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China, un país de ‘casas de papel’
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China, un país de ‘casas de papel’

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@Ángel Villarino/Pekín .-(Guadalajara, 1980) es un periodista afincado en Pekín que trabaja desde hace cuatro años como corresponsal en Asia para varios medios de comunicación europeos y latinoamericanos. Sus constantes viajes le mantienen en contacto con la convulsa realidad de un continente que está experimentando la transformación económica y social más rápida de todos los tiempos. Con vocación panorámica, pero atento al detalle, este blog rastrea en primera persona tendencias e historias poco conocidas en España, desde los rascacielos de Hong Kong a los arrabales de Manila.

@Ángel Villarino/Pekín   29/01/2011  06:00h



El 27 de junio de 2009, a las cinco y media de la madrugada, el distrito Minhang de Shanghai sufrió una violenta sacudida. Los vecinos corrieron escaleras abajo pensando que se había desencadenado un terremoto. Pero cuando salieron a la calle se encontraron con algo mucho más sorprendente: un edificio de apartamentos de 13 plantas tumbado en el suelo como una ficha de dominó. Los cimientos estaban tan mal apuntalados que la torre había cedido a su propio peso pocas semanas después de que terminasen las obras. La fotografía de la “casa crujiente”, como se bautizó el despropósito, se ha convertido en una metáfora.

Ha pasado más de un año y medio y el “ladrillo” chino ocupa de nuevo portadas. La semana pasada, tras la publicación de los resultados económicos de 2010, algunos analistas volvieron a recordar que una parte del crecimiento a dos dígitos está sostenido por “casas de papel”: un sector marcado por la especulación, la corrupción y el pelotazo. Y si bien se ha escrito mucho sobre la supuesta “mega-burbuja” inmobiliaria que podría estar generándose, menos se ha dicho acerca de la corrupción y falta de garantías sobre las que se erige el nuevo skyline chino.  

“El Gobierno ha establecido muchas regulaciones en los últimos tiempos, pero el problema es que no se cumplen, porque el sistema para hacerlas efectivas es inadecuado. Casi todos los exámenes técnicos los hace gente a sueldo, o bajo soborno, de los propios constructores. Resultado: cada cual edifica como quiere”, nos asegura Zheng Fengtian, un profesor de la Universidad Renmin conocido por sus críticas al “ladrillo” y que no duda en utilizar en su discurso una imagen popular que identifica la consistencia de algunas viviendas con los restos desmigados que sobran al elaborar tofu (queso de soja), un ingrediente blando, que se desmorona con facilidad.

La opinión del académico coincide con la de un aparejador que trabaja para una de las principales constructoras chinas y que accede a hablar bajo condición de anonimato. En su opinión, la rentabilidad del sector está basada “en las relaciones y los sobornos”. El problema, dice, “es la depuración de responsabilidades”. Si se produce un accidente y ningún medio de comunicación hace público el escándalo, “la cosa tiende a resolverse por debajo de la mesa, con compensaciones o reparaciones. Eso si hay suerte”. Y aun cuando acaba en un periódico o web de influencia “sólo se castiga a trabajadores implicados en el proyecto, o a intermediarios. Es decir, los representantes del constructor van a la cárcel, pero nunca he oído que hayan encerrado a un constructor”.  

Oferta desmesurada, precios disparatados, calidad baja

A pesar de que hay cientos de edificios virtualmente vacíos en todas sus ciudades, en China se construye por todos lados, a todas horas, en un régimen de precios disparatado y sin que el cliente tenga gran oferta de créditos, de suerte que para los nuevos compradores resulta prácticamente imposible acceder a una vivienda. Beneficiado por la liquidez inyectada en los planes de estímulo de 2008 y por la idea de que se trata de una inversión perfecta, el ladrillo salpica espuma desde la cresta de la ola china. No es de extrañar que cinco de las diez empresas constructoras con más volumen de facturación mundial en 2010 fuesen de este país.

El profesor Zheng insiste: “Hay demasiados casos de edificios mal construidos, muchos escándalos. A veces se descubren los fallos con antelación, fallos peligrosos, y nadie rectifica para no asumir las culpas. Saben que aunque se agriete el edificio, al final no pasará nada”. También dice que el fraude abarca todo el proceso, desde la planificación a los cimientos, pasando por los materiales. “Se puede sobornar a alguien para que apruebe un proyecto con una serie de materiales. Después, se cambian por otros mucho más baratos y no pasa nada. Al final, la casa se vende muy cara, pero en realidad está hecha con un presupuesto mínimo”. 

“Otro problema es la rapidez con los que pretende levantar todo”, continúa Zheng, asegurando que las constructoras compiten para batir marcas, entre otras cosas porque sus clientes creen que la rapidez está relacionada con la tecnología utilizada. “En realidad, se está poniendo en compromiso la calidad. Por ejemplo, en los cimientos. Hacen falta como poco un par de días para solidificar, pero cada vez se cumple con menos frecuencia”.

