreglarla. Siguen en el poder, con suculentos pluses y pensiones millonarias esperándoles, mientras por su ineficacia y avaricia la gente pierde sus trabajos, sus ingresos y se ve condenada a la pobreza. Políticos, financieros, universidades y agencias de califación forman una red corrupta que nos muestra hasta que punto está podrido el sistema.
Hay quien cree que con una mejor legislación podrían corregirse estos abusos.
Yo creo que el problema es sistémico y que no se puede esperar más de un modelo económico basado en la avaricia sin control y el desprecio por la vida y el entorno.
9 .- #2 Buenas tardes Sr. Béscos,
Al no encontrar otro mejor, acabo de enviarle un correo a un buzón que versa en tiempos de descuento...
Un saludo.
8 .- El ciudadano de lo que está cansado es de ver altos cargos con paquetes salariales de millones de euros por ejercer un trabajo del que no se hacen responsables, culpando a la población y haciéndoles pagar a todos los ciudadanos todos los rescates que hagan falta para salvar la crisis.
El pueblo necesita toda la información, no quiere mas mentiras, y que los que han propiciado esta crisis y se han llevado millones de euros sean puestos ante la justicia... igual que cualquier ciudadano que se queda en paro y no puede pagar lo que debe.
"Se estrena el documental ganador del Oscar 2011, ‘Inside Job’, de Charles Ferguson y Audrey Marrs. La cinta refleja lo que nos ha llevado, a lo largo de la última década, a la crisis en la que nos vemos sumidos y de la que, cuando parecía que ya tendríamos que estar fuera, no hay atisbos de comenzar a salir.
‘Inside Job’ es un documental necesario, pues, aunque muchas de las cosas que contiene ya las conocíamos por otros medios, sirve para explicarlas de manera más clara y añade muchas que se desconocían."
http://www.blogdecine.com/criticas/inside-job-nada-aterra-mas-que-la-realidad-economica
7 .-
Que te cataloguen de filósofo o de sabio es cuestión de los demás...
Para comprender lo que está pasando hay que examinar la Humanidad en su conjunto, desde toda perspectiva...
Comprendiendo su dependencia de dogmas y paradigmas, es más fácil llegar a la conclusión de que ni uno estaba bien construido, pero para eso también hay que tener una capacidad mental que solo poseen una minoría humana, que conoce los mecanismos de funcionamiento del hombre a través del poder de sus grupos...
La solución: una nueva estructura, pues la anterior es víctima de sí misma.
Un abrazo.