Se ha firmado el Acuerdo Económico y Social, lo cual me parece una muy buena noticia.
Muy buena, porque todo lo que sea llegar a acuerdos, negociando, sin hacer mucho ruido, me gusta. Lo mismo que no me gusta la bronca continua, aunque se haga mirando a la galería, para que los amigos aplaudan.
A Tom Burns, que escribe en Expansión, no le hace gracia que se hagan una foto poniendo las manitas unas encima de otras. Dice que “los asesores de imagen deberían eliminar esta muy vista y devaluada pose”. Por lo que se ve, estos señores sólo hacen lo que les dicen sus asesores de imagen, lo que debe ser aburridísimo y te debes sentir encorsetado, sin saber si la sonrisa que estás poniendo es la adecuada para el acontecimiento.
Pero me gusta lo del Acuerdo. Me gustará más dentro de unos meses, cuando comprobemos que ha servido para ayudar a las empresas a crear empleo. Digo “ayudar”, porque las que crean empleo son las empresas, no los acuerdos.
En la foto de las manos, me faltan manos. Me faltan, concretamente, 3 manos: una de D. Emilio Botín, otra de D. Francisco González y la de D. Isidro Fainé. No pongo la de D. Rodrigo Rato, porque me parece que ya tiene suficiente trabajo en casa como para ir haciéndose fotos con la manita extendida (parecería que pide ayuda al FROB).
Y digo que me faltan las manos de estos tres señores, porque me hubiera gustado mucho que el planteamiento hubiera sido:
- Yo, José Luis, que todavía ocupo el puesto de Presidente del Gobierno (a pesar de lo que afirman algunos maledicentes como Leopoldo Abadía, por ejemplo), digo que voy ayudar a las empresas.
- Yo, Valeriano, Ministro de Trabajo, digo lo mismo.
- Yo, Cándido y yo, Ignacio, que representamos a los afiliados a nuestros Sindicatos, decimos lo mismo, porque sabemos que si las empresas van bien, se animarán a contratar personas, que buena falta nos hace.
- Yo, Emilio; yo, Francisco; yo, Isidro, estamos aquí para que las empresas sepan que vamos a hacer lo posible y lo imposible para ayudarles. Que ya hemos despedido violentamente al ejecutivo que dijo aquello de “no tiraremos de la economía, sino que le acompañaremos en su crecimiento”, como si la economía fuera un ente abstracto que, de repente, dijera: “¡hala, a crecer!”
- Yo, Joan Rosell y yo, Jesús Terciado, que estamos aquí representando a las empresas, estamos contentísimos de oír lo que oímos y les decimos a todos que ese es el camino; que yo, Joan, estoy poniendo orden en la CEOE, que estaba un poco perdida y que, a partir de ahora, esto va ser Jauja, porque ya hemos encontrado el procedimiento para salir de esta: todos de acuerdo, todos tirando del carro .
D. Mariano no ha querido poner la mano en la foto por aquello de que la oposición está para oponerse. Pero no estamos para oposiciones de esas, D. Mariano, que Dª Angela se enfadará. Usted, a sacar adelante España, que, con lo tarde que se ha enterado D. José Luis, y con lo mal que lo ha hecho, seguramente tiene usted las elecciones en el bote. Cuando llegue a la Moncloa, ya hablaremos, porque tampoco con usted lo tengo demasiado claro.
Ahora andamos con lo de los salarios y la productividad. Parece de sentido común, porque, ligando los salarios al IPC, cuando sube el IPC suben los salarios y luego vuelve a subir el IPC porque tenemos perras y nos las gastamos. Y como ha subido el IPC, suben los salarios y resulta que, con este montaje, vamos a exportar y no podemos, porque otros lo hacen más barato.
Lo de la devaluación era un buen invento. Ahora, como no la podemos hacer (¡estos europeos!) hay que hacer devaluación interna, o sea, apretar en lo de la productividad.
