El año
2009 no pasará a la historia como un buen año, a menos que se refiera a la brillante y generalizada recuperación de los mercados bursátiles. Con contadas excepciones, entre ellas Japón, los importantes descensos de 2008 se tornaron ascensos, muy especialmente en mercados emergentes qu
e, si de forma general se revalorizaron un 70 por ciento, en los casos concretos de Brasil y China alcanzaron un 142 y un 125 por ciento respectivamente.
Un comportamiento que los fondos de inversión nacionales han acusado: la categoría de Renta Variable Internacional Emergentes cerraba el año con una rentabilidad de 72,70 por ciento, según VDOS, destacándose el área geográfica latinoamericana con el fondo cotizado ACCION FTSE LATIBEX BRASIL a la cabeza del ranking por rentabilidad, al revalorizarse un 123 por ciento. ¿Qué sucederá en 2010? ¿Viviremos una continuación de esta situación? ¿Continuarán los mercados emergentes su ascenso sostenido? Las previsiones del Fondo Monetario Internacional para la economía global parecen más optimistas de lo esperado.
Según declaraciones del primer subdirector general del Fondo Monetario Internacional John Lipsky, el pasado lunes día 4 de enero, este mayor optimismo, patente tanto en los datos económicos como en la evolución de los mercados financieros, se verá reflejado en la revisión de enero del Panorama Económico Mundial del FMI. De acuerdo con sus previsiones de octubre, la economía crecería en torno a un 3,10 por ciento durante el presente año, tras haberse contraído un 1,10 por ciento durante 2009.
En el caso de los países desarrollados la estimación de crecimiento es de 1,3 por ciento, mientras que los emergentes encabezarán la recuperación con un crecimiento esperado de 5,10 por ciento. Lipsky modera estas estimaciones con una nota de cautela, en cuanto a la salida de la recesión, refiriéndose a las altas tasas de desempleo y al todavía delicado estado de los sistemas financieros en las economías desarrolladas. Por estas razones aconseja a los gobiernos que mantengan las medidas de apoyo masivo durante 2010.La estimación es, por tanto, de un crecimiento desigual, con los mercados en desarrollo a la cabeza.
Unos mercados que, de forma general, han sufrido una mayor pérdida durante la crisis actual que durante la crisis asiática del 97, aunque menor de lo esperado y notablemente inferior a la caída del PIB mundial. También dispar ha sido el impacto en los diferentes países emergentes. Los menos afectados en esta crisis han sido países con una gran población, como China, India e Indonesia, que realmente no han llegado a entrar en recesión, sólo han ralentizado su crecimiento. Brasil y los tigres asiáticos, como menciona The Economist, redujeron su producción pero consiguieron rebotar, mientras que la economía mejicana acusaba su fuerte dependencia de Estados Unidos.
Los países de la Europa del Este fueron más duramente castigados que los asiáticos, al mismo tiempo que los países pobres africanos sufrieron más que los asiáticos de renta media.Un dato significativo, en cuanto al impacto de la crisis en la población mundial, es el incremento hasta 1.000 millones de la población hambrienta en el mundo, la cifra más alta desde 1970. A pesar de que los países en desarrollo han puesto en marcha vastos programas de ayuda, con ejemplos como Brasil -extendió la cobertura de su programa Bolsa de Familia a 12 millones de hogares- o India que amplió a todo el país su programa de empleo 100 días que garantiza empleo en obras públicas durante este número de días cada año para todos los hogares que lo deseen.
Las lúgubres previsiones sobre revueltas laborales en China fueron contrarrestadas con un enorme paquete de medidas de estímulo que consiguieron evitar un mayor índice de regreso al campo de la fuerza laboral, por medio de una importante inversión estatal en infraestructuras que generó empleo a tal ritmo que, hacia mediados de 2009, el índice de desempleo entre la población llegada del campo, se situaba en el 3 por ciento. Como reacción a una inferior demanda, se redujeron horarios y salarios, pero también beneficios, insistiéndose en condiciones laborales más flexibles. Una flexibilidad laboral en aras de un mayor índice de empleo, de difícil aplicación en muchos de los países desarrollados. Hay un aspecto, sin embargo, en el que los mercados en desarrollo no han mostrado gran clarividencia, no obstante.
Como en anteriores crisis, algunos han creído poder proteger sus economías con barreras arancelarias, una medida que, si bien puede rendir dividendos inmediatos, puede también suponer una obstáculo a un más rápido crecimiento futuro.Se espera también un crecimiento significativo durante este año en los países en desarrollo más avanzados de America Latina.
La estimación es de un 5 por ciento para Brasil, un 4,5 por ciento para Perú y, en el caso de Méjico y Colombia, en torno a 3,4 y 3 por ciento en cada caso.Una gestión conservadora de las finanzas públicas permitió ahorrar a partir del boom de materias primas que precedió a la recesión global, eliminando prácticamente el efecto debilitador de la depreciación de divisas, lo que permitió a los gobiernos recortes agresivos de tipos que contrarrestaron los efectos de la caída en la demanda.
Estas economías se benefician además de su creciente exposición a mercados emergentes asiáticos, con ejemplos como Chile, Perú y Brasil cuyas exportaciones hacia Asia continúan superando a las que tienen como destino Estados Unidos. Un factor de riesgo podría ser un exceso de flujo de capital externo que podría hacer descarrilar la naciente recuperación de las exportaciones si sus divisas resultaran sobrevaloradas.La locomotora económica cambia de localización. Una abundante población joven, deseosa de formar parte de una clase media creciente, será la fuerza impulsora de este motor que avanza sin los obstáculos y condicionantes de los países desarrollados.