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Principios de economía general para torpes (IV)
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Principios de economía general para torpes (IV)

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@José M. de la Viña .-A través de Apuntes de Enerconomía, José M. de la Viña, Dr. Ingeniero Naval, persigue transmitir sus experiencias y reflexiones sobre temas relacionados con la energía y el medio ambiente, sector en el que ha desarrollado gran parte de su carrera profesional. Informar, promover el debate, contribuir modestamente a que los lectores puedan forjarse sus propios puntos de vista y, de esta manera, ser entre todos capaces de construir un futuro mejor.

José M. de la Viña  10/05/2011  06:00h

Objetivo primordial del pensamiento económico venidero será calcular la actividad económica máxima, y de paso ambiental, capaz de ser generada por el ser humano en el planeta de una manera sostenida y sostenible, tal como hemos definido eltérmino, a través de los tiempos y las cambiantes circunstancias. La capacidad de crecimiento real a largo plazo de la economía mediante el desarrollo de la función de producción para un rango temporal suficientemente amplio. Su funcionamiento eficiente minimizando la utilización de los recursos y los desechos asociados generados en cada momento por cada transacción económica. Y sopesando cada incremento marginal de producción, junto con las consecuencias que se deriven de ello, con cada nuevo trato o negocio.

Para ello continuaremos necesitando imperiosamente y seguiremos utilizando los bienes puestos adisposición nuestra por la naturaleza, de los cuales vivimos y nos nutrimos. Y nuestra opulencia dependerá de su abundancia futura y del buen uso pasado.

De todos los recursos y materiales de que dispongamos en cada momento, previsiblemente menguantes con el tiempo salvo aventuras mineras galácticas o interplanetarias, transmutación de la materia o milagros de la genética; de la disponibilidad de energía, finita o no tanto; o del mantenimiento de la riqueza natural mediante la efectiva conservación de las especies y los espacios terrestres y marinos, hoy terriblemente amenazados.

Limitará, asimismo, el crecimiento económico, la capacidad del entorno de soportar las consecuencias de la actividad humana en cada momento en forma de emisiones a la atmósfera, de contaminación malsana cada día más insoportable, o de residuos cada vez más inmanejables a pesar del reciclaje, por fuerza siempre incompleto y entrópico.

Capacidad de crecimiento que será regulado en parte por el continuo cambio climático, bien sea de origenantropogénico o natural. En muchos lugares  catastróficamente y en otros ¿por qué no? demanera benigna. El cambio climático será tan solo factor más, aunque muy importante, que también limitará la capacidad de nuestros descendientes de poder generar actividad económica eficaz y por lo tanto bienestar para los suyos.

Ya que la actividad económica, las emisiones y la contaminación producidas hoy cercenarán previsiblemente, al paso que vamos, la capacidad de crecimiento, de desarrollo y el bienestar de los que vengan después. Y limitará el número de individuos capaces de habitar a la vez el planeta de manera decorosa.

Por todo ello,con el fin de empezar de una vez a ser conscientes de nuestros actos y de las consecuencias que ellos están produciendo, tendremos que ser capaces de valorar y de descontar adecuadamente la actividad económica presente y futura mediante herramientas matemáticas y criterios todavía por desarrollar.

Enterremos mitos

Comenzaremos enterrando dos dogmas de fe a día de hoy todavía grabados a fuego para el academicismo económico dominante. Mandamientos que nadie con los pies en el suelo, que trabaje en el mundo real y se dedique a explorar o tratar de domesticar humildemente (jamás de dominar, no seamos ilusos) la naturaleza, el mundo físico o biológico que nos envuelve, se traga.

El primero es acabar con el mito del productivismo y la sustitución eterna. Algo inviable porque la sustitución continua de unos recursos por otros según se vayan agotando, por obra y gracia de los avances tecnológicos, no será siempre posible. Ni la capacidad del planeta de soportar nuestros desmanes.

Según el pensamiento económico ortodoxo si un material o recurso de agota o desaparece, bien sea una especie pesquera o vegetal, una fuente energética o un mineral, los avances tecnológicos siempre nos permitirán encontrar a tiempo un sustituto. Son afirmaciones avaladas por estudios econométricos de escaso alcance temporal y sin validez científica más allá de un hipotético escenario teórico que habite un planeta infinito o con recursos abundantes, como pasaba hasta ahora. Pero nunca el mundo real. Estudios que en el mejor de los casos apenas cubren unas decenas de años y que no demuestran nada que no tenga un horizonte temporal muy próximo, por muy sofisticado que sea el aparato matemático con el que hayan sido perpetrados. Y por lo tanto inútiles para ayudar a vislumbrar y menos a encauzar el mundo que viene.

