@Salvador Mas - 24/02/2010
Hace unos días me llamó un director de Banca Privada cliente nuestro y me citó en su despacho este próximo martes. El motivo: quiere dejar de informar el VaR en sus informes de cartera. “En los últimos tiempos, muchos clientes y asesores de esta entidad sienten que el VaR es una engañifa. Mejor lo quitamos y nos ahorramos líos. ¿No crees?” Aunque no es mi propósito ahorrarme la visita a este señor, escribo estas líneas y le voy adelantando lo que pienso. Vamos allá:
Aunque se haya tratado de señalar al VaR como a uno de los grandes culpables de la crisis financiera y hay muchos que lo quieren dar por muerto (por ejemplo, los amigos de gurusblog), creo que es una exageración más en estos tiempos de exageraciones. La culpa fue tanto del VaR como del chachachá. Si acaso la culpa fue del uso que se le dio (y aún se le da a menudo). O más que en su uso, en su abuso.
El VaR mide la pérdida que un activo o una cartera podría sufrir en un período y con un nivel de confianza dado. La ventaja reside de en su sencillez. Cuando en los 90 empezábamos a poder decir algo como “con un 99% de probabilidad, la cartera no caerá más de un 10%” una desconocida sensación de control se apoderó de casi todos: muchos gestores de carteras, los bancos, Wall Street e incluso el Comité de Supervisión de Basilea se rindieron al discreto encanto de estas matemáticas, que lo explicaban todo tan fácil, tan embriagadoramente...
Así pues, todo empezó a gravitar en torno al VaR que pronto pasó de medio a fin y de instrumento a objetivo por encima de la rentabilidad o de los fundamentales. Matemáticos, ingenieros y sus programas, alquimistas al poder: ni sabían, ni falta que les hacía, a qué se dedicaban las empresas en que invertían, porque en los precios (suelen decir ellos) está toda la información: basta con procesarla en la maquinita, le das aquí y te optimiza el VaR y “rebalancea”. Mira, mira.
Pero, pero, pero… “make everything as simple as possible, but no simpler”, dicen que dijo Einstein.
Por un lado, el VaR se abstiene de predecir qué pasaría si acontece ese 1% de probabilidad, ese cisne negro. “El VaR es como un airbag que funciona siempre bien, salvo cuando tienes un accidente”, es ya una antológica frase del brillante gestor David Einhorn.
El VaR adquirió tanta relevancia que había demasiado incentivo en manipularlo. Era la medida de todas las cosas. Y claro, llegaron las trampas. Especialmente en un ambiente tan fulero como el de los últimos años. Muchos gestores cuantitativos a los que pillaron con 'lehmanbrothers' en cartera el día de su quiebra tenían razón al excusarse en el hecho de que Lehman fuera triple A, porque de otra forma, no hubiera estado en cartera al no pasar un filtrado de base de datos, etcétera. Una gestión más “humana” hubiera vendido Lehman de saber que ese rating no era un indicador fiable. Pero el matemático no detectaba el ful porque lo suyo son las fórmulas, no el póker.
Y si hablamos de la introducción de otros activos en cartera que permiten manipular artificialmente la volatilidad, tipo estructurados, las trampas ya son al solitario: el VaR, que fue la medida de todas las cosas, perdió toda validez como referente.
De forma general, se sobrevaloró el riesgo de mercado (su volatilidad) y haciéndolo casi único, se infravaloraron otras fuentes del riesgo financiero, como el riesgo de crédito o el de liquidez (la posibilidad de que una de las partes del contrato no asuma sus obligaciones o simplemente que no puedan obtener la liquidez necesaria para ello).
¿Significa eso que hay que cargarse el VaR, tirar por la ventana esos programas informáticos en los que tanto hemos invertido? ¿Mandamos a los matemáticos del VaR al bar? Hombre, pues yo creo que no. El VaR sigue siendo una gran herramienta para la gestión si no se usa de manera “fundamentalista”. Aporta información relevante que hay que interpretar conociendo sus limitaciones y no confundamos los modelos matemáticos con la realidad.
De acuerdo, no pongamos la cartera a depender de la máquina (por muy listo que nos parezca el ingeniero o matemático). Pero no dejemos al gestor o al asesor sin máquina. Y comunicar el VaR al cliente claro que aporta valor, si se hace bien. Por ejemplo, como cliente no me gustaría demasiado oír: “hemos comprado este valor o tal otro porque reduce el VaR de la cartera”. Más bien: “lo hemos hecho porque creemos que es un buen valor. Y además, reduce el VaR de la cartera”. Pero sí que quiero saber el VaR, aunque sea de manera complementaria. Porque antes de eso, lo que más me importa es mi rentabilidad, que me digan, a poder ser en euros contantes y sonantes, cuánto gana (o cuánto pierde) mi cartera en un período dado. Y esa información, que sí es un mínimo exigible por cualquier cliente asesorado, sigue habiendo pocas entidades con capacidad de ofrecerla bien.
