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@Fernando Suárez .-Fernando Suárez es economista y analista independiente. Desde este Teatro del Dinero pretende analizar, de modo académico y con su particular estilo, el devenir presente y futuro de la economía y las finanzas a nivel global, un escenario en el que, muchas veces, nada es lo que parece. O sí. Ocupen su localidad.
@Fernando Suárez 09/07/2010 06:00h
La reciente cumbre del G20 ha vuelto a convertirse, una vez más, en ese privilegiado escaparate desde el que seguir vendiendo confianza. Si el año pasado por estas fechas el G8 trataba de despacharnos un nuevo mundo feliz trufado de verdor y febriles papelillos, en esta ocasión, enfrentar de nuevo la cruda realidad sin pérdidas adicionales de credibilidad precisaba cocinar un mensaje de unidad en la desunión. La evidente divergencia entre actitudes y aptitudes, más allá de la tradicional photo opportunity e insufrible declaración final, terminaron por forzar un acuerdo vago e impreciso sobre la base del absoluto desacuerdo. Y tan contentos.
De las profundas diferencias puestas de manifiesto entre los big players, cabría destacar en primer lugar el aparente fracaso de la Administración USA en lograr su triple objetivo: obtener apoyo incondicional a la siniestra trilogía de tipos cero, estímulos, y deuda; acallar las invocaciones de Rusia y China para socavar el papel del dólar como divisa líder de reserva internacional; y concitar interés por la green economy como tabla de salvación e inédito gancho emocional para la redistribución de riqueza hacia países emergentes. Bluf. La búsqueda de cómplices que secunden a Bernanke & Co en su empeño de proporcionar otra ronda expansiva, de ésas que siempre terminan pagando contribuyentes y ahorradores, ha topado con la rotunda negativa del eje europeo, abonado sin remedio a una inaplazable austeridad fiscal, incluyendo, ahora sí, a Reino Unido. El vínculo transatlántico, en descubierto. El humo del fuego periférico, aventado desde la propia City y amenazando con volverse en contra, aconsejaba poner las barbas en remojo sin demora, sobre todo después de comprobar lo rápido que pasa el tiempo, y cuán peligrosa resultó la efímera estrategia sureña del ya lo pensaré mañana.
Por su parte, el anuncio chino previo a la cumbre respecto a la flotación del yuan, sin especificar en qué medida ni cuándo, conseguía liberar tensiones y evitaba convertirlo en frente común y chivo expiatorio sobre el que cargar las tintas. Además, el compromiso de relajar la presión en contra del exorbitante privilegio del dólar, atemperando las iniciativas en favor de una superdivisa que comprenda también al rublo, y las protestas salariales internas, de particular relevancia en subcontratas norteamericanas, parecen haber sido determinantes en la obtención de una inmediata recompensa. Sin embargo, la estrategia rusa de acudir a Toronto con el ambiente ya caldeado no ha pasado inadvertida, en especial a la hora de valorar esas curiosas casualidades que ocurren bajo la diplomacia de hamburguesa, con souvenirs de la guerra fría oportunamente servidos entre jugosos panecillos. Una cuestión que tiene más miga geopolítica de lo que pudiera parecer, a tenor de un eje geoestratégico que sigue desplazándose hacia el este en medio de una creciente inestabilidad, favoreciendo que los distintos acercamientos y disensiones de los principales actores devengan cada vez más explícitos, y la política de gestos ceda el paso a la de hechos consumados.
En todo caso, las vanas esperanzas puestas en China como motor del crecimiento global, pese a representar sólo el 6% de la economía mundial, fueron al parecer acreedoras de singular atención. Aunque las autoridades del gigante asiático están tratando de enfilar pista para un soft landing, antes de que presiones inflacionistas y salariales terminen por matar la gallina de los huevos de oro, el G20 estaría encantado de que se convirtiese en el epicentro del próximo boom, según dicen, sostenible y sin burbujas. No obstante, la enajenación mental inmobiliaria ya en marcha y la profunda metamorfosis social que lleva aparejada, unidas a una sobreinversión en infraestructuras, exceso de capacidad, y creciente degradación medioambiental, cercenan cualquier perspectiva optimista de un aterrizaje suave. La pregunta del millón sigue siendo si un menor crecimiento será aún suficiente para no poner en peligro empleo, posición fiscal, y estabilidad social, con todo lo que ello supondría, habida cuenta que la reciente apreciación del yuan y la promesa de una mayor flexibilidad futura atenúan los apremios cambiarios, redirigiendo el interés hacia el plano comercial y arancelario, con el aumento del proteccionismo como telón de fondo.
Pero es la súbita manía europea por la austeridad la que provoca una mayor controversia. El argumento básico es que, tratándose de recortes presupuestarios relativamente modestos, en torno al 1% del PIB esperado de la Eurozona en 2011, 0’2% del PIB mundial, quedarían descartados como culpables de devolvernos a una recesión a la que estaríamos abocados de todas formas, aunque ello no impedirá que al final sean señalados como su causa primordial. El desvanecimiento del espejismo económico actual aumentará el gap fiscal y el riesgo de default, cuya versión light vía inflación convertiría a la monetización en el recurso de primera instancia de la política monetaria, dado que, para entonces, la progresiva dificultad de recobrar el control de las finanzas públicas se habrá tornado en incapacidad permanente. En estos términos, los partidarios de la línea keynesiana, abanderados en torno a Krugman, tildan de paranoicos a quienes proclaman las serias implicaciones inflacionistas de la brecha fiscal, agrupados alrededor de Weber. Así, los krugmanitas cantan las excelencias de los continuos estímulos, prometiendo una tierra de leche y miel a los gobiernos que se avengan a políticas expansivas, mientras auguran el averno de la depresión deflacionista a aquellos locos que, pudiendo aún colocar su deuda, promuevan una consolidación presupuestaria que dificulte o paralice la recuperación.
