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@Valle Avilés 16/02/2011 06:00h
Es el gran favorito, al menos, por el momento. Los analistas y la prensa internacional le sitúan en lo más alto de las quinielas para suceder al actual presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, después de que Axel Weber, el mandamás del Bundesbank alemán, sorprendiera a los mercados la semana pasada al anunciar que abandona la carrera presidencial y, también, su cargo en el banco central germano.
Mario Draghi, presidente del Banco de Italia, es, al contrario que Weber, conocido por seguir una línea de política monetaria más 'blanda' y moderada. El sucesor de Trichet, que ha abandonará su puesto en octubre tras ocho años en el cargo, no lo tendrá nada fácil, ya que se enfrentará al dilema de como contener la creciente inflación sin axfisiar a los países periféricos de la eurozona, atrapados todavía en la crisis de deuda soberana.
Draghi, 63 años, preside el banco central italiano y el Consejo de Estabilidad Financiera desde 2006. Además, es miembro del consejo de gobierno del Banco Central Europeo y del consejo directivo del Banco Internacional de Pagos. Licenciado en Economía por la Universidad de Roma y Doctor por el presitigioso Instituto Tecnológico de Massachusetts, fue vicepresidente y director general del banco estadounidense Goldman Sachs International desde 2002 hasta 2005 y ejerció como director del Tesoro italiano durante la década de los noventa.
De ser elegido, Draghi sería el primer italiano en acceder a la presidencia del BCE, después del francés Jean-Claude Trichet y del neerlandés Willem Frederik Duisenberg. Sin embargo, todavía planean ciertas sombras sobre la candidatura del italiano. Algunos analistas citan precisamente a su nacionalidad como una de las principales razones que podrían alejarle de la presidencia. Con la crisis de deuda aún lejos de acabar, hay quienes se muestran escépticos ante la posibilidad de que el BCE vaya a inclinarse hacia la periferia para la elección de su presidente. Otros analistas citan, también, su paso por Goldman como un inconveniente, ante la controvertida actuación del banco norteamericano durante la crisis financiera.