@Eladio Delgado - 26/03/2010 06:00h
No resulta fácil en nuestro tiempo, de aguda crisis económica, encontrar argumentos de ilusión y confianza en el presente inmediato.
Sin embargo, junto con los problemas que ensombrecen nuestra economía y estructuras productivas, con las gravísimas consecuencias sociales y de empleo que conllevan, emergen cada día con más claridad los cimientos visibles, sólidos y lúcidos de otra sociedad nueva, que nace imparable para sustituir a la, cada vez más agotada sociedad industrial que conocemos desde la revolución industrial: la Sociedad Digital.
Suele describirse esta nueva Sociedad Digital o Sociedad de la Información (tanto en su aplicación al mundo de la eficiencia empresarial, como a la mejora de nuestra calidad de vida o nuestro ocio), relacionada con las Tecnologías de la Información, con Internet, o con los servicios avanzados de telecomunicaciones fijas y móviles.
Si bien esas aplicaciones prácticas son las más visibles o inmediatamente reconocibles, no siempre lo son los efectos profundos de cambio social, antropológico y humanista, que bien lejos de conducir al cliché de una futura sociedad tecnócrata y deshumanizada, promueven el retorno a los mejores valores y logros que todos, como seres humanos, hemos ido alcanzando a lo largo de los siglos de nuestra evolución, a pesar de los momentos amargos de retroceso con guerras, calamidades o crisis económicas como la actual, donde estos efectos positivos de la Revolución Digital, no suelen ser notica de portada en los medios de comunicación; no suelen ser Primera Plana.
Sin embargo, en ocasiones, como hace unos días en Italia, esto ocurre.
Últimamente los medios de toda Europa se han hecho eco del acuerdo alcanzado estos días entre el Ministerio de Cultura italiano y la compañía estadounidense Google, para digitalizar obras de las Bibliotecas Nacionales de Roma y Florencia, alcanzando el acuerdo a más de un millón de libros antiguos italianos libres de derechos de autor, impresos entre 1700 y 1868.
La Biblioteca Nacional de Florencia exhibiría de ese modo digital, para todo el mundo, obras científicas del siglo XVIII, y la de Roma presentará textos, entre otros, de Kepler y Galileo Galilei. Como acertadamente comentaba al respecto el ministro de cultura italiano, la Biblioteca Universal imaginada por el escritor José Luis Borges podía empezar a ser una realidad.
El camino para llegar hasta aquí no ha sido ni fácil ni breve. Más de cinco siglo nos separan del momento en el que, en un pequeño taller de orfebrería de Estrasburgo, Gutenberg, ensamblando planchas de metal, ofreció la posibilidad de que la Información y el Conocimiento, pudieran comunicarse de forma masiva, cambiando para siempre la conciencia social, alentando y difundiendo educación y posibilidades para mucha gente en vez de para unos pocos, en una primera versión de la Sociedad de la información.
Cinco siglos separan ese momento del ya famoso artículo “Ser Digital”, que el reputado profesor del MIT, Nicholas Negroponte, publicaba hace ya más de 15 años en la revista Wired, y del que vemos como sus conclusiones y previsiones sobre la Sociedad Digital se hacen día a día realidad, incluso se superan.
Otro ejemplo palpable en ese mismo sentido de la trascendencia del cambio digital, lo encontramos en la Educación Digital, especialmente el ámbito escolar.
La educación escolar, un concepto tradicionalmente rígido en cuanto a su difusión, que precisaba de un horario escolar definido y de un aula física y presencial, comienza a convivir día a día con otra educación escolar y universitaria deslocalizada, que se ajusta a las circunstancias de la persona y del estudiante, para optimizar su tiempo y la organización de su vida, permitiendo el aprendizaje a distancia desde casa, promoviendo una auto-organización de los horarios de estudio y de su tiempo, y ayudando en última instancia a incorporar ese desarrollo de madurez personal y de auto-organización, tan necesaria para su vida futura como ser adulto.
Los materiales complementarios digitales de educación, nos ofrecen también la posibilidad de escuchar las clases y las lecciones contadas, relatadas, e incluyen cada vez más tutoriales y profesores virtuales para corregir y tutelar complejos problemas y ejercicios escolares de matemáticas, física o química.
Una educación basada en el bit (digital), frente a la basada en el átomo (libro de texto en papel) permite además enriquecer mucho más el proceso educativo, incorporando toda la gama de contenidos digitales multimedia a la enseñanza, con planes de las principales editoriales para desarrollar al respecto innovadores proyectos multimedia, que pudieran llegar a hacer pensar en poder incorporar, por ejemplo, los mismos efectos de software multimedia y de 3D que se utiliza en la industria del cine y de Hollywood para la recreación virtual de fluidos, a la recreación en el Atlas escolar de las mareas, los océanos y los ríos, o del sistema vascular y sanguíneo del cuerpo humano en los textos escolares.
Pues bien, toda esta revolución de la Cultura y la Educación Digital está ocurriendo ya, está ocurriendo ahora, aunque en el actual clima de profunda crisis económica, sus logros no se reflejen siempre como noticias en la Primera Plana de los medios. Afortunadamente, esta semana en Italia si lo son.
Una noticia, que según las estimaciones y conversaciones que los responsables de Google están teniendo estos meses, bien pronto podría ser también Primera Plana en otros países europeos, como España, por ejemplo.
Eladio Delgado, de AETIC
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