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@Ángel Villarino (Beijing) - 05/04/2010 06:00h
Les propongo que se olviden un segundo del título de este “post” y resuelvan una breve adivinanza. Tienen que acertar el nombre de un lugar donde las fábricas no encuentran suficientes "currantes" dispuestos a partirse el espinazo, mientras millones de recién licenciados esperan su primer trabajo de brazos cruzados. No es Alemania. Tampoco Canadá. Ni siquiera Japón. Por raro que parezca, estamos hablando del país más poblado del mundo, de China, a cuya maquinaria industrial le van faltando brazos de un tiempo a esta parte.
A pesar de que los sueldos han crecido hasta un 30% desde que empezó el año del tigre en febrero, miles de empresas de las zonas más desarrolladas del país siguen sin encontrar obreros que hagan funcionar la “fábrica del mundo”. Cientos de miles se fueron a sus pueblos a celebrar el Año Nuevo y nunca regresaron.
Es cierto que los salarios siguen siendo bajos, pero las terribles escenas de explotación narradas hace quince años por los primeros reporteros occidentales que metían el hocico en las fábricas chinas son ya anécdotas del pasado o casos aislados. En Dongguan, una zona industrial que visité el verano pasado y de donde provienen algo así como el 70% de los juguetes que se venden en el mundo, las condiciones parecían aceptables. Allí los sueldos han subido un 25% desde 2008 y la paga media ronda los 1500 yuanes, unos 160 euros.
Quizá a usted 160 euros al mes les parezca una miseria, pero es casi la mitad de lo que cobra un profesor recién contratado en la Universidad Sun Yat Sen, una de las más prestigiosas de la región. Con la diferencia de que los obreros de Dongguan disponen además de una cama en dormitorios compartidos y tres comidas calientes al día, por lo que pueden ahorrar o mandar a casa su salario íntegro. Para atraer nuevos obreros, algunos empresarios (realmente desesperados por no echar a perder su cartera de clientes) además de subir los sueldos lo más posible, han hecho obras en los barracones. Algunos ofrecen incluso habitaciones individuales, aire acondicionado, salas recreativas, mesas de ping pong y una consola Play Station para todos, con cuatro mandos y muchos juegos.
Sigue faltando mano de obra
Ni con esas: en Guandong se calcula que faltan casi un millón de obreros. Y peor andan en la provincia de Zhejiang, donde hay 383 plazas disponibles por cada 100 personas que buscan trabajo. Es decir, parece que las manufactureras del sur de China son incapaces de seguir atrayendo mano de obra lo suficientemente barata como para competir con las regiones del interior o con países vecinos que, como Vietnam, han seguido su ejemplo para atraer inversiones extranjeras y crear su propio tejido industrial.
Razones hay muchas, pero una especialmente ilustrativa: los inmigrantes llegados de zonas rurales que desde hace 30 años se pegaban codazos para conseguir sitio en la cadena de montaje, ahora tienen otras posibilidades. Pueden, por ejemplo, buscar un trabajo en el sector servicios en las grandes ciudades, algo que quizá esté peor pagado pero que ofrece una vida menos monótona que la de la fábrica. Otros ni siquiera se plantean moverse de sus pueblos y ciudades natales, ya que la transformación de China y los esfuerzos de Pekín para limar las desigualdades geográficas han transportado las oportunidades hasta sus áreas de origen. En polvorientas zonas antes abandonadas a su suerte surgen ahora fábricas, industrias, talleres de formación profesional, hospitales, universidades... En definitiva, todo lo que buscaban en las zonas más desarrolladas del país.
Algunos expertos creen que se trata de un fenómeno temporal ligado a la inflación en las grandes ciudades y al arranque del nuevo año. Estos “negacionistas” aseguran que el país todavía tiene 100 millones de trabajadores en el campo que podrían adaptarse a la vida en la fábrica sin problemas. Pero muchos indicios les contradicen, como anota un reciente informe lanzado por la cámara de comercio de la China democrática, de Taiwán. Desde allí se alertó a mediados de marzo de que, de seguir así, la manufactura a bajo coste en la costa china dejará de ser competitiva y en unos años habrá que empezar a pensar en moverse a otro sitio.
Hormigas tituladas
Mientras todo esto ocurre, millones de recién licenciados se encuentran con un diploma bajo el brazo, un currículum vacío y ninguna expectativa de trabajo. En muchos casos la angustia va más allá de la desilusión de unas expectativas truncadas, ya que sus familias hicieron esfuerzos inauditos para mandar a sus hijos a la universidad. En ocasiones lo financiaron durmiendo año tras año en los barracones de las fábricas de las que hablábamos al principio, hipotecando sus tierras, o pidiendo créditos arriesgados que pensaban pagar con los primeros sueldos del niño. Ahora no saben qué hacer con ellos.
A los recién licenciados que viven en las grandes ciudades se les ha empezado a llamar “hormigas” por su triple faceta de frugales, trabajadores y apelmazados en pequeños espacios. Según una reciente investigación, su salario medio en Beijing es de 2150 yuanes al mes, unos 230 euros. Con esa cifra resulta realmente complicado vivir en la capital, donde la inflación galopante araña el bolsillo día tras día.
Lo cierto es que las universidades chinas “producen” más de seis millones de recién graduados al año, mientras que el mercado laboral apenas ofrece cuatro millones de puestos que requieren un diploma superior cada doce meses. De entre quienes consiguen un primer empleo, la mayoría obtiene salarios que rondan los 200 euros, siendo en ocasiones incluso más bajos que los de las fábricas. Sobran tantos y tienen tan pocos recursos que empiezan a ser comunes anuncios como el que sigue: “Ofrecemos trabajo a joven con formación universitaria para cuidar a nuestros dos preciosos perros. Seis días a la semana y posibilidad de dormir en casa. Salario: 1500 yuanes (160 euros)”.
Algunos analistas chinos aseguran que este tipo de transformaciones sociales son estructurales y que confirman el famoso cambio de modelo que predica el Gobierno: dejar atrás una sociedad volcada a la exportación de baratijas y levantar sobre los restos de las fábricas de camisetas una potencia económica equilibrada, con un mercado interno robusto. Se aferran a otra tendencia: la transformación de la balanza comercial. Según las previsiones estatales, marzo de 2010 será el primer mes en seis años en el que China va camino del déficit comercial, aunque se espera que sea un fenómeno pasajero. De lo contrario, si el gigante asiático es realmente capaz de importar tanto como exporta, entonces es que algo muy grande está pasando.
14 .- Como muy bien indica xorvo,
cuando 1300 millones de chinos trabajan por 200 euros al mes [o menos] ya nos podemos olvidar de la clase media europea o de USA. Al final, si a esa "deriva" le añadimos otros 1000 millones de la India, donde los sueldos son similares, la explotación infantil es la norma, etc. y unos empresarios y paises que llevan a sus industrias a esos "paraisos". En fin, ustedes mismos.
Es la mal llamada globalización.
13 .- #4 "¿Estamos ante la destrucción planificada de las clases medias?"
Evidentemente: sí.
12 .- "En Dongguan, una zona industrial que visité el verano pasado [...] las condiciones parecían aceptables."
Pues vaya usted a trabajar allí.
Si ni los campesinos pobres quieren trabajar en esas fábricas y prefieren volverse al campo, por algo será...
11 .- #2 Perdón, cosas de las prisas.
Le ruego me disculpe.
10 .- Este comentario ha sido eliminado por el moderador.
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