@Jesús Banegas - 12/03/2010 06:00h
Aunque España se encuentra retrasada en materia de innovación respecto a los países líderes, hemos avanzado bastante –aún con altibajos- en los últimos años, como ponen de manifiesto los siguientes hechos:
- Los gastos, tanto públicos como privados, en I+D han aumentado considerablemente, y en términos de porcentaje respecto al PIB comienzan a acercarse a la media de los países europeos.
- La investigación académica española ha espabilado tanto en los últimos años que nuestra producción de “papeles científicos” se sitúa –por primera vez en la historia- a la altura de nuestra riqueza.
- Un creciente, y ya un buen número, de empresas españolas exportan tecnología; y en ciertos ámbitos –el de las TIC y las energías sostenibles- con liderazgo mundial.
- La sociedad y, por tanto, la política se interesan cada vez más por la tecnología y la innovación; eso sí, ciclotímica y superficialmente. La tópica frase “que inventen ellos” ya ni siquiera es un chiste malo.
Todo lo dicho pone de manifiesto que los seres humanos –y por tanto los españoles- sólo dejan de conseguir lo que no persiguen. De ahí que cuando las circunstancias institucionales –políticas favorables y apertura al exterior- lo han permitido, la respuesta española ha sido muy positiva, aunque aún resulte insuficiente para estar satisfechos.
¿Qué deberíamos hacer ahora, en plena crisis económica, financiera y de confianza, en materia de innovación? La respuesta no puede ser otra que prestarle más atención que nunca; justamente lo contrario que está haciendo el Gobierno. ¿Pero de qué manera?
He aquí algunas respuestas:
1. Es necesario y perentorio no perder ni un minuto de tiempo en explotar económicamente las investigaciones académicas que tengan potencialidad comercial. Para ello deben establecerse mecanismos que incentiven la explotación económica de las innovaciones científicas; por ejemplo, vinculando el progreso en la carrera académica y la remuneración de los investigadores con el éxito económico de sus hallazgos. Por supuesto que la compatibilidad de la carrera académica con la función empresarial debe ser total.
2. De poco vale tener buenas ideas y vocaciones empresariales si no existen recursos con qué financiarlas. El mejor modo de afrontar esta carencia no es otro que el capital riesgo privado, ya que el público –CDTI, Innova, etc.- funciona bastante bien prestando dinero, pero es insuficientemente seguido por aquél. El remedio aquí es muy fácil: bastaría con que las inversiones en “nuevos proyectos tecnológicos innovadores” –certificados por una agencia pública, por ejemplo el CDTI- fuesen un gasto deducible en los impuestos de la renta –de personas físicas y sociedades- y las plusvalías estuviesen libres de impuestos. Para financiar este coste fiscal hay dónde elegir: desgravación de la vivienda, subvenciones a sectores periclitados –minería, agricultura, etc.- , cooperación internacional, etc. Si se diera una avalancha inversora en innovación, cabría ir reduciendo paulatinamente las facilidades fiscales originales.
3. El marco de relaciones laborales en las empresas innovadoras debiera estar liberado por completo de dependencia alguna de convenios sectoriales ni territoriales –salvo que fuesen voluntariamente asumidos- y los contratos de trabajo serían, naturalmente, fijos con indemnización por despido alineada con los países europeos con menor tasa de desempleo.
4. El ICEX debería ser dotado de un fondo especial –suficientemente dotado y obtenido de los cuantiosísimos recursos dedicados ahora a cooperación internacional- orientado a la promoción exterior de los productos y servicios de alto valor añadido made in Spain.
5. España debe, ya, establecer un marco fiscal óptimo –el mejor de la UE- para atraer inversiones tecnológicas extranjeras de alta intensidad innovadora asociadas a las nuevas olas tecnológicas; ahora, las redes de fibra óptica de nueva generación, amén de mantener y acrecentar las ya realizadas.
Podríamos seguir, pero con lo dicho bastaría –si se llevara a cabo, claro- para dinamizar en poco tiempo la economía española y sentar las bases del proceso de metamorfosis que haría posible, de verdad, una nueva economía sostenible en cuanto a crecimiento de la renta per cápita, ahora en triste y franca decadencia.
Opiniones de los lectores (3)
3.
Pangloss12/03/2010, 14:25 h.
¡Enhorabuena! Muchos venimos diciendo lo que decimos aunque en este "periódico" nos menten a la familia. La Confianza es motor de cualquier iniciativa. Sobre todo la empresarial. No es menos cierto que "confianza" sin recursos es posibilismo idealista. Sí, pasamos una de esas crisis "sistemáticas" que también son "cíclicas". Hoy malas prácticas financieras y bancarias nos ha traido a este punto ¡con retorno! Habrá que reorganizar "la venta de especulación y pelotazo". Tendremos que confiar más en los auténticos empresarios, que creo no están con Díaz Ferrán si no haciendo empresa, y no tanto en los "ganaduros". Oigan, sin ir más lejos, con un cambio climático que se muestra intratable habrá que ponerse las pilas. Rehabilitación y adaptación de viviendas, además de construir las justas. I+D+i en nuevas formas de energias y su adaptación al medio. Biomedicina. Nuevas tecnologías del agua y sus aplicaciones, casi nada! Y otros sectores que habrá que "asegurar". La "Industria del Turismo" ¡tremenda! ¿Creen que no depende también del "medio y el paisaje"? También impulsar el transporte por tren y las autopistas del mar, además de nuevas infraestructuras. No, cuanto peor no es mejor!
2.
huelegangas12/03/2010, 12:29 h.
Ayer asistí a la presentación del Plan de Innovación 2010 y ha cambiado bastante la idea del Micinn sobre que hacer. No queiren financiar ningún proyecto sin plan de negocio ya que se financiará todo principalmente con prestámos blandos y por lo tanto hay que devolverlos. Y además potenciaran su presencia en sociedades de capital riesgo.
Un gran paso hacía delante, al menos teóricamente, ya que en realidad del dinero dedicado al I+D+i por el gobierno, poco llega al sector ya que no se cumplen los presupuestos[son tan inútiles que no son ni capaces de darselo a sus amigos] y a final de año gran parte de esete dinero vuelve a la caja de hacienda. Y alas instituciones privadas sin ánimo de lucro dedicadas a la innovación las han sacado del circuito de financiación.
El único consuelo es que al menos conceptualmente vamos bien, que ya es algo, aunque no es suficiente.
1.
Dr. Aragonz12/03/2010, 08:55 h.
Como diría Groucho:
"Hemos corrido tanto en pos de nuestra ruina que no hemos podido parar al traspasar la meta..."
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