Construir un edificio de quince plantas en seis días

 Para el Guinness de los récords queda el ejemplo ofrecido por Broad Sustainable Building, una constructora que se propuso el año pasado levantar un hotel de 15 plantas en seis días. Y al parecer lo hizo. El proceso fue grabado en vídeo, montado a cámara rápida y colgado en Internet, convirtiéndose inmediatamente en un éxito de visitas en Youtube. El hotel New Ark, realizado íntegramente con piezas prefabricadas, sigue de pié en la ciudad de Changsa, en el interior de China, a pocos kilómetros de donde nació Mao Zedong.



Otros escándalos rozan el surrealismo. En julio de 2009, después de una tormenta, un enorme edificio residencial edificado en Chengdu (Sichuan) empezó a temblar y fue inclinándose a la derecha hasta acabar apoyado en la torre vecina. Aunque la investigación oficial lo achacó a unas obras que se estaban produciendo al lado, los vecinos comisionaron un estudio independiente y llegaron a la conclusión de que, en realidad, el constructor había ahorrado costes no instalando el sistema de drenaje diseñado por los arquitectos. 

Aun con todo, las autoridades locales “certificaron” que la torre es segura, ya que se encuentra “establemente apoyada en el edificio de al lado”. Tampoco hubo indemnizaciones, ni se depuraron responsabilidades. Y aquellos vecinos que no pueden permitirse otra cosa, siguen viviendo ahí dentro. Pero es en el último episodio de esta historia donde se encuentra el destello más descarado y macabro de la corrupción china: dos meses después del susto, el complejo residencial donde se encuentra la “torre inclinada” recibió un premio público. “A su excelencia residencial”, según el fallo del jurado.  

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 6 Comentarios

6 .- China tiene un gran problema: Para mantener el Yuan bajo tiene que producir inflación.
Y esta inflación esta distorsionando su estructura productiva interna, creando una gran burbuja inmobiliaria.
Las autoridades chinas son conscientes de ello, pero lejos de revalorizar el Yuan están tomando medidas de segundo grado: Aumentar el coeficiente de caja y poner más trabas a la inversión inmobiliaria. Intentan paliar los síntomas, pero la verdadera enfermedad sigue su curso.
China tiene que revalorizar el Yuan -a costa de crecimiento- o se va a encontrar con una gran burbuja a punto de explotar.
Por cierto, cualquier cifra económica dada por ese gobierno tiene la fiabilidad de la propaganda.

Viernes

30/01/2011, 12:17 h.

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5 .- Pocos casos me parecen para generalizar, teniendo en cuenta que el año pasado, el 2010, se vendieron en China 1043 millones de metros cuadrados de edificios comerciales, habiéndose iniciado en ese mismo año la nueva construcción de 4055 millones de metros cuadrados. ¿Todo son casitas de papel?. Me parece demasiado dogma para tan poca anécdota.

hanwubai

30/01/2011, 08:37 h.

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4 .- Y es que en todos los lados cuecen habas.
¿no será que el problema somos los humanos?
La tentacion y posibilidad de amasar una fortuna es una ambicion muy,tambien, china.
En unos años no conoce China ni la madre que la parió. Si no, al tiempo.

viajero22

29/01/2011, 16:25 h.

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3 .- China, mejor dicho: La República Popular China [Taiwán, es otra cosa completamente distinta] es el país del todo a 100.

Es curioso, que algunas veces, algunos foristas, hayan hablado de la burbuja inmobiliaria en España, y hayan hablado de la decadencia del "capitalismo".

Bueno, China R.P, es una dictadura comunista. Una dictadura cruel y sangrienta. En la que por supuesto, no hay lugar para una sociedad civil libre, ni para el control de la socidad sobre el gobierno, ni para el Derecho o la seguridad jurídica, por ejemplo en estos temas... Todo es realizado bajo el control del Partido Comunista, y/o mediante los medios "laterales" [corrupción, soborno] que tal sistema establece para permitir saltarse incluso las normas "oficiales".

Recuerden, que el comunismo es la doctrina totalitaria, de la "doble verdad". Una cosa es lo que proclama, y otra lo que hace realmente....

Es así de claro.

Saludos

sertorio

29/01/2011, 12:07 h.

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2 .- Pues es a lo que vamos, ¿No es el pais del futuro? muchos directivos de empresas españolas lo ponen como ejemplo , a ellos los pondría a trabajar al estilo Chino cobrando lo mismo y teniendo la misma higiene y seguridad que las empresas chinas.

Tartarin de Tarascon

29/01/2011, 10:32 h.

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