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Cuando los sindicalistas son niños y exigen derecho al trabajo

EFE - 04/10/2008 8: : 4:

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Álvaro Mellizo Lima, 4 oct (EFE).- Que el trabajo infantil es una lacra por erradicar parece una obviedad para todos, excepto para un grupo de niños trabajadores peruanos que desde hace 31 años claman por su derecho a un empleo digno como alternativa a la explotación laboral.

El Movimiento de Adolescentes y Niños Trabajadores Hijos de Obreros Cristianos (Manthoc) pugna con escasos medios por defender y promover los derechos de la niñez y una mejor calidad de vida para los trabajadores infantiles.

Por si esta fuera poca tarea, todo lo hacen de manera autónoma, organizados sin la participación de ningún adulto y asumiendo su política de exigir el reconocimiento del trabajo infantil como una actividad legal; eso sí, orientada a fomentar el desarrollo del niño y a no menoscabar su integridad.

Los miembros de Manthoc, de entre 6 y 18 años, se reúnen, eligen a sus líderes y realizan sus propuestas solos, empleando colaboradores adultos para labores administrativas y como "orientadores" en algunos temas, según explicó a Efe la delegada nacional de Manthoc, Fabiola Segura.

Con un discurso sorprendentemente sereno y estructurado para sus 17 años, Segura, que desde los nueve trabaja como panadera, artesana y vendedora callejera de dulces, identifica fácilmente el origen del problema: mientras haya pobreza, los niños tendrán que trabajar.

"Sin políticas alternativas y trabajos dignos, habrá chicos trabajadores explotados, y mientras los recursos no sean bien distribuidos, seguirá habiendo pobreza. La necesidad hace que entonces los menores trabajemos ilegalmente y es allí donde se tiene que intervenir", analizó la joven.

Desde su destartalada oficina en la barriada limeña de Ciudad de Dios que también hace las veces de escuela-taller para niños trabajadores, Segura explicó que el objetivo es superar una legislación que, por muy bien intencionada que sea, deja de lado una realidad social y cultural en la que los niños son parte del tejido productivo.

En la actualidad, la legislación peruana autoriza a emplear niños a partir de los 14 años, o desde los 12 en algunas excepciones, aunque diversas ONG estiman que los casi 2,5 millones de niños trabajadores de Perú comienzan a trabajar a edades aún más tempranas.

La solución para Manthoc pasa por defender unas condiciones dignas de trabajo y que su trabajo se valore, proteja y respete tal y como ellos hacen.

Porque pese a que sus trabajos muchas veces los obligan a no descansar, a perder horas de juego y diversión y a asumir responsabilidades muy por encima de su edad, estos niños se muestran orgullosos de colaborar con sus familias y ganarse su propio dinero.

Según explica Samuel Calderón, otro de los delegados nacionales de Manthoc, la diferencia entre su organización y otras que luchan contra esta lacra, es que éstas solo ven la explotación y el abuso y no consideran "las cosas positivas que dan otros trabajos".

"Yo trabajo en la bodega de mi casa desde los seis años, vendiendo mercadería, y es una forma de aprender, cada uno adquiere cosas de sus trabajos y desarrolla habilidades", afirmó Calderón.

Para Manthoc, la noción de trabajo digno pasa por diversas condiciones: que sea voluntario, que sea adecuado para la edad del niño y que permita al menor acudir a la escuela sin trabas hasta completar su formación.

Así, los chicos de Manthoc también ofrecen ayuda y formación a otros niños que viven en situación de explotación.

En sus minúsculos talleres, los casi 3.500 niños de la organización trabajan en condiciones dignas y reciben comida, ayuda escolar, asistencia psicológica y formación profesional mientras elaboran dulces, juguetes de madera o tarjetas de regalo que luego venden.

En sus actos, organización y políticas subyace en todo momento la idea de fondo que guía al Manthoc: dar poder a los niños y que estos tomen las riendas de su futuro y de las cosas que les afectan.

Como se lamenta Fabiola, "los políticos hacen leyes en principio para los chicos y que al final no nos favorecen en nada, y por eso queremos dar nuestra opinión".

En última instancia, lo que quieren es ser reconocidos como auténticos ciudadanos con capacidad de opinar, decidir e incidir en el cumplimiento y vigencia de sus derechos, incluido su derecho al trabajo. EFE amr/fjo/mm (foto)

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