Primero, habrá que saber qué es productividad. La Real Academia dice que es “la relación entre lo producido y los medios empleados”. Con lo cual, cuantos menos medios empleemos para producir más, mejor. Producir más quiere decir producir más unidades o producir pocas, pero tan buenas, tan novedosas y tan estupendas, que podamos vender más.
Con lo cual no se trata solo de trabajar más, sino de trabajar mejor y de inventar cosas que a la gente le gusten.
El otro día me reí mucho, leyendo a Clara Sanchis en La Vanguardia. Contaba que se había comprado una chaqueta y que, al llegar a casa, vio que tenía una etiqueta que decía que era una prenda “used”. Y que, como aclaración, el fabricante decía: “Used. Tratamiento que se da a una prenda por el que las irregularidades de color y de desgaste no deben tomarse como defecto, sino como un valor añadido a la prenda”.
O sea, ese señor ha añadido valor a la prenda (y, lógicamente, la ha subido de precio), a base de romperla un poco, ensuciarla otro poco y cambiarle el nombre, que pasa de ser “un asco de chaqueta” a “una chaqueta used”.
Aquí no ha hecho falta trabajar más horas, ni invertir en maquinaria, nada. Simplemente ha hecho falta que un señor inventara lo del “used” y que lo pusiera de moda. (Por lo que dice en su artículo, Clara Sanchis no se la compró porque fuera used. Se la compró porque le gustó y al final, no era used, sino una normal que se había colado como used y, como consecuencia, le había salido más cara.)
En esa empresa, han aumentado la productividad. Lógicamente, será bueno que los salarios aumenten con ese aumento de productividad.
En este sentido, Felipe González dijo el otro día que era partidario de ligar los salarios con la productividad, pero que para eso hace falta que haya transparencia en las empresas (estoy de acuerdo) de modo que las retribuciones sean mayores si los beneficios aumentan. (Frase incompleta, a la que hay que añadir: “y que las retribuciones sean menores si los beneficios disminuyen”).
Pues nada, que estamos en plena revolución, de las que a mí me gustan. Sigo diciendo que esto se mueve. Que esto de Europa cada vez me está gustando más. Que me está gustando lo del Gobierno europeo. Que me está gustando que desde Europa nos controlen los presupuestos. Que me está gustando que nos pongan un techo de gasto. Que me están gustando los eurobonos.
A la Sra. Merkel no le gustan y tiene razón, porque eso quiere decir que nos meterán a todos en el mismo saco, con lo que a ella es posible que el dinero le resulte más caro. Como no le gusta y los ve venir, dice: “¿queréis eurobonos? ¡Pues a ver si sois europeos, con todas sus consecuencias y dejáis de ser tan pueblerinos como lo sois ahora!”
Como consecuencia, que lo del repaso de cómo funcionan nuestras autonomías está al caer. Dicen que será la segunda Loapa. Podíamos llamarle ADSCALQP, o sea, “Aplicación del sentido común a lo que pasa”.
(Aunque el nombre no les gustase a los asesores de imagen.)
P.S.
He puesto que D. Cándido y D. Ignacio representan a los afiliados a sus Sindicatos, porque me parece que no representana muchos más.
He estado buscando el número de afilados y he visto que, ente los dos Sindicatos, tienen unos 2.500.000 de personas afiliadas.
Como la población activa en España es de 23.101.819 personas, resulta que D. Cándido y D. Ignacio representan al 10,82 % de esa población, o sea, menos de los que representa mi familia en san Quirico.
Me faltan las manos del 89,18 % restante, al que no representan esos señores. ¡Son muchas manos!
Para colmo, con la Sra. Merkel ha venido Michael Sommer, Presidente de la Confederación Alemana de Sindicatos, con 6.800.000 afiliados. A este señor, que podía haberse callado y simplemente sonreír a los periodistas, se le ha ocurrido hablar y ha dicho que “la fortaleza del sindicalismo alemán se debe a la independencia política que les confiere financiarse exclusivamente a través de sus afiliados”.
- ¡Ay, madre, la que se les viene encima a los Sres. Méndez y Fernández! Yo aprovecharía la oferta de Merkel y me iría buscando un empleo. En Alemania.