Georgescu-Roegen, antes matemático y estadístico que prominente economista, denunció ya hace más de medio siglo la sofisticada pero insustancial deriva hacia la que se dirigía la ciencia económica con sus hipótesis banales y con escaso rigor natural y científico. Y sus por entonces inaugurados desarrollos matemáticos kafkianos que todavía hoy se siguen aplicando. Denuncia que le costó, pagó por ser el más sabio y premonitorio, un amargo ostracismo inquisitorial al que le condenaron sus pares, que no querían escuchar nada que les incomodase ni sacase del limbo supuestamente científico que habitaban y en el cual todavía se encuentran. Un baldón del que, a pesar del tiempo transcurrido, no se ha redimido la comunidad económica científica.

El segundo es abandonar el mito de la invulnerabilidad de los avances de la ciencia. La idea de que el genio humano será siempre capaz, cual desencantamiento propio de fantásticos cuentos de hadas, de ir resolviendo los problemas según vayan apareciendo o el consumismo incontrolado los vaya creando. Falacia imposible ya que la tecnología es, y será siempre, producto del raciocinio humano. Y ya sabemos cómo se las gasta este a menudo.

Nunca llegarán los avances científicos a ser omnipotentes tal como rezan todavía los grandes gurúsdel gremio. Y menos esperar a que sean capaces de resolver de manera definitiva los desaguisados que pertinazmente creamos. Nuestra limitada inteligencia, que es el motor de los avances, no podrá llegar a tanto. Ni desarrollará la varita mágica de la sostenibilidad absoluta. Según el segundo principio de la Termodinámica no puede. Tan solo contribuirá algo si algún día se empeña enello.

Por tanto, deberemos poner de nuestra parte algo de racionalidad en el desarrollo de la actividad económica: en la utilización sensata de los recursos de la Tierra, en su aprovechamiento consciente, y en la valoración razonada de las consecuencias futuras de nuestra actividad económica presente ayudados por la función de producción (Q) y otras herramientas pendientes de desarrollar.

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 14 Comentarios

14 .- #13

Siguiendo su razonamiento: Si hasta la fecha no he muerto ¿significa eso que soy inmortal?

Como usted bien dice los recursos siempre han sido escasos. Entonces... ¿por qué ahora el colapso? Pues porque el pilar de nuestra civilización es el petróleo y hemos pasado su cénit de producción, con lo que ésta mengua cada día [la energía neta disminuye] y nuestra sociedad, basada en deuda y crecimiento exponencial, no puede seguir creciendo ni endeudándose.

Una pregunta: antes del uso intensivo del petróleo [fertilizantes, combustibles agrícolas, maquinaria, pesticidas] la población mundial se estimaba en 1000 millones. Tras un siglo de petróleo, la población ha subido a 7000 millones. ¿Cómo alimentaremos a esa población en unos años?

Angrodla

10/05/2011, 17:49 h.

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13 .- Uuy, que miedo. Arrepentíos, puesto que vais a perecer. En fin, erre que erre con lo de los recursos escasos y el apocalipsis. Los recursos han sido siempre escasos, y sin embargo hemos llegado hasta aquí. ¿Por qué es ahora el momento del colapso, y no antes? Supongo que como el fin del mundo no fue en 2000 [lástima], ahora toca el 2100.

Por lo demás, la raza humana no va a desaparecer por la falta de recursos "per se", pero el homo hispánico sí que las va a pasar canutas cuando lleguemos al colapso financiero que nos espera. Entonces sí que se va a acabar la fiesta de las renovables, de la triple administración y de la madre del nacionalismo. No es que lo desee, pero si la solución tiene que venir por ahí, bienvenida sea.

consultor

10/05/2011, 16:52 h.

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12 .- Creo #11 que confunde el subjuntivo por el imperativo.

De todas formas salga un poco más y verá mundo.

ricorico

10/05/2011, 15:49 h.

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11 .- #9

Desgraciadamente en España se respetan las leyes físicas de la termodinámica, así que lo de "la energía libre y gratis" va a estar un poco complicado.

Angrodla

10/05/2011, 13:11 h.

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10 .- #8 Efectivamente, como usted ha dicho, las renovables necesitan ser subvencionadas porque son dependientes de las fósiles [oil-extenders]. Pero en todo caso, hoy 10 de mayo de 2011 sólo producen el 20% de la electricidad en España y sin considerar la energía primaria.

Pero supongamos que sí, que las renovables + nucleares de algún modo pudieran sustituir al petróleo, ¿cuántos años tardaríamos en sustituir toda la flota automovilística y los tractores? ¿los aviones, los barcos? ¿cuántos años tardaría la industria en adaptarse? ¿Y los procesos productivos de fertilizantes, plásticos, fármacos, bienes de equipo, etc.? Lo malo es que el problema lo tenemos HOY y no podemos esperar 20 o 30 años. La transición debió haber empezado hace décadas, ahora ya sólo queda colapso.

Angrodla

10/05/2011, 13:08 h.

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