Si quieres más información sobre asesoramiento financiero, puedes seguir http://twitter.com/openfinance_es
Opiniones de los lectores (11)
11.
davidpolar24/02/2010, 21:53 h.
http://www.jjfranco.com/
10.
Darth Salocin24/02/2010, 21:24 h.
Señor Salvador:
El VaR es un camelo que sólo sirve para engañar a los clientes de las entidades financieras haciéndoles creer que toman menos riesgo del que realmente toman. Para ello, el gestor forma una cartera mezclando activos de riesgo con un comportamiento pasado que permite deducir baja o negativa correlación entre ellos.
MOTIVACIÓN: Sacar más comisiones de gestión al cliente. Las comisiones de gestión son mayores en los activos de riesgo.
¿POR QUÉ ES UN CAMELO?: Porque asume que los rendimientos de los activos siguen una distribución normal o gaussiana. Esto es cierto, según el teorema central del límite, siempre que el comportamiento de los inversores sea aleatorio e INDEPENDIENTE unos de otros. Habitualmente es así, pero en ocasiones se producen ataques de pánico y los inversores se comportan en función de lo que hacen otros inversores [se vende porque otros venden]. En tales casos la distribución deja de ser normal y puede pasar cualquier cosa: pérdidas brutales, quiebras de empresas que antes del pánico estaban saneadas, etc.
Por ese motivo es tan genial y exacta la analogía con el airbag que funciona salvo cuando hay un accidente.
¡¡FUERA EL VAR!!
¡¡VIVA EL BAR!!
9.
nologo24/02/2010, 19:47 h.
El mercado esta lleno de vendedores de alfombras, unos las embellecen diciendo que son gestion activa, otros que si el Alfa es lo que importa, hay quienes dicen que el VAR es el futuro pues se gestiona el riesgo e inviertes en tu tranquilidad....
Lo que esta clar es que:
En el mercado sobran vendedores de alfombras !
que me vende hoy Sr. Mas?
8.
josvazg24/02/2010, 16:53 h.
La Reserva Fraccionaria solo beneficia a los Banqueros y sus cómplices los Gobernantes, los que les concedieron la Bula de Apropiación indebida allá por el S.XIX
Deberíamos exigir a nuestros gobiernos [además de que nos bajen los impuestos] que persigan la Reserva Fraccionaria como lo que es, delito de APROPIACIÓN INDEBIDA. Así pueden cerrar los Bancos Centrales y dejar de fijar precios de los tipos una puñ.. vez... si fijar los precios de los bienes solo DA malos resultados, como narices no hemos aprendido que es nefasto con los tipos, que lo inflan todo desde ahí.
¿Como funcionarían los bancos entonces?
Pues como ahora, solo que a los depositantes se nos cobrarían un fijo o un porcentaje en concepto "de guarda o custodia y gastos fijos del banco" [por guardar nuestros ahorros] y se nos ofrecería darnos o pedirnos prestamos a un interés. El funcionamiento básico sería el mismo que ahora, el banco pide dinero a un interés y lo presta a otro mayor con una fecha de vencimiento anterior. Solo que sería cada cliente [y no el banco] quien decidiera si presta o no, si se conforma con prestar para pagarse los gastos de la cuenta, prefiere no arriesgarse nada, etc.
7.
josvazg24/02/2010, 16:42 h.
Ni VARs ni BARs ni matemáticas, ni leches ni que si la abuela fuma... dejen de violar a los depósitos y las matemáticas con la Reserva Fraccionaria y verán como las propias matematicas [y la economía] les garantizan que no habrá estos ciclos económicos tan penosos.
Sin Reserva Fraccinaria ni dinero fiduciario [imprimible por el estado a placer] cuando un mercado vaya mal, los inversores de ese mercado perderán o no ganaran lo previsto... pero no se caerá todo el sistema, porque no se perderán los ahorros de gente que NO haya invertido invertido en esos mercados o que no han invertido en nada y solo son depositantes. No habría inflación ni corridas bancarias.
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Acerca de...
Salvador Mas es Consejero Delegado de Openfinance (www.openfinance.es), desde donde colabora con numerosas entidades financieras en el desarrollo de sus proyectos de asesoramiento y gestión de carteras y clientes. Es licenciado en Económicas por la Universidad de Valencia y antes ha trabajado en empresas como Banco Urquijo, Invertia, Bankinter, Safei o La Caixa. Es autor del libro Servicios Financieros: la era del Cliente.
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