
¿Cuándo y cómo acabará el petróleo?
@Rubén J. Lapetra - 30/06/2007
Sed de petróleo. Es una de las cuestiones más recurrentes en los mercados. Y lleva años siendo pasto de las especulaciones y teorías más extremas. ¿Cuándo se acabarán las reservas de crudo? Una pregunta que no tiene respuesta, pero al menos sí permite crear un horizonte temporal sobre el volumen de barriles disponibles en los miles de yacimientos de todo el mundo.
Según el último anuario de la energía, Statistical Review World Energy, que elabora cada año BP, las reservas disponibles bajo las cifras de consumo actuales se sitúan en torno a los 40 años. ¿Es mucho o poco? Básicamente es la misma cifra que, de media, se ha venido registrando desde 1982, según una estadística recogida en el estudio de BP. Es decir, desde hace más de dos décadas, el tiempo que nos queda para consumir petróleo sigue siendo el mismo, lo que barre de un plumazo algunas tesis apocalípticas sobre su fin.
El crudo sigue siendo una energía fósil y no renovable, es decir, que en algún momento se agotará. Sin embargo, el descubrimiento de yacimientos en cualquier parte del mundo renueva periódicamente el volumen disponible. ¿Tesis apocalípticas o preocupación razonable? En palabras de Alfredo Barrios, presidente de BP en España, el motivo por el que se elabora este informe de referencia es por la necesidad de tomar decisiones y realizar afirmaciones sobre datos, “y no sobre lo que la gente quiere creer”.
La situación actual del mercado del petróleo refleja que, en términos reales (una vez descontados los efectos de la inflación), los precios del crudo se encuentran todavía por debajo de las crisis energéticas de los años 70, las guerras mundiales o finales del siglo XIX. Sin embargo, en términos absolutos, el actual nivel es el más alto de todos los tiempos. El barril de Brent -la referencia europea- o el West Texas -la estadounidense-, se han multiplicado hasta por cuatro en apenas cinco años, pasando de poco más de 20 dólares a rozar los 80 durante el año pasado. Y en éste, a las puertas del verano, se han acomodado en los 70 dólares.
“El impacto de la subida del precio del petróleo se ha visto reflejado en una caída de 400.000 barriles por día (b/d) del consumo de petróleo en la OCDE, la caída más grande de esta agrupación desde hace más de 20 años”, señala el informe de BP, que revela un descenso global del consumo de energía por su fuerte encarecimiento. Entre los productores de la OPEP, las principales subidas vinieron de los Emiratos Árabes e Iraq, a la vez que descendieron en Arabia Saudí, Venezuela y Nigeria.
Crónica de una muerte
La producción de la OPEP fue de 300.000 barriles diarios (bd) en 2006, aunque este aumento fue menor que la mitad de la media de estos 10 años. La subida más importante vino por parte de Rusia, alrededor de 220.000 b/d, y Azerbaiyán, Angola y Canadá. La producción de petróleo bajó en el Reino Unido por séptimo año consecutivo, y en EEUU por sexto año consecutivo. Los países occidentales ven bajar sus capacidades de producir crudo, pero la aparición de nuevos jugadores permite compensar. Rusia, por ejemplo, se ha situado en los dos últimos ejercicios como el mayor productor del mundo por delante del histórico líder Arabia Saudí.
Esta perspectiva de generación de nuevos yacimientos permite mantener el optimismo sobre la pervivencia del crudo. Paradójicamente, también es posible gracias al actual nivel de precios. Esto consigue convertir en rentables yacimientos y clases de crudo que no lo eran, ni merecen la pena ser extraídos (por su baja calidad o dificultades que entraña sacarlos). Y es que alcanzar el umbral de la rentabilidad es básico para que una empresa se lance a las multimillonarias inversiones en maquinaria e instalaciones que requiere el negocio de sacar petróleo.
Sin embargo, existen otros motivos para vaticinar la muerte del oro negro. Provienen de los autoproclamados defensores del planeta, los verdes o ecologistas, y la cada vez más amplia base de las sociedades occidentales preocupada por el medio ambiente. La moda por la sostenibilidad ha sido una de sus consecuencias. Se culpa al petróleo y otros combustibles fósiles del deterioro de la atmósfera del mundo. No es por su carácter no renovable, sino por su esencia fósil, calorífica y emisora de CO2. De ahí el auge de nuevos combustibles como el bioetanol o del hidrógeno, que contaminan menos y emiten menos 'gases invernadero'.
El mundo volvió a consumir más energía que en el ejercicio precedente, pero el crecimiento se ralentizó hasta el 2,4%, ocho décimas menos que en 2005, según datos de BP. Los crecimientos más representativos en el consumo, y más intensos en las emisiones de carbono vinieron de los países ajenos a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Las emisiones de carbono, responsables del calentamiento global, podrían provocar una sustitución acelerada del crudo como fuente de energía de referencia. También del carbón, del gas… Un escenario quizá no muy lejano.
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