Los weberianos, a su vez divididos en reticentes, abonados a la austeridad bien a su pesar, y voluntarios, convencidos abiertamente de sus bondades, aducen en cambio que son las políticas inflacionistas de los krugmanitas las que nos han traído hasta aquí, y que cuanto antes se detengan, mejor. Ambas posturas sólo coinciden en considerar que el dolor generado por sus respectivos recetarios resultará inferior que el del contrario, pero en todo caso supondrán sacrificios y sufrimiento intensos, incluyendo enormes costes políticos, capaces de romper la paz social e inclinar la balanza en función de criterios ajenos al sentido de Estado. ¿Solución? Obedecer los 10 mandamientos propuestos para conciliar ajustes fiscales, estabilidad financiera, y crecimiento económico. Un ejercicio de funambulismo que, a estas alturas, resulta difícil creer que pueda obrar milagros, pues la conversión a ese virtuosismo tampoco garantiza el camino hacia la nueva tierra prometida, si es que existe tal y como se vende...
PS: Disfruten del merecido descanso...
10 .- Yo no sé nada de economía. Iluso de mi, pensaba que leyendo a estos sabios bien informados de Cotizalia, aprendería algo. Y, al final todo se reduce a un debate de gallos con corbata en estos términos: dice uno "Ojo, que puede que sí" y contesta el otro, muy enfadado "En absoluto, en mi opinión puede que no". Wow!... Contundente ¿verdad?
Bueno, en mi opinión [y permítanme que les ahorre los farragosos análisis y estudios], puede que le den el Nobel de economía a unos o puede que se lo den a otros.
Nos enteraremos cuando caiga encima, y ni siquiera entonces los sabios se pondrán de acuerdo en la dirección desde donde nos llegó la tormenta.
Lo único claro es que estamos solos. Tremendamente. Lo que no nos curremos cada uno...
9 .- #8 No tiene sentido haber estado financiando el crecimiento chino, ojo 1200 millones de personas, para ir mundo de aranceles etc.. Me cuesta creer que toda la fiesta de integrar China en el mercado libre acabe asi. No porque quiera nadie ayudar a nadie, puro peso demografico, eso o ejercitos de ocupacion por todos lados.
USA ha financiado diferentes paises, pero dentro de la dinamica de la guerra fria: Corea S, Taiwan, Japon. Pero el escenario politico ha acabado.
La idea es equilibrar las rentas medias entre paises, primera vez en la historia moderna, ojo.
China ira a la venta paulatina de activos, salida en bolsa de HK, ira absorviendo capital por ahi, veremos esa transicion. Evidentemente cuanto mas se tarde en esa transicion mejor para ellos, pero USA/EU no dan para mas... mas tiempo peligraria realmente el negocio de los banqueros, y eso ya es sagrado.
China es muy debil, basta que salgan unas munyecas contaminadas con pesticidas y telefoneos defectuosos, una campanya contra las condiciones de vida, el tema tibet, corea de norte... tiene muchos flancos debiles propio de una gran nacion aplastada por su demografia. Pero eso es su fortaleza, la ironia de la vida...
8 .- #7 Los paises asiáticos han financiado historicamente su crecimiento a través del saldo de su balanza comercial y me da la impresión que no van a variar ni un ápice su política de divisas devaluadas. Hablamos de China, pero y Corea del sur, y el resto. Son paises muy proteccionistas, donde entrar va a ser muy complicado. Grandes inversiones en infraestructuras más que otra cosa.
Sudamérica, paises como Brasil, si pueden acometer más que consumo externo grandes inversiones en infraestructuras.
Creo que sólo el endeudamiento público de esto paises puede llevar a las grandes empresas de infraestructuras a sacar algo y las grandes compañías internacionales que todos conocemos. El resto muy complicado.
Creo que finalmente vencerá el proteccionismo por zonas económicas y Europa será una, Asia otra, América otra, y así.
7 .- #6 A mi tambien me cuesta creer, pero es la salida. No hay otra. El problema de empleo en EU/USA acabara siendo muy agudo y saldra a la palestra el problema real, la cesion de la produccion industrial a china. Y la poblacion querra que se imponga aranceles... etc...
Generalice con los paises que se van a endeudar, porque no tengo datos de cuales lo haran primero, y en que cantidad... Se pueden ir financiando via venta de activos, pero tendra que concederme que las desiquilibradas balanzas comerciales como las actuales no van a ningun sitio.
6 .- #4 Los mercados emergentes tirarán de consumo vía deuda? Ya que evitas los generalismos cada mercado emergente es un mundo igualmente.
Yo no lo creo. Si tirarán los de siempre en productos de marca y exclusivos un % minúsculo de la población. Lo que es tirar de la demanda global como lo hace EEUU o Europa, consumiendo una amplia parte de la población en los mercados emergentes vía deuda lo veo muy lejos.
Yosi Truzman
ANALISIS TÉCNICO