Las aseguradoras confían en que salvarán la crisis actual igual de bien que la de 2001

Los vicepresidentes de la aseguradora Mapfre Domingo Sugranyes (i) y Alberto Manzano (Efe).
@Miguel Benito.- - 17/12/2007
El sector asegurador español confía en capear la crisis financiera actual igual de bien que sobrevivió a la de 2001. El comportamiento del seguro español en aquel momento fue excepcional: siguió adelante como si estuviera en una isla, mientras que el resto del sector se hundían en todo el mundo por el efecto del 11-S y de la tendencia bajista de la bolsa. Algo similar se plantea ante lo que, según parece, se avecina, con los problemas financieros derivados de las hipotecas subprime en EEUU.
Esta confianza se fundamenta en los beneficios y grandes reservas que las entidades aseguradoras con sede social en España han acumulado durante los últimos años. José Ruiz, consejero director general de Nacional de Reaseguros, lo exponía gráficamente en el último encuentro internacional de reaseguro celebrado en Madrid: “Pocas veces en nuestra historia hemos conocido una etapa tan prolongada de excelencia en términos combinados de crecimiento, resultados y solvencia”.
Los aseguradores españoles temen más la reducción de la capacidad de gasto de las familias, que afectaría a la contratación y renovación de primas, y a la ralentización de la economía, a la que invariablemente acompaña el seguro, que a la crisis subprime. De hecho, el impacto sobre sus carteras y provisiones es prácticamente nulo, según ponen de manifiesto tanto la patronal del seguro, Unespa, como la propia Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones, que a raíz de la crisis emitió un comunicado sobre el seguimiento que habían hecho a las entidades del sector.
La conclusión fue que, desde el punto de vista global, la crisis tenía “una incidencia prácticamente nula en el sector de seguros y fondos de pensiones” en España. Tan sólo 9 de un total de 302 aseguradoras autorizadas habían invertido pequeñas cantidades –que en ningún caso sobrepasaban el 1% de sus provisiones- en los fondos de inversión afectados. También 60 fondos de pensiones de un total de 1.340 habían tenido en sus carteras alguna participación en los fondos afectados, y procedieron a deshacer posiciones de forma inmediata.
Castigo exagerado en bolsa
Esta confianza hace que en el sector se considere absurdo que las dos sociedades cotizadas, Mapfre y Catalana Occidente, hayan visto caer sus cotizaciones de forma significativa en los últimos meses. Otra cosa es lo que está ocurriendo en el escenario internacional, donde hay entidades que actúan como condimento en todo tipo de guisos y, lógicamente, algunos le salen mal. Este es el caso de Swiss Re, segunda reaseguradora del mundo, que el pasado 19 de noviembre anunciaba unas fuertes provisiones como consecuencia de su exposición a activos subprime y de alto riesgo. Según calcula, tendrá que afrontar unas pérdidas de 1.200 millones de francos suizos (732,45 millones de euros).
Mapfre comunicó a principios de octubre que su cartera de inversiones era de elevada calidad, sin exposición alguna a riesgo subprime. También por esos días, Euler Hermes, primera aseguradora de crédito del mundo (Atradius es la segunda y será próximamente controlada por Catalana Occidente), advirtió del riesgo de contagio en distintos países europeos, como Reino Unido, Países Bajos, Irlanda y España, los tres primeros por contar con numerosas entidades financieras afectadas y, en el caso de España, por el gran número de hipotecas concedidas y las posibilidades de impago que pudieran surgir por parte de los hipotecados, ante un escenario de subida de tipos y crisis inmobiliaria generalizada.
Paul Springman, vicepresidente ejecutivo de Markel Corporation, manifestó hace unos días, al conmemorar el segundo año de presencia de esta aseguradora internacional en España, que el efecto psicológico de la crisis subprime está siendo mayor que el impacto económico real, que sólo se verá a largo plazo. En el caso del reaseguro, va a tener un impacto negativo en todo el mercado de Bermudas, un paraíso fiscal donde inversores americanos y británicos, principalmente, sitúan el epicentro de sus aseguradoras y reaseguradotas. Springman explicó que gran parte del capital que sustenta este mercado procede de las mismas entidades de crédito cuyos fondos se han visto atrapados por la crisis hipotecaria. Los inversores de Bermudas podrían verse obligados a vender activos, lo que provocaría menos capacidad para asumir riesgos por parte de este importante mercado.
A principios de noviembre, la agencia de calificación Standard & Poor’s manifestaba en un informe que “la sólida liquidez de las aseguradoras europeas les ha permitido mantenerse en un buen lugar tras las consecuencias de la creciente crisis crediticia”, y añadía que las tensiones de liquidez sólo suelen emerger como consecuencia de grandes catástrofes en bienes asegurados o en caso de elevados niveles de actividad en vida, lo que no se produce en estos momentos. S&P recordaba que, salvo algunos grupos con filiales de vida en EEUU, la exposición del seguro europeo a esta crisis es mínima.
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