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@José I. Bescós .-A través de este espacio, José Ignacio Bescós, que fuera fundador de Bescos.com; Jesús Sánchez Quiñones de Renta 4 y Ignacio R. Añino de M&G Investments, interpretan y comparten con ustedes, de lunes a miércoles, la Información a la que, por su Privilegiada posición en el mercado, tienen acceso. Este blog pretende ser, para todos los interesados en los mercados financieros, un lugar de encuentro cordial y debate intenso.
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José I. Bescós 27/01/2011 06:00h
Serán los tiempos, la relajación en las costumbres, o la telebasura, qué se yo. O será que me estoy haciendo viejo. El caso es que no puedo evitar
pensar que los políticos ya no son como antes. En lo que concierne a la España de nuestras entretelas sobran las quejas mediáticas sobre la falta de cimiento intelectual y educativo de la clase política, pero es que uno mira a Europa y no le mejora demasiado el ánimo. Entre los grandes, sólo Merkel parece poder optar a llenar el gran hueco que dejara Kohl. Menos cabe esperar del pintoresco anciano que llena sus días y sus noches jugando a papás y mamás con cortesanas exóticas; tampoco del pequeño emperador que, subido a los zancos de su ambición, se aupó a la presidencia de su república y al escote de su bella cantarina.y que ha mostrado un talento muy particular a la hora de dilapidar el capital político con el que llegó.
Eso sí, no será por inactividad, como otros que yo me sé. Otra cosa no, pero Monsieur le Président es un tipo eléctrico, siempre al acecho de oportunidades tácticas que le puedan presentar como un estadista de gran talla. A falta de rehenes que liberar de crueles zarpas de piratas, el héroe del Eliseo ha de conformarse con aprovechar que el Pisuerga pasa por Davos para darle un viaje a “los especuladores”, esos otros piratas sin rostro tan socorridos cuando toca poner posturitas de cara a la opinión pública. Esta vez se trata de los precios de los alimentos, disparados. Siempre teatral, se lleva Sarko las manos a la cabeza, como el jugador que quiere echarle al árbitro el público encima. Avisa de revueltas y penurias en los países más pobres y propone, cómo no, meterle mano a los mercados para corregir su voluble personalidad. ¡Vaya por Dios!, siempre se dan cuenta de la mucha volatilidad cuando los precios suben y no cuando bajan, momento de menor tribulación para hacer mudanza. Transparencia e impuestos sobre las transacciones, intervencionismo puro y duro, para corregir estos excesos

"¿Cómo se puede explicar que regulemos los mercados de dinero, pero no los de materias primas?", pregunta el bueno de Sarkozy para justificar las medidas propuestas. Y es una excelente pregunta, pues a lo mejor ahí está el problema, en una regulación de la madre de todos los mercados, el del dinero, donde se fija la unidad de medida y donde los gobiernos y bancos centrales son juez y parte, árbitro, jugador y dueño del balón.
Puede, y sólo puede, que si definimos los precios alimentarios en términos de “dinero no inflable”, obtengamos una foto de la situación muy distinta. Una foto como ésta

Si los pobres pudieran pagar su arroz con monedas de oro (extraño mundo ese en el que la masa monetaria no aumenta al son de la manivela de la impresora de billetes) ni habrían sufrido la mortal volatilidad de 2007 y 2010 ni habrían tenido que pagar precios estratosféricos por lo más esencial. De hecho, la cesta de la compra les estaría costando la mitad que hace una década. Toma ya posibilidades de desarrollo humano planetario. Pero no, los pobres pobres se están comiendo una subida de precios en vertical. Ya pasó en la segunda mitad de 2007, coincidiendo, mire usted, con la primera inyección masiva de liquidez con que los bancos centrales trataron de enfrentarse a la crisis crediticia que se les venía encima. ¿Qué le decía entonces Sarkozy a Trichet? Imprimez, nom de Dieux! No era difícil entonces prever que un chute de dinero en economías en las que se avecinaba un desapalancamiento brutal supondría fugas hacia mercados “reales” del dinero que ya no se prestaría en mercados domésticos. No es difícil ahora prever un impacto similar de los programas de flexibilización cuantitativa I, II, III y los que vengan.
No soy un idealista sin remedio, pero para mí que estas cosas no están bien. Entiendo (de aquella manera) los modelos económicos de ciclo crediticio y no odio a muerte a los banqueros centrales. Aún así, creo que esto es una señora jugarreta, y no de los especuladores, precisamente. Ahora bien, si lo que tiene que ser será, e igual que los civiles destripados en montañas lejanas, una legión de hambrientos se están ya constituyendo en víctimas colaterales en esta guerra de divisas termonuclear, lo menos que cabe pedir es que los artífices desvergonzados del asunto no pretendan estar de su lado.
Buena semana a todos, y tengan cuidado ahí fuera.
5 .- Sarkozy tiene muchos motivos para estar preocupado con el alza de los precios monetarios de los alimentos. Hace muy poco se llevó un buen susto con el derrocamiento de su protegido Ben Alí en Túnez [y lo que queda por venir...] cuyo detonante en última instancia fue la subida de precio del cous-cous.
4 .- Mis felicitaciones por el artículo. Podemos hacer un análisis similar con materias primas y energéticas, especialmente en tiempos de crisis, y veremos como las subidas de precios sostenidas y generalizadas responden siempre a estímulos de naturaleza monetaria.
3 .- Tres bien!!!
Recortá de regalo para el muchacho!!!
2 .- Je le félicite également, Monsieur Bescós. Merci.
1 .- Magnífico, Sr. Bescós
Y cambiando el numerador del ratio tendríamos la misma foto para las crisis petroleras de los 70.
Yosi Truzman
FACTOR TRUZMAN