@Salvador Mas - 27/11/2009 06:00h
Un eufemismo es una palabra o expresión políticamente aceptable o menos ofensiva que sustituye a otra considerada vulgar, de mal gusto o tabú, que puede ofender o sugerir algo no placentero al oyente. En el sector financiero, la palabra “fusión” ha funcionado últimamente de maravilla como eufemismo. Las fusiones son promovidas como una especie de varita mágica para la solución de todos los problemas de las entidades. Es tan buena la sensación de fusionarse, da tanto gustito y resuelve tantos problemas, que a las que se decidan les daremos acceso al FROB, que es el acrónimo de un eufemismo largo: Fondo de Reordenación Ordenada Bancaria.
El eufemismo suele hacer olvidar la realidad que oculta, la acaba suplantando. En este caso, puede ocultar los verdaderos problemas para las entidades. Evidentemente para una entidad es clave la solvencia puesto que si no es solvente no va a poder seguir captando negocio y va a perder el que aún tiene. Por otro lado, la entidad solvente va a poder captar el negocio dejado por sus competidores zombies, que van a ir quedando fuera de mercado, aunque sigan existiendo. Hay una oportunidad muy grande en no acabar siendo un zombie, puesto que va a haber menos players en el mercado.
En cualquier caso, lo que está claro desde el lado de la demanda, el negocio total ha caído dramáticamente. Y hay un exceso de capacidad instalada. Además de ser más escaso, cambia cualitativamente: va a ser distinto y requiere una propuesta de valor al cliente distinta. Por poner un ejemplo positivo de esto, se me ocurre el innovador modelo de banca cívica de CAN, ahora extendido a la caja tinerfeña a través de una fusión. Las entidades que no adapten sus modelos de negocio a la nueva realidad se convertirán más pronto que tarde, en zombies. No sólo basta con redimensionarse a la baja, se requiere un proceso de auténtica deconstrucción. Un reto duro pero muy bonito, por otro lado. Pensar que el primer paso para afrontar ese reto es, por defecto, fusionarse, así sin más, es un grave error. Incluso aun siendo necesaria esa fusión.
La gestión de las fusiones normalmente hace más complejo tomar decisiones de negocio estratégicas. Ya se sabe que 3 de cada 4 fusiones suelen destruir valor. ¡Y eso sin necesidad de políticos por medio y normalmente sin hacerlas por obligación! Una fusión es muy complicada de llevar a cabo desde un punto de vista operativo: sindicatos, organizaciones, redes comerciales, sistemas informáticos,...,difícil además andar pensando en un cambio estratégico del modelo comercial. Como dice The Economist, los bancos podrían ver en las fusiones de las cajas catalanas (sin duda, necesarias) una oportunidad para penetrar en un mercado catalán en el que han tenido tradicionalmente poca presencia.
A veces es mejor no hacer nada que hacerlo mal. Evidentemente una fusión puede ser además de necesaria, beneficiosa, sobre todo en el caso de juntar a una entidad “mala” con una “buena”, asumiendo que se dan las circunstancias para que la buena mejore a la mala menos de lo que la mala empeora a
Peor efecto está teniendo la rumorología sobre fusiones. Estas expectativas de hipotéticas fusiones alimentan una parálisis que dura ya demasiado tiempo. Hay muchas decisiones que las entidades, una vez avistada la crisis, debían haber tomado en solitario desde hace ya más de un año, pero no se ponen como deberían, con la excusa de la espera de que les toquen con la varita mágica de una fusión. Por decir algo, se debía haber empezado a negociar con los sindicatos para afrontar esta crisis con seriedad. Por poner un ejemplo, durante los últimos años, una entidad que va a su bola como La Caixa, y pasa de fusiones, ha prejubilado discretamente a 2.500 empleados. Caixa Catalunya, a la espera de una fusión que aún no ha llegado, sólo a 300. La fusión de ésta con Manresa y Tarragona, ya se ha destapado con un plan de 1.400 prejubilaciones, pero con ruido de sables sindicalistas, pese a las despampanantes condiciones para los empleados que se acojan al plan. Y estamos hablando de Cataluña, que es el sitio donde más en serio se han tomado esto de la reordenación.
En definitiva, las fusiones no son el chocolate del loro, como algunos políticos, reguladores, consultores pretenden hacernos ver. Aunque puedan ser necesarias. Parece de sentido común que sea más fácil llevar a cabo un recorte de costes y una reorientación del negocio a solas que acompañado, incluso que bien acompañado. Es un momento de oportunidades para las entidades que puedan y sepan tomar la iniciativa, fusionadas o no. Enfocar exclusivamente las ayudas públicas y los estímulos hacia las entidades fusionadas puede ser un grave error estratégico.
En general, se ha perdido el tiempo en relación a otros sectores financieros, que, a base de tener derivados en sus balances, fueron más conscientes de lo peligrosamente que estaban viviendo de lo que se ha sido aquí. Mientras en EEUU y Europa se han intervenido 100 entidades aquí sólo ha caído una. Pero ahora vamos a contrapié y eso es malo en un mundo financiero tan globalizado.
Nuestra ventajosa situación de partida en la crisis puede acabar siendo una desventaja. Es aquello de cómo cocinar una rana: no la eches al agua hirviendo que saltará; métela en agua templada y sube el fuego lentamente, que la rana morirá casi placenteramente.
Opiniones de los lectores (2)
2.
soypintos27/11/2009, 20:27 h.
Considero que los políticos deberían de insistir en las fusiones de las cajas como única solución, y deberían privatizarlas, dejando que se caigan las que estén en coma.
No obstante, creo que no va a ser así, pues se les terminaría el pesebre que tienen y los créditos a los partidos que se quedan sin cobrar siempre. ¡Gorrones!
1.
maestroval27/11/2009, 15:10 h.
Efectivamente, la efectividad de las fusiones es más que dudosa, si además las van a decidir los políticos no se sabe en función de qué criterios [su propio benedicio obviamente] vamos apañados!!!
Maestro.
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Acerca de...
Salvador Mas es Consejero Delegado de Openfinance (www.openfinance.es), desde donde colabora con numerosas entidades financieras en el desarrollo de sus proyectos de asesoramiento y gestión de carteras y clientes. Es licenciado en Económicas por la Universidad de Valencia y antes ha trabajado en empresas como Banco Urquijo, Invertia, Bankinter, Safei o La Caixa. Es autor del libro Servicios Financieros: la era del Cliente.
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