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El primer ministro italiano, Silvio Berlusconi (d), y su ministro de Economía, Giulio Tremonti (EFE).
María Igartua
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30/05/2011 06:00h
Italia hasta hace dos semanas había sido el país más discreto de los llamados PIIGS (Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España) y no porque no se mereciera ser un miembro de honor entre los periféricos con problemas, teniendo en cuenta que registra la segunda mayor deuda pública después de Grecia. Eso ya se ha acabado: ha entrado por la puerta grande.
Cuándo estalló definitivamente la crisis de deuda soberana en Europa, eran pocos los analistas que centraban su atención en el territorio que preside Silvio Berlusconi, a pesar de que unos pocos ya alertaban sobre el importante ritmo de crecimiento de su deuda, la caída de la productividad, el estancamiento de su crecimiento económico y la contracción de la inversión.
Los inversores y prensa internacionales estaban tan ocupados haciendo quinielas sobre Grecia, Irlanda, Portugal –ya rescatados- y España que apenas se paraban en mirar hacia el país que ya antes de la entrada en el euro ostentaba unos niveles de deuda pública inasumibles.
Sin embargo, la semana pasada la agencia de calificación Standard & Poor´s daba la voz de alarma tras rebajar la perspectiva sobre la calificación del país de estable a negativa y la única forma que tiene de cumplir el famoso Pacto de Estabilidad europeo (60% de límite de endeudamiento) es reduciendo 46.000 millones de euro por año.
A pesar de que aparentemente la situación de Italia es mejor que la de sus compañeros de acrónimo, lo cierto es que el departamento de análisis de Goldman Sachs ha querido poner el acento en la importancia de lo que está ocurriendo. “Su deuda soberana juega un papel esencial en la determinación de si los problemas de la zona euro se podrán manejar”, aseguran en su último informe.
En este sentido, desde la firma destacan que hay cuatro factores clave para la economía italiana en la coyuntura actual. Por un lado, a pesar de que se esperaba ver una fuerte aceleración de su crecimiento en el primer trimestre del año, lo cierto es que su PIB avanzó sólo el 0,1%. Además, no hay confianza en la capacidad política del Gobierno para reanudar las reformas estructurales.
La situación del gobierno de Berlusconi es delicada. Después del castigo sufrido en la primera vuelta de las elecciones municipales, entre hoy y mañana se está decidiendo en las urnas algo más que el cambio político en las administraciones locales. Los ciudadanos dirán si ‘il cavalieri’ cuenta con el apoyo del pueblo para sus planes de reforma fiscal.
En este sentido, desde Goldman dan un voto de confianza. “En el lado positivo, la consolidación fiscal de los últimos años ha sido disciplinada, en parte gracias a reformas anteriores, que han puesto la deuda pública en una trayectoria a 50 años mucho más sostenible que en el caso de sus vecino”, asegura el informe.
En cuanto al sistema bancario, aunque muestra una sólida base de capital, su mayor exposición a la deuda soberana “podría jugar negativamente si los mercados optan por imponer mayores diferenciales.” La semana pasada, el diferencial del bono italiano a diez años con el bund alemán se situó en los 178 puntos básicos.
Pero “que los mercados sigan prestando a Italia, con una financiación suficiente, no sólo depende de los fundamentales macroeconómicos y fiscales” del país, explican los analistas de Goldman. “También hay factores fuera de su control como el apetito de los inversores por deuda europea”. De esta manera, entraría en la onda de contagio del resto de periféricos que se traduce en castigos en cadena cuando alguno de ellos provoca un nuevo shock al mercado.
A pesar de todo ello, desde Goldman Sachs defienden que “el peligro de una crisis en sus finanzas públicas es pequeño”. En primer lugar porque “Italia rara vez ha tenido una postura fiscal contracíclica en los malos tiempos”, mientras que durante las vacas gordas “siempre ha tenido la oportunidad de consolidar sus cuentas públicas”.
No sólo eso, para el banco de inversión los balances primarios se encuentran en terreno positivo –el ritmo endeudamiento del gobierno se redujo un punto porcentual al 4,6% del PIB; es poco probable que deuda se dispare; al ambicioso programa de estabilidad para 2011-2014 presentado en la UE se le van a sumar medidas adicionales, aumentando la disciplina fiscal; y las reformas llevadas en el pasado continúan ayudando a anclar la deuda pública.
2 .- #1 Efectivamente:
"En Italia la Deuda Publica es adquirida mayoritariamente por bancos italianos"
Lo que evita presiones de la UE [Alemanía y Francia principalmente] para proteger inversiones de "sus" bancos.
Y dos factores positivos más, el de sus cuentas públicas y un sector industrial de matriz propia, principalmente automovilístico, que proporciona empleo y recaudación fiscal.
Su desempleo es muy inferior al nuestro, entre 8,4-8,7%, menos gastos para el Estado en subsidios. También eso ayuda.
Lo que resulta inaguantable, visto desde fuera, no se en el interior, es la imágen pública/privada que Berlusco proyecta. No recuerdo a un personaje tan repulsivo en Europa Occidental en tropecientos años.
1 .- No hay peligro en Italia. En Italia la Deuda Publica es adquirida mayoritariamente por bancos italianos, es casi una tradición, así no hay problemas de colocación generalmente.
Además la estructura económica italiana es más exportadora y su potencia no está en un mercado inmobiliario que alimenta la demanda interna.
Italia fundamenta en grandes corporaciones económicas y miles de pequeñas empresas, esto hace que aunque hay mucho fraude fiscal, la recaudación fiscal es elevada y los costes sociales bajos al haber menos desempleo que en las otras naciones mediterránea.
En los últimos años había miedo en Italia al desarrollo de Irlanda o España, pero al final el modelo económico italiano, más tradicional creció menos en la buena época [qué salarios más bajos comparados con España] pero en crisis demuestra mayor solidez.
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